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Frialdad a un hombre que en realidad sólo es un hombre triste ( 2 )

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Sobre esta realidad-referencia se han construido conceptos diversos y se han delimitado campos de análisis: psique, subjetividad, personalidad, conciencia, etc.; sobre ella se han edificado técnicas y discursos científicos; a partir de ella se ha dado validez a las reivindicaciones morales del humanismo. Pero no hay que engañarse: no se ha sustituido el alma, ilusión de los teólogos, por un hombre real, objeto de saber, de reflexión filosófica o de intervención técnica. El hombre del que se nos habla y que se nos invita a liberar es ya en sí mismo el efecto de un sometimiento mucho más profundo que él. Un ?alma? lo habita y lo conduce a la existencia, que es una pieza en el dominio que el poder ejerce sobre el cuerpo. El alma, efecto e instrumento de una anatomía política; el alma, prisión del cuerpo.


Michel Foucault


La primera realidad que al hombre se le oculta es él mismo.


María Zambrano




Se queda un momento en silencio, casi puedo oír el zumbido de lo que está pensando y me explica por fin que no sólo hay una realidad, sino muchas distintas, que cada hombre tiene la suya, y que no siempre coincide su realidad con la del prójimo.


Javier Tomeo


El hombre filosófico tiene el presentimiento de que bajo esta realidad en la que vivimos y somos yace una segunda realidad muy distinta, es decir, que ella es una apariencia.


Friedrich Nietzsche


Considerando en frío, imparcialmente, que el hombre es triste, tose, y sin embargo se complace en su pecho colorado.


César Vallejo


No te apartes de mí, ven cada día a hacerme triste, a hacerme hombre, hijo tuyo... Visítame.


Vicente Gaos




A los veinte años un hombre es un pavo real; a los treinta, un león; a los cuarenta, un camello; a los cincuenta, una serpiente; a los sesenta, un perro; a los setenta, un mono; a los ochenta, nada.


Baltasar Gracián


Todo hombre tiene sus penas secretas que el mundo no conoce. Por eso a veces acusamos de frialdad a un hombre que en realidad, solo es un hombre triste.


Henry Longfellow Wadsworth


El problema, cuando se busca a la mujer perfecta, es que ella probablememte está buscando al hombre perfecto.


Peter Ustinov




Los monos son demasiado buenos para que el hombre pueda descender de ellos.


Friedrich Nietzsche


El corazón del hombre necesita creer algo, y cree mentiras cuando no encuentra verdades que creer.


María Zambrano


El mayor de todos los misterios es el hombre.


Sócrates


¡Oh amor poderoso¡ Que a veces hace de una bestia un hombre, y otras, de un hombre una bestia.


William Shakespeare




El hombre tiene miedo a la pérdida del poder, le asustan las mujeres que saben lo que quieren y están seguras de si mismas.


Amparo Larrañaga


El verdadero hombre no mira de qué lado se vive mejor, sino de qué lado está el deber.


José Martí


Todo hombre tiene derecho a dudar de su tarea y a abandonarla de vez en cuando; lo único que no puede hacer es olvidarla.


Paulo Coelho


El hombre a quien el dolor no educó siempre será un niño.


Nicolàs-Sebastien Roch


La no violencia es la fuerza más poderosa que hay a disposición de la humanidad. Es aún más poderosa que el arma más compleja de destrucción ideada por la ingenua capacidad del hombre.


Mahatma Gandhi


Un hombre tiene que escoger. En esto reside su fuerza: en el poder de sus decisiones.


Paulo Coelho


Me parece que me matan un hijo cada vez que privan a un hombre del derecho de pensar.


José Martí


Lo que las ideologías dividen al hombre. . . El amor con sus hilos los une en su nombre.


Ricardo Arjona


El que confía sus secretos a otro hombre se hace esclavo él.


Baltasar Gracián


Y el hombre, en su orgullo, creó a dios a su imagen y semejanza.


Friedrich Nietzsche


Cínico: un hombre que sabe el precio de todo y el valor de nada.


Oscar Wilde


Todo hombre es como la Luna: con una cara oscura que a nadie enseña.


Mark Twain


Nada resulta más atractivo en un hombre que su cortesía, su paciencia y su tolerancia.


Cicerón




La mujer actual tiene una obsesion por ser igual que el hombre, y no se por que, si el hombre es un pobre diablo desorientado.


Antonio López


También a un gran hombre lo puede exasperar una miserable mosca.


José Martí


Los hombre jóvenes quieren ser fieles y no lo consiguen; los hombres viejos quieren ser infieles y no lo logran.


Oscar Wilde


El hombre que escucha la razón está perdido. La razón esclaviza a todos los que no son bastante fuertes para dominarla.


George Bernard Shaw


No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.


Biblia


De dos peligros debe cuidarse el hombre nuevo: De la derecha cuando es diestra, de la izquierda cuando es siniestra.


Mario Benedetti


Cuando un hombre estúpido hace algo que le avergüenza, siempre dice que cumple con su deber.


George Bernard Shaw


Al hombre le interesa lo real, como tal, aunque no sea deseable. Al niño le importa lo deseable, como tal, aunque no sea real.


Armando Montiel


Bill Gates quiere que la gente piense que es Edison, cuando es en realidad igual a Rockefeller. La referencia a Gates como el hombre más inteligente en Estados Unidos no es la adecuada. La riqueza no es lo mismo que la inteligencia


Larry Ellison


La fe es una realidad viva que es necesario descubrir y profundizar sin cesar, para que pueda crecer. Es ella la que debe orientar la mirada y la acción del cristiano. Porque ella es un nuevo criterio de inteligencia y acción que cambia toda la vida del hombre.


Benedicto XVI


El concepto de culpa y de castigo, incluida la doctrina de la gracia, de la redención, del perdón ?mentiras completas, carentes de toda realidad psicológica? todo eso ha sido inventado para destruir el sentido de las causas en el hombre: ¡son el atentado contra el concepto causa y efecto.!


Friedrich Nietzsche


Ante la Ley hay un guardián. Hasta ese guardián llega un campesino y le ruega que le permita entrar a la Ley. Pero el guardián responde que en ese momento no le puede franquear el acceso. El hombre reflexiona y luego pregunta si es que podrá entrar más tarde. ?Es posible ?dice el guardián?, pero ahora, no. Las puertas de la Ley están abiertas, como siempre, y el guardián se ha hecho a un lado, de modo que el hombre se inclina para atisbar el interior. Cuando el guardián lo advierte, ríe y dice: ?Si tanto te atrae, intenta entrar a pesar de mi prohibición. Pero recuerda esto: yo soy poderoso. Y yo soy sólo el último de los guardianes. De sala en sala irás encontrando guardianes cada vez más poderosos. Ni siquiera yo puedo soportar la sola vista del tercero. El campesino no había previsto semejantes dificultades. Después de todo, la Ley debería ser accesible a todos y en todo momento, piensa. Pero cuando mira con más detenimiento al guardián, con su largo abrigo de pieles, su gran nariz puntiaguda, la larga y negra barba de tártaro, se decide a esperar hasta que él le conceda el permiso para entrar. El guardián le da un banquillo y le permite sentarse al lado de la puerta. Allí permanece el hombre días y años. Muchas veces intenta entrar e importuna al guardián con sus ruegos. El guardián le formula, con frecuencia, pequeños interrogatorios. Le pregunta acerca de su terruño y de muchas otras cosas; pero son preguntas indiferentes, como las de los grandes señores, y al final le repite siempre que aún no lo puede dejar entrar. El hombre, que estaba bien provisto para el viaje, invierte todo ?hasta lo más valioso? en sobornar al guardián. Este acepta todo, pero siempre repite lo mismo: ?Lo acepto para que no creas que has omitido algún esfuerzo. Durante todos esos años, el hombre observa ininterrumpidamente al guardián. Olvida a todos los demás guardianes y aquél le parece ser el único obstáculo que se opone a su acceso a la Ley. Durante los primeros años maldice su suerte en voz alta, sin reparar en nada; cuando envejece, ya sólo murmura como para sí. Se vuelve pueril, y como en esos años que ha consagrado al estudio del guardián ha llegado a conocer hasta las pulgas de su cuello de pieles, también suplica a las pulgas que lo ayuden a persuadir al guardián. Finalmente su vista se debilita y ya no sabe si en la realidad está oscureciendo a su alrededor o si lo engañan los ojos. Pero en aquellas penumbras descubre un resplandor inextinguible que emerge de las puertas de la Ley. Ya no le resta mucha vida. Antes de morir resume todas las experiencias de aquellos años en una pregunta, que nunca había formulado al guardián. Le hace una seña para que se aproxime, pues su cuerpo rígido ya no le permite incorporarse. El guardián se ve obligado a inclinarse mucho, porque las diferencias de estatura se han acentuado señaladamente con el tiempo, en desmedro del campesino. ?¿Qué quieres saber ahora? ?pregunta el guardián?. Eres insaciable. ?Todos buscan la Ley ?dice el hombre?. ¿Y cómo es que en todos los años que llevo aquí, nadie más que yo ha solicitado permiso para llegar a ella? El guardián comprende que el hombre está a punto de expirar y le grita, para que sus oídos debilitados perciban las palabras. ?Nadie más podía entrar por aquí, porque esta entrada estaba destinada a ti solamente. Ahora cerraré.


Franz Kafka


Siempre me fascinó la idea del Robinson Crusoe. Me lo regalaron siendo muy chico, debo haberlo leído más de veinte veces. El Eternauta, inicialmente, fue mi versión del Robinson. La soledad del hombre, rodeado, preso, no ya por el mar sino por la muerte. Tampoco el hombre solo de Robinson, sino el hombre con familia, con amigos. Por eso la partida de truco, por eso la pequeña familia que duerme en el chalet de Vicente López, ajena a la invasión que se viene. Ese fue el planteo. Lo demás... lo demás creció solo, como crece sola, creemos, la vida de cada día. Publicado en un semanario, El Eternauta se fue construyendo semana a semana. Había sí una idea general, pero la realidad concreta de cada entrega la modificaba constantemente. Aparecieron así situaciones y personajes que ni soñé al principio. Como el "Mano" y su muerte. O como el combate en River Plate. O como Franco, el tornero, que termina siendo más héroe que ninguno de los que iniciaron la historia. Ahora que lo pienso, se me ocurre que quizás por esta falta de héroe central, el Eternauta es una de mis historias que recuerdo con más placer. El héroe verdadero de El Eternauta es un héroe colectivo, un grupo humano. Refleja así, aunque sin intención previa, mi sentir íntimo: el único héroe válido es el héroe "en grupo", nunca el héroe individual, el héroe solo


Héctor Germán Oesterheld


¡Ah, qué triste resultaba para un hombre cabal verse obligado a seguir caminos tan sinuosos! ¡Qué triste manchar de aquel modo tan sórdido lo más valioso que el hombree posee, su propio honor!


Patrick Süskind