Frases de Amor Imposible ( 125 )
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Si vienes a casa, tráeme, amor mÃo, una luz y una ventana desde la que pueda ver la felicidad que bulle en la calle.
Forugh Farrojzad
La música es el corazón de la vida. Por ella habla el amor; sin ella no hay bien posible y con ella todo es hermoso.
Franz Liszt
Es imposible, en nuestro desdichado globo, que los hombres viviendo en sociedad no estén divididos en dos clases, la una de opresores y la otra de oprimidos; y estas dos se subdividen en mil y esas mil tienen aún matices diferentes.
Voltaire
Hay algo en mà que vibra al sonido de las palabras que me son familiares, que están hondamente arraigadas en lo más Ãntimo de mi ser; palabras que aprendà en mi niñez, que tienen el significado de cosas muy nuestras, imposible de transmitir.. El idioma, señores, es el español ... o mejor aún, el porteño. La pregunta: ¿me quieres? no contiene para mà la emoción que se vuelca en la misma pregunta porteña: ¿me querés? El pronombre vos, en lugar de tú; el verbo venà en lugar de ven... ¡Qué pena, amigos, que no pueda satisfacer sus deseos!, ¡yo sé cantar solamente en criollo!.
Carlos Gardel
Me Estás Enseñando
Me estás enseñando a amar.
Yo no sabÃa.
Amar es no pedir, es dar,
noche tras dÃa.
La Noche ama al DÃa, el claro
ama a la Oscura.
Qué amor tan perfecto y tan raro.
Tú mi ventura.
El DÃa a la Noche alza, besa
sólo un instante.
la Noche al DÃa -alba, promesa-
beso de amante.
Me estás enseñando a amar.
Yo no sabÃa.
Amar es no pedir, es dar.
Mi alma, vacÃa.
Me estás enseñando a amar.
Yo no sabÃa.
Amar es no pedir, es dar,
noche tras dÃa.
La Noche ama al DÃa, el claro
ama a la Oscura.
Qué amor tan perfecto y tan raro.
Tú mi ventura.
El DÃa a la Noche alza, besa
sólo un instante.
la Noche al DÃa -alba, promesa-
beso de amante.
Me estás enseñando a amar.
Yo no sabÃa.
Amar es no pedir, es dar.
Mi alma, vacÃa.
Gerardo Diego
O acaso cierta noche de amor y de locura yo vivÃa un ensueño y... y usted una aventura
José Angel Buesa
Ceniza
Solo aguas en tregua
nacidas para ser ceniza múltiple del viento.
Ya ves qué paradoja
amor, qué despropósito,
querÃa ser ave fénix,
amor, qué engaño,
qué fraude sustentaba mi proyecto,
querÃa volver como un corcel glorioso,
como un crepúsculo de llama
recurrente
y amanecer contigo en lo absoluto.
Me he muerto tan despacio como el humo
y mis alas de barro no sabÃan volar.
De "Un lugar para el fuego"
Solo aguas en tregua
nacidas para ser ceniza múltiple del viento.
Ya ves qué paradoja
amor, qué despropósito,
querÃa ser ave fénix,
amor, qué engaño,
qué fraude sustentaba mi proyecto,
querÃa volver como un corcel glorioso,
como un crepúsculo de llama
recurrente
y amanecer contigo en lo absoluto.
Me he muerto tan despacio como el humo
y mis alas de barro no sabÃan volar.
De "Un lugar para el fuego"
Amalia Iglesias
El Camino Cegado Por El Bosque
Créeme, no es piedad lo que siento por ti,
ahora que estoy lejos, sino un recuerdo herido.
Por ti y por el camino cegado por el bosque
que no pude seguir aquella noche joven,
perfumada y abierta como el cuerpo de un pino.
No es piedad, sino una sensación de fracaso,
de suave y entrañable dolor que nunca cesa.
Fuiste buena conmigo en mis dÃas de entonces:
me diste cuanto soy, este veneno dulce
que me impulsa a luchar contra el mar, contra el tiempo
y contra el mismo amor de los que bien me quieren.
No es piedad, aún te busco en la noche perfecta,
deseoso, sediento de tus colores ácidos,
de tus estrellas frÃas, de tus ramas y rÃos
helados tras los cielos del más hermoso invierno.
Te lo digo dolido y con los ojos húmedos,
aunque la mente esté segura, serenada:
no te pude tener más cerca, pues mis labios
llegaron a rozar tus nieves, tu horizonte.
No es piedad, créeme; solo sé que una tarde
avanzada, profunda, descendà de aquel monte
puro y purificado como un fuego de junio.
Creà volver a ti definitivamente
y me encontré el camino cegado por el bosque.
"Astrolabio" 1975 - 1979
Créeme, no es piedad lo que siento por ti,
ahora que estoy lejos, sino un recuerdo herido.
Por ti y por el camino cegado por el bosque
que no pude seguir aquella noche joven,
perfumada y abierta como el cuerpo de un pino.
No es piedad, sino una sensación de fracaso,
de suave y entrañable dolor que nunca cesa.
Fuiste buena conmigo en mis dÃas de entonces:
me diste cuanto soy, este veneno dulce
que me impulsa a luchar contra el mar, contra el tiempo
y contra el mismo amor de los que bien me quieren.
No es piedad, aún te busco en la noche perfecta,
deseoso, sediento de tus colores ácidos,
de tus estrellas frÃas, de tus ramas y rÃos
helados tras los cielos del más hermoso invierno.
Te lo digo dolido y con los ojos húmedos,
aunque la mente esté segura, serenada:
no te pude tener más cerca, pues mis labios
llegaron a rozar tus nieves, tu horizonte.
No es piedad, créeme; solo sé que una tarde
avanzada, profunda, descendà de aquel monte
puro y purificado como un fuego de junio.
Creà volver a ti definitivamente
y me encontré el camino cegado por el bosque.
"Astrolabio" 1975 - 1979
Antonio Colinas
Mi Cinturón Aprieta Tu Cintura...
Mi cinturón aprieta tu cintura,
y tu sonrisa, mi corazón.
Sobrevolamos las islas indecibles
ya nuestro paso las nubes se disipan.
¿Cómo regresar al beso y la armonÃa
sin que la respiración se entrecorte?
¿Cómo planear la noche compartida
después de tanta ausencia?
Solo el aire es aliado nuestro
porque nuestro deseo es de aire puro.
Cuando descendamos a la tierra
las alas deberán seguir batiendo:
el aire de las alas
es nuestro sostén único
y las alas del aire nuestro lecho.
Desembocan los rÃos en los mares azules
como en tu pecho desemboca el mar.
Abrázame en tus alas
para que otro aire no me roce
sino tu aliento, del que vivo y muero.
Bajo el cielo impalpable
hecho de luz y espera,
abrázame, amor mÃo, con tus alas.
Abrázame sobre la corrompida
ciudad sagrada de los hombres.
Mi cinturón aprieta tu cintura,
y tu sonrisa, mi corazón.
Sobrevolamos las islas indecibles
ya nuestro paso las nubes se disipan.
¿Cómo regresar al beso y la armonÃa
sin que la respiración se entrecorte?
¿Cómo planear la noche compartida
después de tanta ausencia?
Solo el aire es aliado nuestro
porque nuestro deseo es de aire puro.
Cuando descendamos a la tierra
las alas deberán seguir batiendo:
el aire de las alas
es nuestro sostén único
y las alas del aire nuestro lecho.
Desembocan los rÃos en los mares azules
como en tu pecho desemboca el mar.
Abrázame en tus alas
para que otro aire no me roce
sino tu aliento, del que vivo y muero.
Bajo el cielo impalpable
hecho de luz y espera,
abrázame, amor mÃo, con tus alas.
Abrázame sobre la corrompida
ciudad sagrada de los hombres.
Antonio Gala
Canción Nocturna 2
Mañana sà veré con ojos jubilosos
la luz, la luz del dÃa;
en pleno dÃa miraré la noche fúlgida,
en pleno dÃa oiré sus cánticos, absorto,
los cantos de la noche única!
en pleno dÃa
respiraré el aroma de la noche estremecida!
Yo besaré los labios de la noche:
y mis manos febriles
pondrán presas sus manos tibias
y oprimirán los flancos de la noche
y los muslos -vÃa láctea-, los muslos siderales de la noche;
y mis manos febriles
retozarán en cálidos oteros
y odorantes colinas
y jardines ocultos de la noche...
Yo escrutaré los ojos de la noche:
me beberé el fulgor de sus pupilas
por saber si es amor ese fulgor...:
-por saber si es amor el hondo efluvio,
el tormentoso exálito que efunde la melena de la noche,
me embriagaré en su bruna cabellera...:
por saber si es amor todo el perfume
que envuelve el cuerpo en ascuas de la noche,
yo estrecharé en mis brazos el cuerpo de la noche...
Mañana sà veré con ojos jubilosos
la luz, la luz del dÃa:
en pleno dÃa miraré la noche fúlgida,
en pleno dÃa oiré sus cánticos, absorto,
los cantos de la noche única!
en pleno dÃa
aspiraré el aroma de la noche estremecida!
Mañana sà veré con ojos jubilosos
la luz, la luz del dÃa;
en pleno dÃa miraré la noche fúlgida,
en pleno dÃa oiré sus cánticos, absorto,
los cantos de la noche única!
en pleno dÃa
respiraré el aroma de la noche estremecida!
Yo besaré los labios de la noche:
y mis manos febriles
pondrán presas sus manos tibias
y oprimirán los flancos de la noche
y los muslos -vÃa láctea-, los muslos siderales de la noche;
y mis manos febriles
retozarán en cálidos oteros
y odorantes colinas
y jardines ocultos de la noche...
Yo escrutaré los ojos de la noche:
me beberé el fulgor de sus pupilas
por saber si es amor ese fulgor...:
-por saber si es amor el hondo efluvio,
el tormentoso exálito que efunde la melena de la noche,
me embriagaré en su bruna cabellera...:
por saber si es amor todo el perfume
que envuelve el cuerpo en ascuas de la noche,
yo estrecharé en mis brazos el cuerpo de la noche...
Mañana sà veré con ojos jubilosos
la luz, la luz del dÃa:
en pleno dÃa miraré la noche fúlgida,
en pleno dÃa oiré sus cánticos, absorto,
los cantos de la noche única!
en pleno dÃa
aspiraré el aroma de la noche estremecida!
León de Greiff
Interior
Tu piel me devolvÃa
algo remoto. (¿Es esto
un Poema de amor?
¿Es un canto de duelo
o de esperanza? Un himno
triunfal o una nostalgia
acariciada sobre
la realidad?)
No habÃa
nadie, sino nosotros.
(Los demás no existÃan.)
Una botella, un libro,
un cenicero. Ahora
la vida es de cristal,
de metal, de papel.
Ahora es la botella
más bella que una flor.
El cenicero tiene
el sonámbulo brillo
de las olas. El libro
es una roca... (¿Es esto
un poema de amor?)
En una habitación
en penumbra, entre el humo
que nos aleja... (¿Es esto
un Poema de amor?) 25
...sin hablar...(nada está
dicho aún...).
Olvidaba
otra cosa: la música
frutal, el corazón
errante de los siglos,
suena para nosotros.
Toqué tu frente como
si me fuera a morir
un instante después.
Igual que si me anclases
a la verdad. (¿Es esto
un poema de amor?
¿Fuimos sus criatura
melancólicas...?)
Libro,
botella, cenicero.
(No flor, ni ola, ni rocas.)
He llamado a las cosas
por su nombre, aunque el nombre
rompa el hechizo. Quiero
todo aquello que ha sido
el instante, su carne
y su alma (no solo
su alma), lo que el tiempo
roe (no lo que el tiempo
purifica).
Al contacto
de tu frente, los dÃas
volaban desprendidos
de la copa. Pensé
que los dÃas... ¿Amor
es eso que devuelve
el tiempo huido? ¿Eras
entonces el amor?
¿Me estoy cantando a mÃ,
recobrado y perdido?
¿Al amor, al que duerme
bajo tu piel, la pobre
criatura del cielo
destinada a morir
sin haber conocido
sus imposibles padres.
Tu piel me devolvÃa
algo remoto. (¿Es esto
un Poema de amor?
¿Es un canto de duelo
o de esperanza? Un himno
triunfal o una nostalgia
acariciada sobre
la realidad?)
No habÃa
nadie, sino nosotros.
(Los demás no existÃan.)
Una botella, un libro,
un cenicero. Ahora
la vida es de cristal,
de metal, de papel.
Ahora es la botella
más bella que una flor.
El cenicero tiene
el sonámbulo brillo
de las olas. El libro
es una roca... (¿Es esto
un poema de amor?)
En una habitación
en penumbra, entre el humo
que nos aleja... (¿Es esto
un Poema de amor?) 25
...sin hablar...(nada está
dicho aún...).
Olvidaba
otra cosa: la música
frutal, el corazón
errante de los siglos,
suena para nosotros.
Toqué tu frente como
si me fuera a morir
un instante después.
Igual que si me anclases
a la verdad. (¿Es esto
un poema de amor?
¿Fuimos sus criatura
melancólicas...?)
Libro,
botella, cenicero.
(No flor, ni ola, ni rocas.)
He llamado a las cosas
por su nombre, aunque el nombre
rompa el hechizo. Quiero
todo aquello que ha sido
el instante, su carne
y su alma (no solo
su alma), lo que el tiempo
roe (no lo que el tiempo
purifica).
Al contacto
de tu frente, los dÃas
volaban desprendidos
de la copa. Pensé
que los dÃas... ¿Amor
es eso que devuelve
el tiempo huido? ¿Eras
entonces el amor?
¿Me estoy cantando a mÃ,
recobrado y perdido?
¿Al amor, al que duerme
bajo tu piel, la pobre
criatura del cielo
destinada a morir
sin haber conocido
sus imposibles padres.
José Hierro
Triste amor es aquel en que los amantes se acuestan por primera vez en la tumba.
Georg Christoph Lichtenberg
Pequeña patria mÃa, dulce tormenta, un litoral de amor elevan mis pupilas y la garganta se me llena de silvestre alegrÃa cuando digo patria, obrero, golondrina.
Otto René Castillo
El mundo fue más hermoso desde que me hiciste aliada, cuando junto de un espino nos quedamos sin palabras ¡y el amor como el espino nos traspasó de fragancia!.
Gabriela Mistral
¿Qué pasará amor si mis pies a seguir tu huella se afanan y mis manos en perseguir hojas al viento, si convierto atormentadas nubes en llovizna y desquebrajadas olas en manso huracán. Si mi voz repite que te amo en la penumbra, y tus besos es lo único que quiero?.
Lina Zerón
Te Quiero Y Te Lo Digo
Toda la luz del cielo ya en la frente
y en el labio un carbón apasionado.
Mi pensamiento, asà de iluminado,
mi lenguaje, de amor, asà de ardiente.
Asà de ardiente, asà de vehemente,
diamante en su pasión transfigurado.
Amarte a ti, universo deseado.
Mi luz te piensa apasionadamente.
Mi luz te piensa a ti, luz de mi vida,
pasión mÃa, luz mÃa, fuego mÃo
llama mÃa inmortal, noche encendida,
cauce feliz de mi profundo rÃo,
arrebatada flecha, alba elegida,
mi dulce otoño, mi abrasado estÃo.
Toda la luz del cielo ya en la frente
y en el labio un carbón apasionado.
Mi pensamiento, asà de iluminado,
mi lenguaje, de amor, asà de ardiente.
Asà de ardiente, asà de vehemente,
diamante en su pasión transfigurado.
Amarte a ti, universo deseado.
Mi luz te piensa apasionadamente.
Mi luz te piensa a ti, luz de mi vida,
pasión mÃa, luz mÃa, fuego mÃo
llama mÃa inmortal, noche encendida,
cauce feliz de mi profundo rÃo,
arrebatada flecha, alba elegida,
mi dulce otoño, mi abrasado estÃo.
Vicente Gaos
La grandeza y el amor son como los perfumes; los que los llevan apenas los sienten.
Cristina De Suecia
Nocturno
Duermes como la noche duerme:
con silencio y con estrellas.
Y con sombras también.
Como los montes sienten el peso de la noche,
asà hoy sientes tú esos pesares
que el tiempo nos depara:
suavemente y en paz.
Te han llovido las sombras,
pero estás aquÃ, abrazando en la almohada
(en negra noche)
toda la luz del mundo.
Yo pienso que la noche, como la vida, oculta
miserias y terrores,
más tú duermes a salvo,
pues en el pecho llevas una hoguera de oro:
la del amor que enciende más amor.
Gracias a él aún crecerá en el mundo
el bosque de lo manso
y seguirán girando los planetas
despacio, muy despacio, encima de tus ojos,
produciendo esa música
que en tu rostros disuelve la idea del dolor,
cada dolor del mundo.
Reposas en lo blanco
como en lo blanco cae en paz la nieve,
duermes como la noche duerme
en el rostro sereno de esa niña
que todavÃa ignora
aquel dolor que habrá de recibir
cuando sea mujer.
Otra noche,
la nieve de tu piel y de tu vida
reposan milagrosamente al lado
de un resplandor de llamas,
del amor que se enciende en más amor.
El que te salvará.
El que nos salvará.
Duermes como la noche duerme:
con silencio y con estrellas.
Y con sombras también.
Como los montes sienten el peso de la noche,
asà hoy sientes tú esos pesares
que el tiempo nos depara:
suavemente y en paz.
Te han llovido las sombras,
pero estás aquÃ, abrazando en la almohada
(en negra noche)
toda la luz del mundo.
Yo pienso que la noche, como la vida, oculta
miserias y terrores,
más tú duermes a salvo,
pues en el pecho llevas una hoguera de oro:
la del amor que enciende más amor.
Gracias a él aún crecerá en el mundo
el bosque de lo manso
y seguirán girando los planetas
despacio, muy despacio, encima de tus ojos,
produciendo esa música
que en tu rostros disuelve la idea del dolor,
cada dolor del mundo.
Reposas en lo blanco
como en lo blanco cae en paz la nieve,
duermes como la noche duerme
en el rostro sereno de esa niña
que todavÃa ignora
aquel dolor que habrá de recibir
cuando sea mujer.
Otra noche,
la nieve de tu piel y de tu vida
reposan milagrosamente al lado
de un resplandor de llamas,
del amor que se enciende en más amor.
El que te salvará.
El que nos salvará.
Antonio Colinas
Mi amor... mi fe... instilarán en tu pecho una calma preternatural. Descansarás por el cuidado... te pondrás mejor... y si no, Helen, si murieras.... entonces al menos aferrarÃa yo tu mano querida en la muerte, y gustosamente... oh, alegremente, descenderÃa contigo a la noche de la tumba.
Edgar Allan Poe
Silencios
Muere un amor en mitad de la esperanza
y un silencio sepulta su cadáver de pájaro.
Sangra una niña herida sobre un lecho lúbrico
y un silencio se esconde entre los trapos.
Deguellan un muchacho en una patria
y un silencio se oculta en sus zapatos
Cogen la libertad, la escupen, la desangran,
y un silencio terrible cierra los campanarios.
Alguien pone candados en los libros
y un silencio se aprieta en los armarios.
Fusilan un patriota en un rincón oscuro
y un silencio se fuga sobre los techos blancos.
Un millón de niñitos se nos muere de hambre
y un silencio se duerme contemplándolos.
Muere un amor en mitad de la esperanza
y un silencio sepulta su cadáver de pájaro.
Sangra una niña herida sobre un lecho lúbrico
y un silencio se esconde entre los trapos.
Deguellan un muchacho en una patria
y un silencio se oculta en sus zapatos
Cogen la libertad, la escupen, la desangran,
y un silencio terrible cierra los campanarios.
Alguien pone candados en los libros
y un silencio se aprieta en los armarios.
Fusilan un patriota en un rincón oscuro
y un silencio se fuga sobre los techos blancos.
Un millón de niñitos se nos muere de hambre
y un silencio se duerme contemplándolos.
Jorge Debravo
Se Descalzan Los DÃas
Se descalzan los dÃas
para pasar de largo sin que nos demos cuenta.
Son casi despedidas, casi encuentros
-felices pero incómodos-
de cuerpos que se miran
y que aplazan la cita.
Aunque detrás,
suelen quedarnos huellas que no son los recuerdos.
De aquel jardÃn inculto yo conservo
el hombre que venÃa a desearte,
a caminar sin ti,
silvestre y solo.
Porque de ti le hablaban las adelfas,
con sus ramas difÃciles como muchachas jóvenes,
y las palmeras altas igual que tu desnudo,
y aquel cielo corrido
que buscaba
la luz con que el amor te distingue los ojos.
No envejecemos nunca. Tal vez no envejecemos.
Y ahora puedo decÃrtelo,
cuando tú me recuerdas las adelfas,
y tu desnudo en arco dibuja una palmera,
y los ojos se nublan
sobre el jardÃn silvestre de los enamorados.
Tal vez no envejecemos. O es acaso que el tiempo
se quitó los tacones para no molestarnos.
O es acaso el deseo
que camina en los labios todavÃa descalzo.
Se descalzan los dÃas
para pasar de largo sin que nos demos cuenta.
Son casi despedidas, casi encuentros
-felices pero incómodos-
de cuerpos que se miran
y que aplazan la cita.
Aunque detrás,
suelen quedarnos huellas que no son los recuerdos.
De aquel jardÃn inculto yo conservo
el hombre que venÃa a desearte,
a caminar sin ti,
silvestre y solo.
Porque de ti le hablaban las adelfas,
con sus ramas difÃciles como muchachas jóvenes,
y las palmeras altas igual que tu desnudo,
y aquel cielo corrido
que buscaba
la luz con que el amor te distingue los ojos.
No envejecemos nunca. Tal vez no envejecemos.
Y ahora puedo decÃrtelo,
cuando tú me recuerdas las adelfas,
y tu desnudo en arco dibuja una palmera,
y los ojos se nublan
sobre el jardÃn silvestre de los enamorados.
Tal vez no envejecemos. O es acaso que el tiempo
se quitó los tacones para no molestarnos.
O es acaso el deseo
que camina en los labios todavÃa descalzo.
Luis GarcÃÂa Montero
Confesiones
Yo te estaba esperando.
Más allá del invierno, en el cincuenta y ocho,
de la letra sin pulso y el verano
de mi primera carta,
por los pasillos lentos y el examen,
a través de los libros, de las tardes de fútbol,
de la flor que no quiso convertirse en almohada,
más allá del muchacho obligado a la luna,
por debajo de todo lo que amé,
yo te estaba esperando.
Yo te estoy esperando.
Por detrás de las noches y las calles,
de las hojas pisadas
y de las obras públicas
y de los comentarios de la gente,
por encima de todo lo que soy,
de algunos restaurantes a los que ya no vamos,
con más prisa que el tiempo que me huye,
más cerca de la luz y de la tierra,
yo te estoy esperando.
Y seguiré esperando.
Como los amarillos del otoño,
todavÃa palabra de amor ante el silencio,
cuando la piel se apague,
cuando el amor se abrace con la muerte
y se pongan mas serias nuestras fotografÃas,
sobre el acantilado del recuerdo,
después que mi memoria se convierta en arena,
por detrás de la última mentira,
yo seguiré esperando.
Yo te estaba esperando.
Más allá del invierno, en el cincuenta y ocho,
de la letra sin pulso y el verano
de mi primera carta,
por los pasillos lentos y el examen,
a través de los libros, de las tardes de fútbol,
de la flor que no quiso convertirse en almohada,
más allá del muchacho obligado a la luna,
por debajo de todo lo que amé,
yo te estaba esperando.
Yo te estoy esperando.
Por detrás de las noches y las calles,
de las hojas pisadas
y de las obras públicas
y de los comentarios de la gente,
por encima de todo lo que soy,
de algunos restaurantes a los que ya no vamos,
con más prisa que el tiempo que me huye,
más cerca de la luz y de la tierra,
yo te estoy esperando.
Y seguiré esperando.
Como los amarillos del otoño,
todavÃa palabra de amor ante el silencio,
cuando la piel se apague,
cuando el amor se abrace con la muerte
y se pongan mas serias nuestras fotografÃas,
sobre el acantilado del recuerdo,
después que mi memoria se convierta en arena,
por detrás de la última mentira,
yo seguiré esperando.
Luis GarcÃÂa Montero
Y si fuera pintor, ¡con qué cuidado, con mi pincel, por el amor guiado, diluirÃa en la cándida vitela de un abanico tu sutil figura, entre el rosa fragante y la frescura de un florido paisaje de acuarela!.
Francisco Villaespesa
La poesÃa es solo amor, transgrede las prohibiciones y se atreve a mirar de frente a lo invisible.
Alejandro Jodorowsky
Era tan hermosa que en el fondo de mi delirante amor me esperaba todavÃa Ãntegra toda la locura.
Vladimir Holan
Sabes que el amor se nos alborota, libre como las gaviotas que hasta el corazón vuela al son, es el firmamento que ven dos locos que se miran a los ojos y del corazón brilla el sol.
Rosana
ElegÃa Del Marino Ilusorio
Pensando estoy... Mi pensamiento tiene
ya el ritmo, ya el color, ya el ardimiento
de un mar que alumbran fuegos ponentinos.
A la borda del buque van danzando,
ebrios del mar, los jóvenes marinos.
Pensando estoy... Yo, cómo ceñirÃa
la cabeza encrespada y voluptuosa
de un joven, en la playa deleitosa,
cual besa el mar con sus lenguas el dÃa.
Y cómo de él cautivo, temblando, suspirando,
contra la Muerte
su juventud indómita, tierno, protegerÃa.
Contra la Muerte,
su silueta ilusoria vaga en mi poesÃa.
Morir... ¿Conque esta carne cerúlea, macerada
en los jugos del mar, suave y ardiente,
será por el dolor acongojada?
Y el ser bello en la tierra encantada,
y el soñar en la noche iluminada,
y la ilusión, de soles diademada,
y el vigor... y el amor... ¿fue nada, nada?
¡Dame tu miel, oh niño de boca perfumada!
Pensando estoy... Mi pensamiento tiene
ya el ritmo, ya el color, ya el ardimiento
de un mar que alumbran fuegos ponentinos.
A la borda del buque van danzando,
ebrios del mar, los jóvenes marinos.
Pensando estoy... Yo, cómo ceñirÃa
la cabeza encrespada y voluptuosa
de un joven, en la playa deleitosa,
cual besa el mar con sus lenguas el dÃa.
Y cómo de él cautivo, temblando, suspirando,
contra la Muerte
su juventud indómita, tierno, protegerÃa.
Contra la Muerte,
su silueta ilusoria vaga en mi poesÃa.
Morir... ¿Conque esta carne cerúlea, macerada
en los jugos del mar, suave y ardiente,
será por el dolor acongojada?
Y el ser bello en la tierra encantada,
y el soñar en la noche iluminada,
y la ilusión, de soles diademada,
y el vigor... y el amor... ¿fue nada, nada?
¡Dame tu miel, oh niño de boca perfumada!
Porfirio Barba Jacob
Déjate convencer, duerme esta noche conmigo. Que el amor se encuentra antes si se busca. Mira que casualidad si yo fuera tu hombre y la duda de haberte dado luz no te deja dormir nunca.
Ismael Serrano
Siempre, amor... (¡Y estas dos palabras naúfragas, entre alma y piel clavadas contra el viento!).
Dulce MarÃÂa Loynaz
Cuando tengas una tarea difÃcil que hacer, algo que parece imposible, solamente trabaja cada dÃa un poco, todos los dÃas un poco, y de repente verás que el trabajo estará terminado.
Karen Blixen
Verdad, Mentira
Con tu verdad, con tu mentira a solas,
con tu increÃble realidad vivida,
tu inventada razón, tu consumida
fe inagotable, en luz que tú enarbolas;
con la tristeza en que tal vez te enrolas
hacia una rada nunca apetecida,
con la enorme esperanza destruida,
reconstruida como el mar sus olas;
con tu sueño de amor que nunca se hace
tan verdadero como el mar suspira,
con tu cargado corazón que nace,
muere y renace, asciende y muere, mira
la realidad, inmensa, porque ahà yace
la verdad toda y toda tu mentira.
Con tu verdad, con tu mentira a solas,
con tu increÃble realidad vivida,
tu inventada razón, tu consumida
fe inagotable, en luz que tú enarbolas;
con la tristeza en que tal vez te enrolas
hacia una rada nunca apetecida,
con la enorme esperanza destruida,
reconstruida como el mar sus olas;
con tu sueño de amor que nunca se hace
tan verdadero como el mar suspira,
con tu cargado corazón que nace,
muere y renace, asciende y muere, mira
la realidad, inmensa, porque ahà yace
la verdad toda y toda tu mentira.
Carlos Bousoño
A Un Triste
¿Por qué de amor la barca voladora
con ágil mano detener no quieres
y esquivo menosprecias los placeres
de Venus, la impasible vencedora?
A no volver los años juveniles
huyen como saetas disparadas
por mano de invisible Sagitario;
triste vejez, como ladrón nocturno,
sorpréndenos sin guarda ni defensa,
y con la extremidad de su arma inmensa,
la copa del placer vuelca Saturno.
¡Aprovecha el minuto y el instante!
Hoy te ofrece rendida la hermosura
de sus hechizos el gentil tesoro,
y llamándote ufana en la espesura,
suelta Pomona sus cabellos de oro.
En la popa del barco empavesado
que navega veloz rumbo a Citeres,
de los amigos el clamor te nombra,
mientras, tendidas en la egipcia alfombra,
sus crótalos agitan las mujeres.
¡Deja, por fin, la solitaria playa,
y coronado de fragantes flores,
descansa en la barquilla de las diosas!
¿Qué importa lo fugaz de los amores?
¡También expiran jóvenes las rosas!
¿Por qué de amor la barca voladora
con ágil mano detener no quieres
y esquivo menosprecias los placeres
de Venus, la impasible vencedora?
A no volver los años juveniles
huyen como saetas disparadas
por mano de invisible Sagitario;
triste vejez, como ladrón nocturno,
sorpréndenos sin guarda ni defensa,
y con la extremidad de su arma inmensa,
la copa del placer vuelca Saturno.
¡Aprovecha el minuto y el instante!
Hoy te ofrece rendida la hermosura
de sus hechizos el gentil tesoro,
y llamándote ufana en la espesura,
suelta Pomona sus cabellos de oro.
En la popa del barco empavesado
que navega veloz rumbo a Citeres,
de los amigos el clamor te nombra,
mientras, tendidas en la egipcia alfombra,
sus crótalos agitan las mujeres.
¡Deja, por fin, la solitaria playa,
y coronado de fragantes flores,
descansa en la barquilla de las diosas!
¿Qué importa lo fugaz de los amores?
¡También expiran jóvenes las rosas!
Manuel Gutiérrez Nájera
¡El amor es más fuerte que la Muerte, y la Muerte más fuerte que el olvido!.
Francisco Villaespesa