Recuerdo,olvido,permanencia, ( 2 )
Recuerdo,olvido,permanencia,. Encuentra docenas de recuerdo,olvido,permanencia, con fotos para copiar y compartir.
Yo podría ser el último paria de mi reino, un leproso abandonado por todos, sin recuerdo y sin esperanza de goce alguno, y aún quisiera vivir.
Jacinto Benavente
Detras del llanto queda el silencio, detras del silencio queda el recuerdo y detras del recuerdo quedo el momento somos como aves y por naturaleza debemos emigrar asi como las piedras rodar, y cuando exista una despedida al final siempre la vida continua...
Alessandro Mazariegos
Para que un amor pasado no te lastime de por vida, conservalo como un recuerdo hermoso, mas nunca como una posibilidad, porque si lo haces nunca podras ser feliz. Nunca te aferres a nadie vive, difruta y se feliz.
Alessandro Mazariegos
Soy
Soy el que sabe que no es menos vano
que el vano observador que en el espejo
de silencio y cristal sigue el reflejo
o el cuerpo (da lo mismo) del hermano.
Soy, tácitos amigos, el que sabe
que no hay otra venganza que el olvido
ni otro perdón. Un dios ha concedido
al odio humano esta curiosa llave.
Soy el que pese a tan ilustres modos
de errar, no ha descifrado el laberinto
singular y plural, arduo y distinto,
del tiempo, que es de uno y es de todos.
Soy el que es nadie, el que no fue una espada
en la guerra. Soy eco, olvido, nada.
Soy el que sabe que no es menos vano
que el vano observador que en el espejo
de silencio y cristal sigue el reflejo
o el cuerpo (da lo mismo) del hermano.
Soy, tácitos amigos, el que sabe
que no hay otra venganza que el olvido
ni otro perdón. Un dios ha concedido
al odio humano esta curiosa llave.
Soy el que pese a tan ilustres modos
de errar, no ha descifrado el laberinto
singular y plural, arduo y distinto,
del tiempo, que es de uno y es de todos.
Soy el que es nadie, el que no fue una espada
en la guerra. Soy eco, olvido, nada.
Jorge Luis Borges
Muda Y Hosca...
Muda y hosca, se niega
a entrar en casa, a pesar
de la noche, a pesar del buen sentido.
Él le habla
con paciencia o la empuja y golpea
con el puño. La insensata materia
que el alma es, su obstinación eficaz
o, contigua y exenta,
esta vibración azul del azul
luminoso y oscuro. Sólo
me m interesa e vacío.
Ocurrió el mismo año
en que frascos y líquidos
se arrojaban contra la pared,
a oscuras, en aquella alcoba
italiana. Eran innumerables
los huesos del cuerpo, incomprensibles
sus nombres. Sincronizado
estrictamente, rápido
y melancólico, con este azul,
aquel salto, olor de carbonilla,
adherido a la piel.
De "Caza nocturna" 1997
Muda y hosca, se niega
a entrar en casa, a pesar
de la noche, a pesar del buen sentido.
Él le habla
con paciencia o la empuja y golpea
con el puño. La insensata materia
que el alma es, su obstinación eficaz
o, contigua y exenta,
esta vibración azul del azul
luminoso y oscuro. Sólo
me m interesa e vacío.
Ocurrió el mismo año
en que frascos y líquidos
se arrojaban contra la pared,
a oscuras, en aquella alcoba
italiana. Eran innumerables
los huesos del cuerpo, incomprensibles
sus nombres. Sincronizado
estrictamente, rápido
y melancólico, con este azul,
aquel salto, olor de carbonilla,
adherido a la piel.
De "Caza nocturna" 1997
Olvido GarcÃa Valdés
Al Salir A La Calle...
Al salir a la calle, sobre los plátanos,
muy por encima y por detrás de sus hojas
doradas y crujientes, el cielo, muy por encima
azul, intenso y transparente de la helada.
A cuatro bajo cero se respira
el aire como si fuera el cielo
que es el aire lo que se respirara.
Corta y se expande y un instante
rebrota antes de herir. Ritmos
de la respiración y el cielo, uno
lugar del otro, volumen
que quien respira retrajera, puro
estar del mundo en el frío,
de un color azul que nadie viera, intenso,
que nadie desde ningún lugar mirara,
aire o cielo no para respirar.
De "Del ojo al hueso" 2001
Al salir a la calle, sobre los plátanos,
muy por encima y por detrás de sus hojas
doradas y crujientes, el cielo, muy por encima
azul, intenso y transparente de la helada.
A cuatro bajo cero se respira
el aire como si fuera el cielo
que es el aire lo que se respirara.
Corta y se expande y un instante
rebrota antes de herir. Ritmos
de la respiración y el cielo, uno
lugar del otro, volumen
que quien respira retrajera, puro
estar del mundo en el frío,
de un color azul que nadie viera, intenso,
que nadie desde ningún lugar mirara,
aire o cielo no para respirar.
De "Del ojo al hueso" 2001
Olvido GarcÃa Valdés
Ella
Ella está aquí, presente en la distancia
que separa su nombre de mi oído
y está aquí en el espacio estremecido
que hay entre mi recuerdo y su fragancia.
Ella se fue, y aún yerra por mi estancia
su nombre en su perfume diluido,
que por marcarle un límite al olvido
se hizo nombre y perfume la distancia.
Ella está aquí, presente en el abismo
de su ausencia en aroma. En el amargo
acento de su nombre en mi mutismo.
Que de tan corto amor, dolor tan largo,
solo es nombre y perfume... Y sin embargo
yo pude acompañarla hasta mí mismo.
Ella está aquí, presente en la distancia
que separa su nombre de mi oído
y está aquí en el espacio estremecido
que hay entre mi recuerdo y su fragancia.
Ella se fue, y aún yerra por mi estancia
su nombre en su perfume diluido,
que por marcarle un límite al olvido
se hizo nombre y perfume la distancia.
Ella está aquí, presente en el abismo
de su ausencia en aroma. En el amargo
acento de su nombre en mi mutismo.
Que de tan corto amor, dolor tan largo,
solo es nombre y perfume... Y sin embargo
yo pude acompañarla hasta mí mismo.
Alberto Angel Montoya
Con Qué Dolor...
¡Con qué dolor, y válgame ser franco,
trazo los versos que a mi lado impetras!
Esta cuartilla de papel en blanco
me parece una lápida sin letras.
Tristísimo recuerdo me acongoja
y pienso, visionario como un zafio,
que escribo, no una endecha en una hoja,
sino sobre un sepulcro un epitafio.
No extrañes, no, que mi razón sucumba
a esta ilusión que envuelve algo de cierto
porque, ay, tu corazón es una tumba
desde el instante en que tu amor fue un muerto.
¡Tu amor! Ve el mío que cual ámbar de oro
paréceme que nunca se consume,
que ni siquiera sufre deterioro
aunque despida sin cesar perfume.
Mas ¿a dónde me lleva mi extravío?
Perdona a mi amargura ese reproche.
Por ti puedo decir como el judío:
¡un ángel ha pasado por mi noche!
Por ti en el molde general no cupe;
quise ovaciones, codicié oropeles
y en la tribuna y con la lira supe
ganar aplausos y obtener laureles.
Después... ¡mi gloria huyó con mi ventura
y, como nube tenebrosa, el duelo
ha cerrado en mi alma la abertura
que daba grande y esplendente al cielo!
Adiós. Dejo a tus plantas un gemido
y retorno a la sombra más espesa
pues vuelvo a la que reina en el olvido,
y no hay otra tan negra como ésa.
¡Con qué dolor, y válgame ser franco,
trazo los versos que a mi lado impetras!
Esta cuartilla de papel en blanco
me parece una lápida sin letras.
Tristísimo recuerdo me acongoja
y pienso, visionario como un zafio,
que escribo, no una endecha en una hoja,
sino sobre un sepulcro un epitafio.
No extrañes, no, que mi razón sucumba
a esta ilusión que envuelve algo de cierto
porque, ay, tu corazón es una tumba
desde el instante en que tu amor fue un muerto.
¡Tu amor! Ve el mío que cual ámbar de oro
paréceme que nunca se consume,
que ni siquiera sufre deterioro
aunque despida sin cesar perfume.
Mas ¿a dónde me lleva mi extravío?
Perdona a mi amargura ese reproche.
Por ti puedo decir como el judío:
¡un ángel ha pasado por mi noche!
Por ti en el molde general no cupe;
quise ovaciones, codicié oropeles
y en la tribuna y con la lira supe
ganar aplausos y obtener laureles.
Después... ¡mi gloria huyó con mi ventura
y, como nube tenebrosa, el duelo
ha cerrado en mi alma la abertura
que daba grande y esplendente al cielo!
Adiós. Dejo a tus plantas un gemido
y retorno a la sombra más espesa
pues vuelvo a la que reina en el olvido,
y no hay otra tan negra como ésa.
Salvador DÃaz Mirón
Deshojar Un Recuerdo...
Deshojar un recuerdo se convierte
en un trabajo lleno de rocío,
como un campo de lirios y cerezos
donde me vieras sin estar conmigo.
Dócilmente te tiendes a mi lado,
extiendes tu cabello, abres al lino
interiores de concha y amaranto:
el alba fija tus contornos tibios.
Yo repaso el silencio suavemente,
fluyen las horas, y en su claro signo
ponemos un común astro de besos,
y damos los recuerdos al olvido.
Todo lo que anhelé, tú me lo has dado;
todo lo que viví, por ti está vivo;
lo que no fuiste tú, sombra es de un sueño
y no esta flor quemándose en tu brillo.
Tus alas puras lo tocaron todo
Y aún vuelas en mi gesto pensativo.
Oh, no levantes más recuerdos yertos.
Déjame en ti gozosamente hundido.
Deshojar un recuerdo se convierte
en un trabajo lleno de rocío,
como un campo de lirios y cerezos
donde me vieras sin estar conmigo.
Dócilmente te tiendes a mi lado,
extiendes tu cabello, abres al lino
interiores de concha y amaranto:
el alba fija tus contornos tibios.
Yo repaso el silencio suavemente,
fluyen las horas, y en su claro signo
ponemos un común astro de besos,
y damos los recuerdos al olvido.
Todo lo que anhelé, tú me lo has dado;
todo lo que viví, por ti está vivo;
lo que no fuiste tú, sombra es de un sueño
y no esta flor quemándose en tu brillo.
Tus alas puras lo tocaron todo
Y aún vuelas en mi gesto pensativo.
Oh, no levantes más recuerdos yertos.
Déjame en ti gozosamente hundido.
Antonio Carvajal
LOCA MENTE
Loca mente mía me inundas con tus dilemas y juicios
¿Puedes estar en paz?
Que la vida se me vá en un soplo de aire frío.
Deja sentir la tibieza de mi alma en el olvido
Pues cada vez que recuerdo no soy Yo ni estoy vivo
Loca mente mía me inundas con tus dilemas y juicios
¿Puedes estar en paz?
Que la vida se me vá en un soplo de aire frío.
Deja sentir la tibieza de mi alma en el olvido
Pues cada vez que recuerdo no soy Yo ni estoy vivo
Gustavo Estrada Luque
Presencia En El Olvido
Tú ya no tienes rostro en mi recuerdo. Eres,
nada más, la dorada tarde aquella
en que la primavera se detuvo
a leer con nosotros unos versos.
Y eres también esta tenaz y leve
melancolía que sus pasos mueve
sobre mi corazón,
y casi no es
melancolía...
Alguna vez yo tuve
tu rostro y tus palabras...
¡Hoy no sé qué se hicieron!
Hoy eres solamente
esas pequeñas cosas que se llaman
un día, un libro, el lento
caminar de la mano de la estrella,
y a veces, -pocas veces-, el silencio
fijándome los ojos desolados
en un sitio del aire, como ciegos...
Yo se que estás lejano de mi límite.
Que ya no eres ni la voz ni el eco...
si por el cauce de mi sangre subes,
llegas, vano fantasma, hasta mi sueño.
Y te quiero mirar, y es esta tarde
dorada, que ya dije,
lo que encuentro...
La tarde que tenía un campanario
entre los dedos
y una humana dulzura en la manera
de entendernos...
Tú ya no tienes rostro.
Ya no eres.
Tú ya no tienes rostro en mi recuerdo. Eres,
nada más, la dorada tarde aquella
en que la primavera se detuvo
a leer con nosotros unos versos.
Y eres también esta tenaz y leve
melancolía que sus pasos mueve
sobre mi corazón,
y casi no es
melancolía...
Alguna vez yo tuve
tu rostro y tus palabras...
¡Hoy no sé qué se hicieron!
Hoy eres solamente
esas pequeñas cosas que se llaman
un día, un libro, el lento
caminar de la mano de la estrella,
y a veces, -pocas veces-, el silencio
fijándome los ojos desolados
en un sitio del aire, como ciegos...
Yo se que estás lejano de mi límite.
Que ya no eres ni la voz ni el eco...
si por el cauce de mi sangre subes,
llegas, vano fantasma, hasta mi sueño.
Y te quiero mirar, y es esta tarde
dorada, que ya dije,
lo que encuentro...
La tarde que tenía un campanario
entre los dedos
y una humana dulzura en la manera
de entendernos...
Tú ya no tienes rostro.
Ya no eres.
Meira Delmar
No Es El Amor Quien Muere...
No es el amor quien muere,
somos nosotros mismos.
Inocencia primera
Abolida en deseo,
Olvido de sí mismo en otro olvido,
Ramas entrelazadas,
¿Por qué vivir si desaparecéis un día?
Solo vive quien mira
Siempre ante sí los ojos de su aurora,
Solo vive quien besa
Aquel cuerpo de ángel que el amor levantara.
Fantasmas de la pena,
A lo lejos, los otros,
Los que ese amor perdieron,
Como un recuerdo en sueños,
Recorriendo las tumbas
Otro vacío estrechan.
Por allá van y gimen,
Muertos en pie, vidas tras de la piedra,
Golpeando la impotencia,
Arañando la sombra
Con inútil ternura.
No, no es el amor quien muere.
No es el amor quien muere,
somos nosotros mismos.
Inocencia primera
Abolida en deseo,
Olvido de sí mismo en otro olvido,
Ramas entrelazadas,
¿Por qué vivir si desaparecéis un día?
Solo vive quien mira
Siempre ante sí los ojos de su aurora,
Solo vive quien besa
Aquel cuerpo de ángel que el amor levantara.
Fantasmas de la pena,
A lo lejos, los otros,
Los que ese amor perdieron,
Como un recuerdo en sueños,
Recorriendo las tumbas
Otro vacío estrechan.
Por allá van y gimen,
Muertos en pie, vidas tras de la piedra,
Golpeando la impotencia,
Arañando la sombra
Con inútil ternura.
No, no es el amor quien muere.
Luis Cernuda
Y ahí está ella
pensando en lo que un día fue
en el pasado que no será más que un recuerdo
un recuerdo que se perderá en el olvido.
Y ahí está ella
llenando su vacío con recuerdos de su amor
intentando rescatar los buenos momentos
esos que no se repiten y que no volverán.
Ella no se siente mucho mejor
pero prefiere estar llena de recuerdos que de nada
ya sabe como se siente
y cree no ser capaz de soportarlo.
Y ahí está ella, como si no estuviera
parece que está viva, pero por dentro está casi muerta
siente un dolor punzante, que le quita las ganas de todo
las ganas de vivir.
Y se encara con la realidad
con la imagen imaginaria de su amor y el origen de su dolor,
"Pienso en ti cada día, sin poder evitarlo
termino presa de tu recuerdo,
y sin darme cuenta, me sumerjo en un mar de lágrimas
lágrimas que conducen al fondo de mi alma,
aunque ahí ya no queda nada
todo está vacío, cubierto de una oscuridad fría y pétrea
donde ya no hay ninguna chispa de luz,de vida
donde ya no queda nada más que la esperanza rota de que estaríamos juntos, donde ya no me encuentro ni a mí misma, donde al final no quedó nada ni de ti y ni de mi."
pensando en lo que un día fue
en el pasado que no será más que un recuerdo
un recuerdo que se perderá en el olvido.
Y ahí está ella
llenando su vacío con recuerdos de su amor
intentando rescatar los buenos momentos
esos que no se repiten y que no volverán.
Ella no se siente mucho mejor
pero prefiere estar llena de recuerdos que de nada
ya sabe como se siente
y cree no ser capaz de soportarlo.
Y ahí está ella, como si no estuviera
parece que está viva, pero por dentro está casi muerta
siente un dolor punzante, que le quita las ganas de todo
las ganas de vivir.
Y se encara con la realidad
con la imagen imaginaria de su amor y el origen de su dolor,
"Pienso en ti cada día, sin poder evitarlo
termino presa de tu recuerdo,
y sin darme cuenta, me sumerjo en un mar de lágrimas
lágrimas que conducen al fondo de mi alma,
aunque ahí ya no queda nada
todo está vacío, cubierto de una oscuridad fría y pétrea
donde ya no hay ninguna chispa de luz,de vida
donde ya no queda nada más que la esperanza rota de que estaríamos juntos, donde ya no me encuentro ni a mí misma, donde al final no quedó nada ni de ti y ni de mi."
lyricalgirl
El amor es el susurro del alma ,es la tempestad en medio de calma , es el recuerdo en medio del olvido , es el secreto cuando todo sean ido.
Maria feliz
Arte Menor
1
Su boca es como un verso.
Es de música y viene
desde el recuerdo.
2
Es falso que el recuerdo
sea la vida.
La vida es otra cosa
más retorcida.
3
En la calle del Olvido
me prometía
una noche a su vera.
Aún espero ese día.
4
La niña del joyero
no se desnuda
si a traducir a César
no se le ayuda.
La tarde aquella
La guerra de las Galias
libré con ella.
5
Se quitaba las medias
mientras decía
que su novio era alférez
de Infantería.
6
Olvera de atardecida.
Por sus calles vagan galgos
como fantasmas. Y la vida
tiene un algo de galgo
fantasmal, crepuscular,
en la Olvera atardecida.
7
En el amor vale menos
el presente que el pasado,
y el mismo amor pesa menos
que los celos.
8
Pero valen
más que el pasado y los celos,
pesan más que el mismo amor,
las noches en el recuerdo.
9
Calle del Conde Negro,
fui sin navaja.
Me asaltaron los otros.
Perdí la plata.
10
La miraba en el bar
y me miraba
con ojos que decían
«No me haces falta»
Porque es artista
y además tiene un novio
surrealista.
De «Vidas improbables»
("Miguel Fonseca, poeta tradicional")
1
Su boca es como un verso.
Es de música y viene
desde el recuerdo.
2
Es falso que el recuerdo
sea la vida.
La vida es otra cosa
más retorcida.
3
En la calle del Olvido
me prometía
una noche a su vera.
Aún espero ese día.
4
La niña del joyero
no se desnuda
si a traducir a César
no se le ayuda.
La tarde aquella
La guerra de las Galias
libré con ella.
5
Se quitaba las medias
mientras decía
que su novio era alférez
de Infantería.
6
Olvera de atardecida.
Por sus calles vagan galgos
como fantasmas. Y la vida
tiene un algo de galgo
fantasmal, crepuscular,
en la Olvera atardecida.
7
En el amor vale menos
el presente que el pasado,
y el mismo amor pesa menos
que los celos.
8
Pero valen
más que el pasado y los celos,
pesan más que el mismo amor,
las noches en el recuerdo.
9
Calle del Conde Negro,
fui sin navaja.
Me asaltaron los otros.
Perdí la plata.
10
La miraba en el bar
y me miraba
con ojos que decían
«No me haces falta»
Porque es artista
y además tiene un novio
surrealista.
De «Vidas improbables»
("Miguel Fonseca, poeta tradicional")
Felipe BenÃtez Reyes
Tu eres lo mas especial en mi vida, sin ti no soy nada, todos los días me levanto y al pensar en ti me animo, tu eres ese recuerdo que no olvido, tu le diste vida a mi vida... Mami te quiero!
Oscar Reyes Areche
Fría noche traicionera, me espera desnuda oscura embostera. Camino ciego, atrapa y ciega. Desvelo de mi olvido, invaden la frialdad del pensamiento que sin razón sigue pensando en la demora. El instante cambia, se transforma pero el recuerdo tuyo no me abandona"
Judit Guadalupe
Te espero; hace más de un año que te fuiste, dejandome el recuerdo del sabor desabrido de un rancio limón. Y yo queriendote querer, quedarme contigo, los dos, y tu no... Pero ya no estabas aquí, solo quedaba aquel recuerdo amargo, entonces, te supuse olvidada. Ahora te consiento en mis sueños y lloro tu ausencia. Quiero volver, aunque me fui. Quiero acabar lo poco que quedo y olvidar tu recuerdo, para poder mirarte a los ojos, por los que aún veo... borroso. Intento buscar y largarme con cualquiera que se parezca a ti, pero estoy más triste que nunca y te siento más cerca aunque no estes aquí.
Ya no tomo en los bares, no hago nada en exceso, ya no lloro como antes, y empero el dolor de tu ausencia en mi alma insiste en no largarse como tu lo hiciste. Tu, la que querias quedarte a mi lado, cuando nos la jugo la vida, tu me la jugaste a mi, sin mirarme a los ojos y explicare por qué, el fin; y si supieras como te echo de menos cuando aprieta el frio, cuando nada es mio.
Hace más de un año que te fuiste y hoy que estoy más triste que nunca, por fin comprendí, que los días en que podia tomar decisiones en nombre de mi corazón eran días idos y que por gritar al filo de la aurora no se me olvida que no puedo olvidarte y me sentí abandonado a una suerte, que a pesar de mis errores, no creía merecer, y sabiendo que jamás nos vamos a perdonar lo que pasó te espero. Mientras tanto,me cuentan que el olvido no te sienta tan mal.
Y tu que no me querías cerca me ofreces quedarme contigo, y Yo, que deje de sufrir por lo inevitable supuse que acepte al prolongar mi silencio, ante tu propuesta. Que va!!!; es más maravilloso sentirte aunque no estés. Así, te recuerdo amorosa, por qué para que dormir contigo, si ya no estamos juntos, si no es lo mismo venir, que irse llorando.
Ya no tomo en los bares, no hago nada en exceso, ya no lloro como antes, y empero el dolor de tu ausencia en mi alma insiste en no largarse como tu lo hiciste. Tu, la que querias quedarte a mi lado, cuando nos la jugo la vida, tu me la jugaste a mi, sin mirarme a los ojos y explicare por qué, el fin; y si supieras como te echo de menos cuando aprieta el frio, cuando nada es mio.
Hace más de un año que te fuiste y hoy que estoy más triste que nunca, por fin comprendí, que los días en que podia tomar decisiones en nombre de mi corazón eran días idos y que por gritar al filo de la aurora no se me olvida que no puedo olvidarte y me sentí abandonado a una suerte, que a pesar de mis errores, no creía merecer, y sabiendo que jamás nos vamos a perdonar lo que pasó te espero. Mientras tanto,me cuentan que el olvido no te sienta tan mal.
Y tu que no me querías cerca me ofreces quedarme contigo, y Yo, que deje de sufrir por lo inevitable supuse que acepte al prolongar mi silencio, ante tu propuesta. Que va!!!; es más maravilloso sentirte aunque no estés. Así, te recuerdo amorosa, por qué para que dormir contigo, si ya no estamos juntos, si no es lo mismo venir, que irse llorando.
Carlos Ariel Garrido Mendoza
El ultimo de dolicion (new word)
Perdon, se me había olvidado darte las gracias,
Si contigo apendi bastante,
Aprendi que soy muy tolerante,
Que tus verdades siguen siendo falacias,
Si se me olvido agradecerte,
Por que nadie me ha hecho llorar como tu,
Nadie me a lastimado con saña
Por que he descubierto que soy mas fuerte que tu.
Disculpame por no darte lo que mereces,
Pues destruiste mi autoestima,
Me dejaste sin nada,
Perdona por no ser lo que mereces.
Recuerdo que alguna vez dijiste
Que tu eras demaciado para mi,
Tenias razon,
Por que no late por dos mi corazon,
No tengo la fortaleza para llevarte en mi espalda
No consibo una vida remendando tus errores
Y No pretendo vivir de iluciones,
Y sobre todo no puedo vivir enclaustrada en la mediocridad.
Como ha pasado el tiempo,
Somos tan difentes,
Por eso ahora me atrevo a agradarte
Por todos tus errores.
Gracias por ti soy mas fuerte
Soy mas inteligente
Mas fria, mas valiente,
Soy una mujer de provecho,
Soy la mujer que presentarias a tu madre,
Soy a la que amarias toda la noche,
soy aquella que nadie sueña con tener
pero con la que inicias y terminas tu vida,
no soy mas que tu ni mejor que nadie.
Perdon, se me había olvidado darte las gracias,
Si contigo apendi bastante,
Aprendi que soy muy tolerante,
Que tus verdades siguen siendo falacias,
Si se me olvido agradecerte,
Por que nadie me ha hecho llorar como tu,
Nadie me a lastimado con saña
Por que he descubierto que soy mas fuerte que tu.
Disculpame por no darte lo que mereces,
Pues destruiste mi autoestima,
Me dejaste sin nada,
Perdona por no ser lo que mereces.
Recuerdo que alguna vez dijiste
Que tu eras demaciado para mi,
Tenias razon,
Por que no late por dos mi corazon,
No tengo la fortaleza para llevarte en mi espalda
No consibo una vida remendando tus errores
Y No pretendo vivir de iluciones,
Y sobre todo no puedo vivir enclaustrada en la mediocridad.
Como ha pasado el tiempo,
Somos tan difentes,
Por eso ahora me atrevo a agradarte
Por todos tus errores.
Gracias por ti soy mas fuerte
Soy mas inteligente
Mas fria, mas valiente,
Soy una mujer de provecho,
Soy la mujer que presentarias a tu madre,
Soy a la que amarias toda la noche,
soy aquella que nadie sueña con tener
pero con la que inicias y terminas tu vida,
no soy mas que tu ni mejor que nadie.
fyaal
mi delirio es pensarte y no poder tenerte serà que algún día el mar del olvido se llevara tu recuerdo que me lastima por dentro, que me mata cuando miro tus ojos al saber que tu pensamiento no esta conmigo....
jess
AME A ESE HOMBRE MAS QUE A MI VIDA LE DI TODO LO QUE YO TENIA Y EL SOLAMENTE SE BURLO DE MI AUN AHORA DESPUES DE TANTO TIEMPO NO COMPRENDO QUE FUE LO QUE PASO LE DI MI AMOR ENTERO LE DI TAMBIEN MI CORAZON SERIA TAL VEZ ESO LO QUE AL FIN LO ALEJO DE MI? HAN PASADO MUCHOS AÑOS Y AUN NO ME OLVIDO DE EL FUE TAN INPORTANTE EN MI VIDA QUE LO RECUERDO COMO SI FUERA LA PRIMERA VEZ ...
almitachikita
basta verte en sueños para inspirarme,
pero en vida me haces falta y aborreszco tu silencio
a distancia dices que lo nuestro es hermoso
pero no eres sincera y estoy harto de esperarte.
siento que por ti estoy condenado,
y siempre estoy en constante sufrimiento,
aunque veo mi pasado y se cuanto te quiero,
ya no siento necesidad de esperarte.
por nuevos mundos ire viajando,
ya no necesito torpes consejos
ahora camino por mi propio sendero.
aunque me duele dejarte, ya no te espero,
cuando te fuiste solo dejaste un recuerdo en silencio
tu esencia no es olvido y me duele aceptar que te quiero..
pero en vida me haces falta y aborreszco tu silencio
a distancia dices que lo nuestro es hermoso
pero no eres sincera y estoy harto de esperarte.
siento que por ti estoy condenado,
y siempre estoy en constante sufrimiento,
aunque veo mi pasado y se cuanto te quiero,
ya no siento necesidad de esperarte.
por nuevos mundos ire viajando,
ya no necesito torpes consejos
ahora camino por mi propio sendero.
aunque me duele dejarte, ya no te espero,
cuando te fuiste solo dejaste un recuerdo en silencio
tu esencia no es olvido y me duele aceptar que te quiero..
Jesús Noriega
Acabose
Cual saetas crepitantes
Un recuerdo latente
De aquellos instantes
En el que las palabras nos destruyeron
Y cual viento…
Mis versos se perdieron
En la inmensidad del cielo
Todo ahogado, embotado, hastiado
Como una pesadilla…obnubilado
Despejando estas dudas
Muriendo las esperanzas
Ante el indolente palpitar del tiempo
Que atropella y no perdona
Y que solo hace sentir su silencio
Y te resistes…Y callas
Y finges más… ¿hipocresía?
Un torrente
Una arteria que revienta
Cataratas incontenibles
Agua amarga desenfrenada
Buscas el olvido, hallas el vacío
Tu droga es el recuerdo
La noche tu martirio
Eres el remedio
Yo herida abierta
Y nosotros un “simple sueño”
Cual saetas crepitantes
Un recuerdo latente
De aquellos instantes
En el que las palabras nos destruyeron
Y cual viento…
Mis versos se perdieron
En la inmensidad del cielo
Todo ahogado, embotado, hastiado
Como una pesadilla…obnubilado
Despejando estas dudas
Muriendo las esperanzas
Ante el indolente palpitar del tiempo
Que atropella y no perdona
Y que solo hace sentir su silencio
Y te resistes…Y callas
Y finges más… ¿hipocresía?
Un torrente
Una arteria que revienta
Cataratas incontenibles
Agua amarga desenfrenada
Buscas el olvido, hallas el vacío
Tu droga es el recuerdo
La noche tu martirio
Eres el remedio
Yo herida abierta
Y nosotros un “simple sueño”
Diego E. Loayza G.
Ojos cerrados por el ayer
Será el olvido que se acrecienta día a día,
en un mar caminando por esos ayeres de huella marcada,
que ahora resucita para que el cuerpo sea varado
muy,pero muy de madrugada,en playas del recuerdo,
perdiéndose el olvido en los ayeres brumosos.
O será que mis ojos todavía cerrados
no son capaces de mirar,buscando ese amor no hallado,
buscando y hallando al par,
mujer idealizada en ensueños...
Será el olvido que se acrecienta día a día,
en un mar caminando por esos ayeres de huella marcada,
que ahora resucita para que el cuerpo sea varado
muy,pero muy de madrugada,en playas del recuerdo,
perdiéndose el olvido en los ayeres brumosos.
O será que mis ojos todavía cerrados
no son capaces de mirar,buscando ese amor no hallado,
buscando y hallando al par,
mujer idealizada en ensueños...
Miguel Visurraga Sosa
Despertar
y en el despertar de un sueño prohibido
mi piel a su piel se muere por ceder,
y en el despertar de un momento vivido
las ganas de ser no me dejan perecer
pero la noche me abruma
entre un corazon arrugado,
y el amor despilfarrado...
de una muerte vuelta traición
me miro aqui en la miseria,
me miro aqui en el temor,
la mano del posible hubiera
un crimen vuelto perdón
dos personalidades,
dos epocas de un ayer,
dos maneras de intentar olvidar
¿alguna es viable?... tal vez
las sonrisas amarillentas
de un vivir putrefacto,
y mis manos sedientas
de tu piel y tu tacto
angustia, ego,
temor y suicidio
ideas conjuntas
que no se apegan al olvido
y en un final sin punto,
mi corazon agusanado,
se ve desterrado...
por el amor jamás profesado
mi muerte habria de curar penas,
y mi orgullo fallecido,
victima en un delirio pérdido
de la falsa realidad
un burro entendiendo de razones
una cabra alimentando ilusiones
mas el estrupor de mi seduccion
se me pierde...
y las ganas de la cama
ya no ceden...
tus brazos en mi pecho
mi pecho en tu ilusión
la ilusion entre tu espalda,
y en tu espalda aquel adios...
ese adios entre tus piernas...
andando sin temor
nuestras piernas del abrazo
víctimas ahora del dolor y la frustracion,
buscarte podría entre mis letras
y amarte en el vacío de la voz
haría el amor si puediera...
con tu recuerdo y mi pasión,
mi mente hechizada
por el delirio del cuerpo
¡me seducen las canciones!
y entre tantos pecadores,
me siento la salvadora de este corazon
que a tu adios dejo un olvido
y en el olvido mi pudor
una marcha, un perdón
en el perdón mi desición
y ante tanta banalidad
¡hacer tu amor en mi amor!,
y tu gracia en mi desdicha
¡hacer recuerdos del cielo!
asfixiando la malicia
y en el despertar de un sueño prohibido
mi piel a su piel se muere por ceder,
y en el despertar de un momento vivido
las ganas de ser no me dejan perecer
pero la noche me abruma
entre un corazon arrugado,
y el amor despilfarrado...
de una muerte vuelta traición
me miro aqui en la miseria,
me miro aqui en el temor,
la mano del posible hubiera
un crimen vuelto perdón
dos personalidades,
dos epocas de un ayer,
dos maneras de intentar olvidar
¿alguna es viable?... tal vez
las sonrisas amarillentas
de un vivir putrefacto,
y mis manos sedientas
de tu piel y tu tacto
angustia, ego,
temor y suicidio
ideas conjuntas
que no se apegan al olvido
y en un final sin punto,
mi corazon agusanado,
se ve desterrado...
por el amor jamás profesado
mi muerte habria de curar penas,
y mi orgullo fallecido,
victima en un delirio pérdido
de la falsa realidad
un burro entendiendo de razones
una cabra alimentando ilusiones
mas el estrupor de mi seduccion
se me pierde...
y las ganas de la cama
ya no ceden...
tus brazos en mi pecho
mi pecho en tu ilusión
la ilusion entre tu espalda,
y en tu espalda aquel adios...
ese adios entre tus piernas...
andando sin temor
nuestras piernas del abrazo
víctimas ahora del dolor y la frustracion,
buscarte podría entre mis letras
y amarte en el vacío de la voz
haría el amor si puediera...
con tu recuerdo y mi pasión,
mi mente hechizada
por el delirio del cuerpo
¡me seducen las canciones!
y entre tantos pecadores,
me siento la salvadora de este corazon
que a tu adios dejo un olvido
y en el olvido mi pudor
una marcha, un perdón
en el perdón mi desición
y ante tanta banalidad
¡hacer tu amor en mi amor!,
y tu gracia en mi desdicha
¡hacer recuerdos del cielo!
asfixiando la malicia
icspy
Sí quieres un recuerdo mío te daré mi dirección vivo en la calle del olvido y mi número es el amor sí doblas por el cariño llegaras a mi corazón
Ivon
el baúl del olvido
olvidar lo vivido.... ¿es demasiado pedir?
al tomar ese tren, el tren del olvido
me impondré nuevas metas y la primera
de ellas es amar mas que antes
vivir con mas intencidad
y no dar cabida alguna a comparación
contigo.
hacer que cada momento sea único, magico
y que sean tantos que no haya tiempo de
recordarte.
y así almacenar lo vivido
que tu recuerdo quede en el olvido
enterrado el el baúl viejo
de lo antes vivido.
donde no haya espacio
para perturbar mi mente
si bien es cierto que te ame con locura
hoy decidí olvidarte y caminar de frente
lograre cerrar esa página en mi vida
quemar el libro del sufrimiento
que tu adios me dejo
y que no daba cabida a un nuevo amor
hoy he comprendido que nunca fuiste para mi
que el amor contigo era solo frenesi
voy a quemar pues ese libro
y a dejarte en el olvido.
olvidar lo vivido.... ¿es demasiado pedir?
al tomar ese tren, el tren del olvido
me impondré nuevas metas y la primera
de ellas es amar mas que antes
vivir con mas intencidad
y no dar cabida alguna a comparación
contigo.
hacer que cada momento sea único, magico
y que sean tantos que no haya tiempo de
recordarte.
y así almacenar lo vivido
que tu recuerdo quede en el olvido
enterrado el el baúl viejo
de lo antes vivido.
donde no haya espacio
para perturbar mi mente
si bien es cierto que te ame con locura
hoy decidí olvidarte y caminar de frente
lograre cerrar esa página en mi vida
quemar el libro del sufrimiento
que tu adios me dejo
y que no daba cabida a un nuevo amor
hoy he comprendido que nunca fuiste para mi
que el amor contigo era solo frenesi
voy a quemar pues ese libro
y a dejarte en el olvido.
Nancy Vanessa Gonzalez Ortega
Ya no lloro,sobreviví a tu silencio,
y los caminos que pise deshechos quedaron,
ya no eres mi esencia,ya no respiro tu aire
q es solo letal veneno de cinismo,
ya ni siquiera estas en mis sueños.
Puedo estar sin ti,
ya no eres nada,solo vago recuerdo,
eres olvido...
y los caminos que pise deshechos quedaron,
ya no eres mi esencia,ya no respiro tu aire
q es solo letal veneno de cinismo,
ya ni siquiera estas en mis sueños.
Puedo estar sin ti,
ya no eres nada,solo vago recuerdo,
eres olvido...
Julián Giraldo
ESTAS CONMIGO
No entendí el porque ayer partiste
Haciéndome ver ya no te importaba
Dándome el adiós que no esperaba
Sin importarte me dejabas triste
Muy altiva recuerdo que saliste
Diciendo nada de mi necesitaba
por lo cual el olvido me dejaba
para que no dijera algo pediste
Nada pude decir por tu partida
aunque si me llene de sinsabores
ya que tu; eras el todo de mi vida
La cual sentido solo tuvo contigo
mientras tu tenias otros mejores
y hoy de nuevo estas conmigo.
No entendí el porque ayer partiste
Haciéndome ver ya no te importaba
Dándome el adiós que no esperaba
Sin importarte me dejabas triste
Muy altiva recuerdo que saliste
Diciendo nada de mi necesitaba
por lo cual el olvido me dejaba
para que no dijera algo pediste
Nada pude decir por tu partida
aunque si me llene de sinsabores
ya que tu; eras el todo de mi vida
La cual sentido solo tuvo contigo
mientras tu tenias otros mejores
y hoy de nuevo estas conmigo.
jureme
COSTUMBRES REPETIDAS
Te pienso clandestinamente, es un secreto guardado en lo profundo de esos recuerdos que suelen despertarse después de haber soñado lo que no fue, me pasa cuando algunas voces me preguntan en que pienso y niego haberme ido hasta ese lugar al que cada tanto regreso, algo de vos se quedo entre las arrugas de alguna prenda que cuando me viste te recuerda, lugares de los que no supe irme o tal vez no quise para saber donde estuviste, donde estoy.
Te recuerdo cada tanto en lugares sin formas donde imagino cruzarnos y mirarnos sin que nadie advierta que nos vimos, imperceptibles sonidos en mis oídos parecieran decirme que mi nombre acaba de salir de tu boca y entonces mis recuerdos vuelven a soñar historias que me cuento para dormirme despierto y simular que estoy cuando me fui, te evoco cuando la vida me huele a ausencias, cuando quienes están no me advierten, me despierto cuando no olvido que fuiste un pedazo de mi vida que ha sabido sin la mía vivir.
Te pienso clandestinamente, es un secreto guardado en lo profundo de esos recuerdos que suelen despertarse después de haber soñado lo que no fue, me pasa cuando algunas voces me preguntan en que pienso y niego haberme ido hasta ese lugar al que cada tanto regreso, algo de vos se quedo entre las arrugas de alguna prenda que cuando me viste te recuerda, lugares de los que no supe irme o tal vez no quise para saber donde estuviste, donde estoy.
Te recuerdo cada tanto en lugares sin formas donde imagino cruzarnos y mirarnos sin que nadie advierta que nos vimos, imperceptibles sonidos en mis oídos parecieran decirme que mi nombre acaba de salir de tu boca y entonces mis recuerdos vuelven a soñar historias que me cuento para dormirme despierto y simular que estoy cuando me fui, te evoco cuando la vida me huele a ausencias, cuando quienes están no me advierten, me despierto cuando no olvido que fuiste un pedazo de mi vida que ha sabido sin la mía vivir.
Gustavo Sampayo
En la vida es más importante perder que ganar. La simiente no germina si no muere. Hay que vivir sin dejarse llevar, mirar hacia adelante y alimentarse de aquellas provisiones vivas que tanto el olvido como el recuerdo elaboran.
BorÃs Pasternak
Milly o la tierra natal
¿Por qué, pues, pronunciar ese nombre de patria?
En su exilio brillante se estremece mi pecho
y resuena de lejos en el alma afligida
como lo hacen los pasos o la voz de un amigo.
¡Oh montañas veladas por la niebla de otoño,
valles que entapizaban las escarchas del alba,
sauces cuya corona deshojaba la poda,
viejas torres doradas por el sol de la tarde,
muros negros del tiempo, lomas, cuestas abruptas,
manantial donde van a beber los pastores,
gota a gota esperando aguas raras y límpidas,
con sus urnas dispuestas mientras hablan del día!
Choza que hace brillar el fulgor de la lumbre
y que amaba el viajero por humear a lo lejos,
sólo objetos, ¿o acaso tenéis alma también
que se pega a nuestra alma y a la fuerza de amar?
Yo vi cielos azules cuya noche es sin brumas,
toda de oro hasta el alba bajo un brillo de estrellas
que en su curva infinita redondeaban la cúpula
de cristal que jamás ha empañado algún viento.
Y vi montes cargados de limones y olivas
reflejar en las aguas sus inquietos perfiles;
y en sus valles profundos al impulso del céfiro
balancearse la espiga y la cepa madura;
en los mares que apenas son un leve murmullo
vi del agua luciente la ondulante cintura
apretando y soltando en sus pliegues azules
de sus riscos mellados los contornos inciertos
extenderse en el golfo como mantos de luz,
y blanqueando el escollo con sus flores de espuma
llevar hasta lo lejos de un poniente rojizo
islas» que eran el lecho como de oro del sol;
allí abriéndose a mí me mostraban sin límite
todo un mar infinito donde habita el misterio;
vi las cumbres altivas, cual del aire pirámides,
donde estío fundía el abrigo invernal,
descendiendo en peldaños hasta el fondo de valles
con laderas pobladas por aldeas y frondas,
con picachos y rocas que se yerguen, bajando
en pendientes de hierba para huir deslizándose,
mientras curvas humeantes, con un ruido de trueno
sus torrentes de espuma y sus ríos en polvo,
en sus flancos que son ya de luz ya de sombra,
con oleadas oscuras y con islas radiantes,
se ven valles profundos caros al soñador,
ascendiendo, bajando y ascendiendo otra vez,
y allí desde la raíz de sus amplias murallas,
entre abetos y robles por la tierra esparcidos,
en los lagos o espejos que a su sombra dormitan
dar sus verdes reflejos o su imagen oscura,
y en el tibio azul claro de estas límpidas aguas
ser la nieve un temblor y algo fluido los cerros.
Visité esas orillas y ese albergue divino
que la sombra del vate eligió como tumba,
esos campos que pudo la Sibila-" mostrarle,
y el Elíseo y Cumas; y a pesar de todo eso
no está allí el corazón...
Pero existe también una estéril montaña
que no tiene ni bosques ni hontanares, con una
cumbre humilde minada por la acción de los años,
que por su propio peso día a día se inclina
y que pierde su tierra derramada en barrancos
conservando un boj seco de raíz descarnada,
con roquedos a punto de caer si los pisa
con su pata ligera algún chivo nervioso.
Con el tiempo esos restos al caer han formado
como un cerro que mengua y que va escalonándose
hasta muros que sirven de pared protectora
a unos campos avaros que ha regado el sudor;
unas cepas con brazos que no encuentran sus arces
por la tierra serpean o en la arena se arrastran,
y hay zarzales en donde el zagal de la aldea
coge un fruto olvidado que disputa a los pájaros;
allí ovejas escuálidas de las chozas vecinas
ramonean dejando entre espinos su lana.
Lugar donde la música de las aguas de estío
o el temblor del follaje que sacuden las brisas
o los himnos que entrega el ruiseñor a los aires,
no conmueven el pecho ni el oído seducen,
sino que bajo un cielo que es de bronce perpetuo
la cigarra ensordece con su grito escondido.
Hay en estos desiertos una rústica casa
que recibe tan sólo de este monte la sombra,
con paredes golpeadas por la lluvia y los vientos,
con los musgos antiguos ocultando su edad.
En su umbral pueden verse tres peldaños de piedra
y allí puso el azar de una yedra las raíces
que mezclando cien veces sus enredos de nudos
con sus brazos esconde las injurias del tiempo,
y curvando en un arco sus volutas agrestes
es el único adorno de aquel rústico porche.
Un jardín que desciende por el flanco de un cerro
muestra cara al poniente un sediento arenal.
No sujeta, la piedra que el invierno ha tiznado
es el triste jalón del recinto minúsculo.
Esa tierra que hieren las azadas exhibe
sus entrañas desnudas de la hierba y la sombra;
ni esmaltadas alfombras ni el verdor hecho bóveda,
ni un arroyo en los bosques, ni frescor ni murmullo;
solamente seis tilos que el arado olvidó,
con un poco de hierba extendida a sus pies
dan en tiempo de otoño sombra tibia y escasa,
que es más grata a la frente bajo un cielo tan duro;
árboles que en sus frondas, en mi infancia feliz,
albergaron los sueños más hermosos que tuve.
En aquellos lugares que suspiran por agua
hay un pozo en la roca que el frescor nos esconde,
y allí el viejo, después, de muy largos esfuerzos,
mientras gime descansa su urna sobre el brocal;
la era donde el mayal sobre tierra pisada
bate rítmicamente las dispersas gavillas,
y la blanca paloma y el humilde gorrión
se disputan la espiga que el rastrillo olvidó;
y esparcidas por tierra, herramientas del campo,
yugos rotos y carros que duermen bajo porches,
ejes ya sin los rayos que quebró la rodada,
y la reja inservible que embotaron los surcos.
Nada alivia la vista de su estéril prisión,
ni las cúpulas áureas de soberbias ciudades,
ni la senda de polvo, ni a lo lejos un no,
ni los blancos tejados a la luz de la aurora.
Solamente esparcidos de distancia en distancia
los refugios agrestes que los pobres habitan,
junto a sendas estrechas que dispuso el desorden,
con tejados de bálago y paredes ahumadas,
se ven donde el anciano que se sienta a la puerta,
en su cuna de juncos duerme al niño que llora.
¡Una tierra sin sombra, sin colores los cielos,
unos valles sin agua! ¡Y allí está el corazón!
Éstos son los lugares, los sagrados parajes
de los cuales el alma rememora la imagen,
y que forjan de noche mis ensueños más bellos
hechizando los ojos con antiguas visiones.
Allí cada momento, cada aspecto del monte,
cada ruido que se alza por la noche en los campos,
cada mes que retorna como un paso del tiempo,
y hace verdes o mustia esos bosques y prados,
y la luna que mengua o que crece en la sombra,
y la estrella que asciende por la oscura colina,
los rebaños del monte que la escarcha ha expulsado
y que vuelven al valle con su andar vacilante,
viento, espino florido, hierba verde o marchita,
y la reja en el surco y en los prados el agua,
todo me habla una lengua que resuena aquí dentro,
con palabras que entienden los sentidos y el alma:
resonancias, perfumes, tempestades y rayos,
y peñascos, torrentes, y esas dulces imágenes
y esos viejos recuerdos que en nosotros dormitan,
que un lugar nos conservan y devuelven más dulce.
Allí está el corazón que se vuelve a encontrar;
todo allí me recuerda, me conoce y me ama.
Allí abundan amigos en todo este horizonte,
en cada árbol releo una historia pasada
y también cada piedra tiene un nombre que es suyo;
«¿qué más da que este nombre, como Palmira o Tebas,»
no recuerde los fastos de un imperio grandioso
ni la sangre vertida a la voz de un tirano
o esos grandes que el hombre llama azotes de Dios?
El lugar cuya trama nos cautiva la mente,
que aún rebosa de fastos que no olvida nuestra alma,
me parece tan grande como el campo glorioso
que fue cuna o sepulcro de un imperio inseguro.
¡Nada es vil! ¡Nada es grande! Todo el alma lo mide.
Al nombrar una choza puede un pecho agitarse,
y sobre monumentos de los héroes y dioses
el pastor pasa y silba y desvía los ojos.
He aquí el banco rústico que servía a mi padre,
y la sala que oyó su voz fuerte y severa,
cuando aquí los pastores, en sus rejas sentados,
le contaban los surcos hechos en cada hora;
o tal vez palpitante de sus días de gloria
nos contaba la historia de los regios cadalsos;
y aún viviendo el combate en que había luchado,
al contarnos su vida la virtud enseñaba.
Y el vacío lugar en que siempre mi madre,
al suspiro más leve de su casa salía
para hacernos llevar o la lana o el pan,
y vestir la indigencia o dar vida al hambriento;
y aquí están las cabañas donde su mano amante
las heridas curaba con aceite y con miel,
y muy cerca del lecho del anciano expirante
no dejaba de abrir ese libro que da
todavía esperanza al que deja la vida,
recogiendo suspiros que eran casi estertores
y llevando hacia Dios su postrera ansiedad,
y cogiendo la mano del menor de nosotros,
a la viuda y al niño, de rodillas ante ella,
les decía enjugando de sus ojos las lágrimas:
«Os doy un poco de oro, devolvedlo en plegarias.»
Y el umbral a la sombra donde nos acunaba,
y la rama de higuera que curvaba su mano,
y el estrecho sendero que cuando las campanas
en el templo lejano atronaban el alba,
tras sus pasos subíamos al altar del Señor
con el fin de ofrecerle dos inciensos muy puros
que eran nuestra inocencia junto con nuestra dicha.
Y su voz aquí mismo, muy piadosa y solemne,
nos hablaba de un Dios que en la madre sentíamos,
señalando la espiga encerrada en su germen,
el racimo que daba su brebaje aromático,
la ternera" trocando plantas verdes en leche,
y la peña agrietada por manar de las fuentes,
y la lana de oveja que a las zarzas se roba
para así tapizar dulces nidos de pájaros,
y aquel sol siempre exacto en sus doce mansiones
repartiendo en su entorno estaciones y horas,
y esos astros nocturnos salvo a Dios incontables,
mundos que el pensamiento casi no osa escalar,
enseñaba la fe hija de agradecidos,
y hacía admirar a nuestra simple infancia
que el insecto invisible a los ojos y el astro
en los cielos tenían padre igual que nosotros.
Esos brezos y campos, esos prados y viñas
tienen muchos recuerdos y sus sombras amadas.
Aquí mismo jugaban mis hermanas, y el viento
las seguía jugando con sus rubios cabellos;
allí con los pastores en la cumbre del cerro
encendía fogatas con ramaje y espinos,
y mis ojos, pendientes de las llamas del fuego
las veían ondear horas y horas enteras.
Allí contra el furor del temible aquilón
este sauce vacío nos prestaba su tronco,
y yo oía silbar en su fronda ya muerta
brisas que aún rememora como música el alma.
Y aquí el álamo está, inclinado al abismo,
que en el tiempo de nidos nos mecía en su copa,
y el arroyo en los prados cuyas aguas dormidas
lentamente inundaban nuestras barcas de caña,
y la encina, la peña, el molino monótono,
y aquel muro que al sol, en los días de otoño,
me veía sentado, cerca de los ancianos,
contemplando el crepúsculo con atenta mirada.
Todo aún sigue en pie y en su sitio renace;
aún seguimos las huellas de mi andar por la arena;
sólo un corazón falta que lo pueda gozar.
¡Ay de mí! Que la luz disminuye y se pierde.
Como espigas en la era, dispersó la existencia
lejos de la paterna heredad a los hijos,
y a la madre también, y ese hogar tan amado
se parece a los nidos de los cuales ha huido
la veloz golondrina en los largos inviernos.
Ya la hierba que crece en las losas antiguas
borra en torno a los muros los senderos domésticos,
y la hiedra, flotando como un manto de luto,
cubre a medias la puerta y hasta invade el umbral.
Tal vez pronto... ¡Oh Dios mío, oh presagio funesto!,
tal vez pronto un extraño al que nadie conoce,
con el oro en la mano del lugar se hará dueño,
oh lugares que habitan, según nuestra memoria,
tantas sombras queridas, familiares, y entonces
todos nuestros recuerdos de las cunas y tumbas,
huirán a su voz igual que las palomas
echarán a volar de su nido en el árbol
de los bosques que el hacha abatió para siempre,
y que ya no sabrán donde van a posarse.
¡No permitas, Señor, tanto llanto y ofensa!
No toleres, Dios mío, que nuestra humilde herencia
pase de mano en mano a vil precio comprada,
como el techo de gentes que vivieron del vicio,
arruinados, o el campo que fue de unos proscritos.
Que un extraño avariento venga con paso altivo
y que pise el humilde surco que años atrás
fue también nuestra cuna sobre un campo de hierba,
a expoliar a los huérfanos, a contar sus monedas
donde sólo tenía la pobreza un tesoro,
blasfemando tu nombre aquí bajo estos pórticos
donde antaño mi madre enseñaba a la voz
de sus hijos los cánticos que exaltaban tu gloria.
Ah, prefiero cien veces que entregada a los vientos
penda roto el tejado sobre el muro decrépito;
que las flores mortuorias, los espinos, las malvas,
broten entre las ruinas de los atrios deshechos.
Que el lagarto dormido allí al sol se caliente,
que en las horas del sueño Filomela allí cante,
que el humilde gorrión y las fieles palomas
allí junten en paz bajo el ala a sus crías,
y que el ave del cielo tenga allí su nidada
donde antaño durmió la inocencia en su lecho.
Ah, si el número escrito por los altos destinos
alcanzara la edad de los blancos cabellos,
ojalá, feliz viejo, allí mengüen mis días
entre tales recuerdos de mis simples amores.
Y ojalá cuando sean los benditos tejados
y estos tristes escombros para mí solamente
todo un pueblo de sombras, ojalá pueda entonces
reencontrar en los nombres, en los mismos lugares,
tantos seres amados que los ojos no ven.
Y vosotros que acaso viviréis cuando yo
sea helada ceniza, si queréis dedicarme
algo grato al recuerdo, elevadme algún día...
Pero no, no elevéis nada que me recuerde;
sólo cerca del sitio donde duerme la humilde
esperanza de aquellos que llamamos cristianos,
en los campos cavadme ese lecho que quiero,
como el último surco donde va a germinar
otra vida. Extended sobre mí un lecho herboso
que el cordero del pueblo ramonee en primavera,
donde todos los pájaros que años ha mis hermanas
consiguieron que fueran del lugar habitantes,
aquí acudan a amar y también a cantar
en mis noches tranquilas. Y para señalar
mi lugar de reposo, que despeñen rodando
de las altas montañas un fragmento de roca;
sobre todo que no haya un cincel que lo talle
ni que borre ese musgo de los días antiguos
que oscurece su cara, y que al paso de inviernos,
incrustado en la piedra, dé en sus letras vivientes
una fecha a sus años; y que no haya ni cifras
ni mi nombre grabado en tal página agreste.
Ante la eternidad toda edad se confunde,
y Aquel que con su voz a los muertos despierta,
aunque falte mi nombre sé que no va a olvidarme.
Allí bajo mis cielos, al pie de las colinas
que cubrieron antaño con sus sombras mi cuna,
junto al suelo natal, junto al aire y al sol,
con un sueño muy leve esperaré el despertar.
Mi ceniza mezclada con la tierra que me ama
volverá a tener vida incluso antes que el alma,
será verde en los prados y color en las flores,
en las noches de estío beberá los perfumes
y los llantos del aire; y al llegar de aquel día
que no tiene crepúsculo la primera centella
que podrá despertarme a la aurora sin fin,
cuando se abran los ojos volveré a ver lugares
que en mi vida adoré y que vi tantas veces,
nuestra aldea y sus piedras con el fiel campanario,
la montaña y el cauce seco de este torrente,
y los campos resecos; y juntando ante mí
con la nueva mirada tantos seres queridos,
cuya sombra dormía aquí cerca entre escombros,
mis hermanas, un padre y una madre que es alma,
no dejando cenizas que conserve la tierra,
igual que el viajero desembarca y dirige
al navío miradas en las que hay gratitud,
nuestras voces dirán al unísono entonces
a todo este lugar que rebosa delicias
nuestro único adiós ya sin mezcla de lágrimas.
¿Por qué, pues, pronunciar ese nombre de patria?
En su exilio brillante se estremece mi pecho
y resuena de lejos en el alma afligida
como lo hacen los pasos o la voz de un amigo.
¡Oh montañas veladas por la niebla de otoño,
valles que entapizaban las escarchas del alba,
sauces cuya corona deshojaba la poda,
viejas torres doradas por el sol de la tarde,
muros negros del tiempo, lomas, cuestas abruptas,
manantial donde van a beber los pastores,
gota a gota esperando aguas raras y límpidas,
con sus urnas dispuestas mientras hablan del día!
Choza que hace brillar el fulgor de la lumbre
y que amaba el viajero por humear a lo lejos,
sólo objetos, ¿o acaso tenéis alma también
que se pega a nuestra alma y a la fuerza de amar?
Yo vi cielos azules cuya noche es sin brumas,
toda de oro hasta el alba bajo un brillo de estrellas
que en su curva infinita redondeaban la cúpula
de cristal que jamás ha empañado algún viento.
Y vi montes cargados de limones y olivas
reflejar en las aguas sus inquietos perfiles;
y en sus valles profundos al impulso del céfiro
balancearse la espiga y la cepa madura;
en los mares que apenas son un leve murmullo
vi del agua luciente la ondulante cintura
apretando y soltando en sus pliegues azules
de sus riscos mellados los contornos inciertos
extenderse en el golfo como mantos de luz,
y blanqueando el escollo con sus flores de espuma
llevar hasta lo lejos de un poniente rojizo
islas» que eran el lecho como de oro del sol;
allí abriéndose a mí me mostraban sin límite
todo un mar infinito donde habita el misterio;
vi las cumbres altivas, cual del aire pirámides,
donde estío fundía el abrigo invernal,
descendiendo en peldaños hasta el fondo de valles
con laderas pobladas por aldeas y frondas,
con picachos y rocas que se yerguen, bajando
en pendientes de hierba para huir deslizándose,
mientras curvas humeantes, con un ruido de trueno
sus torrentes de espuma y sus ríos en polvo,
en sus flancos que son ya de luz ya de sombra,
con oleadas oscuras y con islas radiantes,
se ven valles profundos caros al soñador,
ascendiendo, bajando y ascendiendo otra vez,
y allí desde la raíz de sus amplias murallas,
entre abetos y robles por la tierra esparcidos,
en los lagos o espejos que a su sombra dormitan
dar sus verdes reflejos o su imagen oscura,
y en el tibio azul claro de estas límpidas aguas
ser la nieve un temblor y algo fluido los cerros.
Visité esas orillas y ese albergue divino
que la sombra del vate eligió como tumba,
esos campos que pudo la Sibila-" mostrarle,
y el Elíseo y Cumas; y a pesar de todo eso
no está allí el corazón...
Pero existe también una estéril montaña
que no tiene ni bosques ni hontanares, con una
cumbre humilde minada por la acción de los años,
que por su propio peso día a día se inclina
y que pierde su tierra derramada en barrancos
conservando un boj seco de raíz descarnada,
con roquedos a punto de caer si los pisa
con su pata ligera algún chivo nervioso.
Con el tiempo esos restos al caer han formado
como un cerro que mengua y que va escalonándose
hasta muros que sirven de pared protectora
a unos campos avaros que ha regado el sudor;
unas cepas con brazos que no encuentran sus arces
por la tierra serpean o en la arena se arrastran,
y hay zarzales en donde el zagal de la aldea
coge un fruto olvidado que disputa a los pájaros;
allí ovejas escuálidas de las chozas vecinas
ramonean dejando entre espinos su lana.
Lugar donde la música de las aguas de estío
o el temblor del follaje que sacuden las brisas
o los himnos que entrega el ruiseñor a los aires,
no conmueven el pecho ni el oído seducen,
sino que bajo un cielo que es de bronce perpetuo
la cigarra ensordece con su grito escondido.
Hay en estos desiertos una rústica casa
que recibe tan sólo de este monte la sombra,
con paredes golpeadas por la lluvia y los vientos,
con los musgos antiguos ocultando su edad.
En su umbral pueden verse tres peldaños de piedra
y allí puso el azar de una yedra las raíces
que mezclando cien veces sus enredos de nudos
con sus brazos esconde las injurias del tiempo,
y curvando en un arco sus volutas agrestes
es el único adorno de aquel rústico porche.
Un jardín que desciende por el flanco de un cerro
muestra cara al poniente un sediento arenal.
No sujeta, la piedra que el invierno ha tiznado
es el triste jalón del recinto minúsculo.
Esa tierra que hieren las azadas exhibe
sus entrañas desnudas de la hierba y la sombra;
ni esmaltadas alfombras ni el verdor hecho bóveda,
ni un arroyo en los bosques, ni frescor ni murmullo;
solamente seis tilos que el arado olvidó,
con un poco de hierba extendida a sus pies
dan en tiempo de otoño sombra tibia y escasa,
que es más grata a la frente bajo un cielo tan duro;
árboles que en sus frondas, en mi infancia feliz,
albergaron los sueños más hermosos que tuve.
En aquellos lugares que suspiran por agua
hay un pozo en la roca que el frescor nos esconde,
y allí el viejo, después, de muy largos esfuerzos,
mientras gime descansa su urna sobre el brocal;
la era donde el mayal sobre tierra pisada
bate rítmicamente las dispersas gavillas,
y la blanca paloma y el humilde gorrión
se disputan la espiga que el rastrillo olvidó;
y esparcidas por tierra, herramientas del campo,
yugos rotos y carros que duermen bajo porches,
ejes ya sin los rayos que quebró la rodada,
y la reja inservible que embotaron los surcos.
Nada alivia la vista de su estéril prisión,
ni las cúpulas áureas de soberbias ciudades,
ni la senda de polvo, ni a lo lejos un no,
ni los blancos tejados a la luz de la aurora.
Solamente esparcidos de distancia en distancia
los refugios agrestes que los pobres habitan,
junto a sendas estrechas que dispuso el desorden,
con tejados de bálago y paredes ahumadas,
se ven donde el anciano que se sienta a la puerta,
en su cuna de juncos duerme al niño que llora.
¡Una tierra sin sombra, sin colores los cielos,
unos valles sin agua! ¡Y allí está el corazón!
Éstos son los lugares, los sagrados parajes
de los cuales el alma rememora la imagen,
y que forjan de noche mis ensueños más bellos
hechizando los ojos con antiguas visiones.
Allí cada momento, cada aspecto del monte,
cada ruido que se alza por la noche en los campos,
cada mes que retorna como un paso del tiempo,
y hace verdes o mustia esos bosques y prados,
y la luna que mengua o que crece en la sombra,
y la estrella que asciende por la oscura colina,
los rebaños del monte que la escarcha ha expulsado
y que vuelven al valle con su andar vacilante,
viento, espino florido, hierba verde o marchita,
y la reja en el surco y en los prados el agua,
todo me habla una lengua que resuena aquí dentro,
con palabras que entienden los sentidos y el alma:
resonancias, perfumes, tempestades y rayos,
y peñascos, torrentes, y esas dulces imágenes
y esos viejos recuerdos que en nosotros dormitan,
que un lugar nos conservan y devuelven más dulce.
Allí está el corazón que se vuelve a encontrar;
todo allí me recuerda, me conoce y me ama.
Allí abundan amigos en todo este horizonte,
en cada árbol releo una historia pasada
y también cada piedra tiene un nombre que es suyo;
«¿qué más da que este nombre, como Palmira o Tebas,»
no recuerde los fastos de un imperio grandioso
ni la sangre vertida a la voz de un tirano
o esos grandes que el hombre llama azotes de Dios?
El lugar cuya trama nos cautiva la mente,
que aún rebosa de fastos que no olvida nuestra alma,
me parece tan grande como el campo glorioso
que fue cuna o sepulcro de un imperio inseguro.
¡Nada es vil! ¡Nada es grande! Todo el alma lo mide.
Al nombrar una choza puede un pecho agitarse,
y sobre monumentos de los héroes y dioses
el pastor pasa y silba y desvía los ojos.
He aquí el banco rústico que servía a mi padre,
y la sala que oyó su voz fuerte y severa,
cuando aquí los pastores, en sus rejas sentados,
le contaban los surcos hechos en cada hora;
o tal vez palpitante de sus días de gloria
nos contaba la historia de los regios cadalsos;
y aún viviendo el combate en que había luchado,
al contarnos su vida la virtud enseñaba.
Y el vacío lugar en que siempre mi madre,
al suspiro más leve de su casa salía
para hacernos llevar o la lana o el pan,
y vestir la indigencia o dar vida al hambriento;
y aquí están las cabañas donde su mano amante
las heridas curaba con aceite y con miel,
y muy cerca del lecho del anciano expirante
no dejaba de abrir ese libro que da
todavía esperanza al que deja la vida,
recogiendo suspiros que eran casi estertores
y llevando hacia Dios su postrera ansiedad,
y cogiendo la mano del menor de nosotros,
a la viuda y al niño, de rodillas ante ella,
les decía enjugando de sus ojos las lágrimas:
«Os doy un poco de oro, devolvedlo en plegarias.»
Y el umbral a la sombra donde nos acunaba,
y la rama de higuera que curvaba su mano,
y el estrecho sendero que cuando las campanas
en el templo lejano atronaban el alba,
tras sus pasos subíamos al altar del Señor
con el fin de ofrecerle dos inciensos muy puros
que eran nuestra inocencia junto con nuestra dicha.
Y su voz aquí mismo, muy piadosa y solemne,
nos hablaba de un Dios que en la madre sentíamos,
señalando la espiga encerrada en su germen,
el racimo que daba su brebaje aromático,
la ternera" trocando plantas verdes en leche,
y la peña agrietada por manar de las fuentes,
y la lana de oveja que a las zarzas se roba
para así tapizar dulces nidos de pájaros,
y aquel sol siempre exacto en sus doce mansiones
repartiendo en su entorno estaciones y horas,
y esos astros nocturnos salvo a Dios incontables,
mundos que el pensamiento casi no osa escalar,
enseñaba la fe hija de agradecidos,
y hacía admirar a nuestra simple infancia
que el insecto invisible a los ojos y el astro
en los cielos tenían padre igual que nosotros.
Esos brezos y campos, esos prados y viñas
tienen muchos recuerdos y sus sombras amadas.
Aquí mismo jugaban mis hermanas, y el viento
las seguía jugando con sus rubios cabellos;
allí con los pastores en la cumbre del cerro
encendía fogatas con ramaje y espinos,
y mis ojos, pendientes de las llamas del fuego
las veían ondear horas y horas enteras.
Allí contra el furor del temible aquilón
este sauce vacío nos prestaba su tronco,
y yo oía silbar en su fronda ya muerta
brisas que aún rememora como música el alma.
Y aquí el álamo está, inclinado al abismo,
que en el tiempo de nidos nos mecía en su copa,
y el arroyo en los prados cuyas aguas dormidas
lentamente inundaban nuestras barcas de caña,
y la encina, la peña, el molino monótono,
y aquel muro que al sol, en los días de otoño,
me veía sentado, cerca de los ancianos,
contemplando el crepúsculo con atenta mirada.
Todo aún sigue en pie y en su sitio renace;
aún seguimos las huellas de mi andar por la arena;
sólo un corazón falta que lo pueda gozar.
¡Ay de mí! Que la luz disminuye y se pierde.
Como espigas en la era, dispersó la existencia
lejos de la paterna heredad a los hijos,
y a la madre también, y ese hogar tan amado
se parece a los nidos de los cuales ha huido
la veloz golondrina en los largos inviernos.
Ya la hierba que crece en las losas antiguas
borra en torno a los muros los senderos domésticos,
y la hiedra, flotando como un manto de luto,
cubre a medias la puerta y hasta invade el umbral.
Tal vez pronto... ¡Oh Dios mío, oh presagio funesto!,
tal vez pronto un extraño al que nadie conoce,
con el oro en la mano del lugar se hará dueño,
oh lugares que habitan, según nuestra memoria,
tantas sombras queridas, familiares, y entonces
todos nuestros recuerdos de las cunas y tumbas,
huirán a su voz igual que las palomas
echarán a volar de su nido en el árbol
de los bosques que el hacha abatió para siempre,
y que ya no sabrán donde van a posarse.
¡No permitas, Señor, tanto llanto y ofensa!
No toleres, Dios mío, que nuestra humilde herencia
pase de mano en mano a vil precio comprada,
como el techo de gentes que vivieron del vicio,
arruinados, o el campo que fue de unos proscritos.
Que un extraño avariento venga con paso altivo
y que pise el humilde surco que años atrás
fue también nuestra cuna sobre un campo de hierba,
a expoliar a los huérfanos, a contar sus monedas
donde sólo tenía la pobreza un tesoro,
blasfemando tu nombre aquí bajo estos pórticos
donde antaño mi madre enseñaba a la voz
de sus hijos los cánticos que exaltaban tu gloria.
Ah, prefiero cien veces que entregada a los vientos
penda roto el tejado sobre el muro decrépito;
que las flores mortuorias, los espinos, las malvas,
broten entre las ruinas de los atrios deshechos.
Que el lagarto dormido allí al sol se caliente,
que en las horas del sueño Filomela allí cante,
que el humilde gorrión y las fieles palomas
allí junten en paz bajo el ala a sus crías,
y que el ave del cielo tenga allí su nidada
donde antaño durmió la inocencia en su lecho.
Ah, si el número escrito por los altos destinos
alcanzara la edad de los blancos cabellos,
ojalá, feliz viejo, allí mengüen mis días
entre tales recuerdos de mis simples amores.
Y ojalá cuando sean los benditos tejados
y estos tristes escombros para mí solamente
todo un pueblo de sombras, ojalá pueda entonces
reencontrar en los nombres, en los mismos lugares,
tantos seres amados que los ojos no ven.
Y vosotros que acaso viviréis cuando yo
sea helada ceniza, si queréis dedicarme
algo grato al recuerdo, elevadme algún día...
Pero no, no elevéis nada que me recuerde;
sólo cerca del sitio donde duerme la humilde
esperanza de aquellos que llamamos cristianos,
en los campos cavadme ese lecho que quiero,
como el último surco donde va a germinar
otra vida. Extended sobre mí un lecho herboso
que el cordero del pueblo ramonee en primavera,
donde todos los pájaros que años ha mis hermanas
consiguieron que fueran del lugar habitantes,
aquí acudan a amar y también a cantar
en mis noches tranquilas. Y para señalar
mi lugar de reposo, que despeñen rodando
de las altas montañas un fragmento de roca;
sobre todo que no haya un cincel que lo talle
ni que borre ese musgo de los días antiguos
que oscurece su cara, y que al paso de inviernos,
incrustado en la piedra, dé en sus letras vivientes
una fecha a sus años; y que no haya ni cifras
ni mi nombre grabado en tal página agreste.
Ante la eternidad toda edad se confunde,
y Aquel que con su voz a los muertos despierta,
aunque falte mi nombre sé que no va a olvidarme.
Allí bajo mis cielos, al pie de las colinas
que cubrieron antaño con sus sombras mi cuna,
junto al suelo natal, junto al aire y al sol,
con un sueño muy leve esperaré el despertar.
Mi ceniza mezclada con la tierra que me ama
volverá a tener vida incluso antes que el alma,
será verde en los prados y color en las flores,
en las noches de estío beberá los perfumes
y los llantos del aire; y al llegar de aquel día
que no tiene crepúsculo la primera centella
que podrá despertarme a la aurora sin fin,
cuando se abran los ojos volveré a ver lugares
que en mi vida adoré y que vi tantas veces,
nuestra aldea y sus piedras con el fiel campanario,
la montaña y el cauce seco de este torrente,
y los campos resecos; y juntando ante mí
con la nueva mirada tantos seres queridos,
cuya sombra dormía aquí cerca entre escombros,
mis hermanas, un padre y una madre que es alma,
no dejando cenizas que conserve la tierra,
igual que el viajero desembarca y dirige
al navío miradas en las que hay gratitud,
nuestras voces dirán al unísono entonces
a todo este lugar que rebosa delicias
nuestro único adiós ya sin mezcla de lágrimas.
Alphonse de Lamartine
El amor físico es un instinto natural, como el hambre y la sed; pero la permanencia del amor no es un instinto.
André Maurois
Toda alegría no es más que un olvido momentáneo de la tragedia esencial de la vida.
Alejandro Dolina