Parra ( 2 )
Parra. Encuentra docenas de parra con fotos para copiar y compartir.
Cordero de Dios que lavas los pecados del mundo, dime cuántas manzanas hay en el paraíso terrenal.
Nicanor Parra
Tres versos de Bob Dylan justifican cualquier galardón, incluso el Nobel de Literatura.
Nicanor Parra
El hombre que no se bebe su copa sanguinolenta no puede ser, creo yo, cristiano de buena cepa
Nicanor Parra
Dime cuáles son para ti las 10 palabras más bellas de la lengua castellana y te diré quién eres
Nicanor Parra
El poeta es un hombre como todos
un albañil que construye su muro
un constructor de puertas y ventanas.
un albañil que construye su muro
un constructor de puertas y ventanas.
Nicanor Parra
La poesía fue un objeto de lujo, pero para nosotros es un artículo de primera necesidad: no podemos vivir sin poesía
Nicanor Parra
No creemos en ninfas ni tritones. La poesía tiene que ser esto: una muchacha rodeada de espigas o no ser absolutamente nada.
Nicanor Parra
Yo apoyo todo lo que se haga a favor o en contra de Rafael Guíñez, ex primera figura de la orquesta sinfónica
Nicanor Parra
Porque es un hecho bien establecido que el presente no existe sino en la medida en que se hace pasado y ya pasó... como la juventud. En resumidas cuentas solo nos va quedando el mañana: yo levanto mi copa por ese día que no llega nunca pero que es lo único de lo que realmente disponemos
Nicanor Parra
Perdóname lector, amistoso lector que no me pueda despedir de ti, con un abrazo fiel: me despido de ti con una triste sonrisa forzada.
Nicanor Parra
Hasta cuándo siguen fregando la cachimba, no soy de derecha ni de izquierda. Yo simplemente rompo con todo
Nicanor Parra
Piénsalo bien y reconoce
que no hay amigo como el árbol,
adonde quiera que te vuelvas
siempre lo encuentras a tu lado,
vayas pisando tierra firme
o móvil mar alborotado,
estés meciéndote en la cuna
o bien un día agonizando,
más fiel que el vidrio del espejo
y más sumiso que un esclavo.
que no hay amigo como el árbol,
adonde quiera que te vuelvas
siempre lo encuentras a tu lado,
vayas pisando tierra firme
o móvil mar alborotado,
estés meciéndote en la cuna
o bien un día agonizando,
más fiel que el vidrio del espejo
y más sumiso que un esclavo.
Nicanor Parra
No hay razon para seguir esperando por ti
no hay razon para estar pendando en ti
no hay manera de olvidarme de ti
no hay forma ni fecha para renunciar a ti
no se que busco aferrandome así
tal vez darme cuenta que me enamore
tal vez darme cuenta que me equivoque
en verdad no lo se, y quizás nunca lo sabre
no se que gano diciendo una vez mas lo que aun siento por ti
pero se que no pierdo mucho al volverlo a decir
no se que quiero al volverte a ver
pero se que puede ser lo ultima vez q me vuelvas a ver
no hay razon para estar pendando en ti
no hay manera de olvidarme de ti
no hay forma ni fecha para renunciar a ti
no se que busco aferrandome así
tal vez darme cuenta que me enamore
tal vez darme cuenta que me equivoque
en verdad no lo se, y quizás nunca lo sabre
no se que gano diciendo una vez mas lo que aun siento por ti
pero se que no pierdo mucho al volverlo a decir
no se que quiero al volverte a ver
pero se que puede ser lo ultima vez q me vuelvas a ver
Tovléz
Llegada
Llegado marzo, esposa,
no sosiega la tierra.
El corazón avanza
nutrido por el gozo.
La dicha que marcea
como una gota fértil,
quiera colmar de anhelo
la clara sed del valle.
Llegado marzo, esposa,
los pulsos como fuentes
saltan, y salta el río,
y salta en la verdura
un latido sembrado
por la lluvia en los muertos,
que confían en marzo
como en la prima vera.
Llegado marzo, esposa,
se desmuere la tierra.
Cigüeñas a la vida
convocan, sin llamada.
Nada tiende hacia dentro.
¡Entreabren las ventanas!...
El almendro esperanza
y anuncia la ventura.
Llegado marzo, esposa,
la vida se hace novia,
don la existencia y dulce
promesa lo que tiembla.
¡Siento el hijo posible
como la encina siente
su rama fresca, y frutos
la parra reavivada!
Llegado marzo, esposa,
te quiero prometida;
te ensueño fértil, fresca
como ¡a hierba nueva;
dispuesta, madre, marzo,
colmo de mis afanes,
con prisa esposa, esposa
de campo hecho presagio.
Llegado marzo, esposa,
no sosiega la tierra.
El corazón avanza
nutrido por el gozo.
La dicha que marcea
como una gota fértil,
quiera colmar de anhelo
la clara sed del valle.
Llegado marzo, esposa,
los pulsos como fuentes
saltan, y salta el río,
y salta en la verdura
un latido sembrado
por la lluvia en los muertos,
que confían en marzo
como en la prima vera.
Llegado marzo, esposa,
se desmuere la tierra.
Cigüeñas a la vida
convocan, sin llamada.
Nada tiende hacia dentro.
¡Entreabren las ventanas!...
El almendro esperanza
y anuncia la ventura.
Llegado marzo, esposa,
la vida se hace novia,
don la existencia y dulce
promesa lo que tiembla.
¡Siento el hijo posible
como la encina siente
su rama fresca, y frutos
la parra reavivada!
Llegado marzo, esposa,
te quiero prometida;
te ensueño fértil, fresca
como ¡a hierba nueva;
dispuesta, madre, marzo,
colmo de mis afanes,
con prisa esposa, esposa
de campo hecho presagio.
Enrique Azcoaga
Si no quieres escuchar los graznidos de felicidad que emiten las aves de rapiña sobrevolando el préstamo que no has podido atender, apriétate el cinturón, vuelve a la austeridad espartana, pon los pies a remojo en un lebrillo bajo la parra, come frutas y ensaladas, vístete con los viejos pantalones y una camisa blanca y limpia, cómprate un sombrero de paja, cuida tu salud para que al menos la crisis económica no te haga sangrar la úlcera de estómago y aguanta todos los embates agarrado al tarro de mermelada de la abuela.»
Manuel Vicent
Sevilla es una torre
llena de arqueros finos.
Sevilla para herir.
Córdoba para morir.
Una ciudad que acecha
largos ritmos,
y los enrosca
como laberintos.
Como tallos de parra
encendidos.
¡Sevilla para herir!
Bajo el arco del cielo,
sobre su llano limpio,
dispara la constante
saeta de su río.
¡Córdoba para morir!
Y loca de horizonte,
mezcla en su vino
lo amargo de Don Juan
y lo perfecto de Dioniso.
Sevilla para herir.
¡Siempre Sevilla para herir!
llena de arqueros finos.
Sevilla para herir.
Córdoba para morir.
Una ciudad que acecha
largos ritmos,
y los enrosca
como laberintos.
Como tallos de parra
encendidos.
¡Sevilla para herir!
Bajo el arco del cielo,
sobre su llano limpio,
dispara la constante
saeta de su río.
¡Córdoba para morir!
Y loca de horizonte,
mezcla en su vino
lo amargo de Don Juan
y lo perfecto de Dioniso.
Sevilla para herir.
¡Siempre Sevilla para herir!
Federico GarcÃa Lorca