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Sara

Sara. Encuentra docenas de sara con fotos para copiar y compartir.


El amor no es una frase romántica, es una vida compartida que rosa el dolor, el miedo y la felicidad, haciendo de nosotros seres humanos listos para recibirlo


Sara Barragán


Voy a llorar sin prisa. voy a llorar hasta olvidar el llanto y lograr la sonrisa.


Sara De Ibáñez




Todos esperan, convocados por un silencio de campanas; todos esperan, sombra a sombra, que por sus ojos hable el alba.


Sara De Ibáñez


No Puedo

No puedo cerrar mis puertas
ni clausurar mis ventanas:
he de salir al camino
donde el mundo gira y clama,
he de salir al camino
a ver la muerte que pasa.

He de salir a mirar
cómo crece y se derrama
sobre el planeta encogido
la desatinada raza
que quiebra su fuente y luego
llora la ausencia del agua.

He de salir a esperar
el turbión de las palabras
que sobre la tierra cruza
y en flor los cantos arrasa,
he de salir a escuchar
el fuego entre nieve y zarza.

No puedo cerrar las puertas
ni clausurar las ventanas,
el laúd en las rodillas
y de esfinges rodeada,
puliendo azules respuestas
a sus preguntas en llamas.

Mucha sangre está corriendo
de las heridas cerradas,
mucha sangre está corriendo
por el ayer y el mañana,
y un gran ruido de torrente
viene a golpear en el alba.

Salgo al camino y escucho,
salgo a ver la luz turbada;
un cruel resuello de ahogado
sobre las bocas estalla,
y contra el cielo impasible
se pierde en nubes de escarcha.

Ni en el fondo de la noche
se detiene la ola amarga,
llena de niños que suben
con la sonrisa cortada,
ni en el fondo de la noche
queda una paloma en calma.

No puedo cerrar mis puertas
ni clausurar mis ventanas.
A mi diestra mano el sueño
mueve una iracunda espada
y echa rodando a mis pies
una rosa mutilada.

Tengo los brazos caídos
convicta de sombra y nada;
un olvidado perfume
muerde mis manos extrañas,
pero no puedo cerrar
las puertas y las ventanas,
y he de salir al camino
a ver la muerte que pasa.


Sara de Ibáñez


Yo sé el camino para poder hallarte. La muerte me ha mirado caminar por sus valles.


Sara De Ibáñez


Trino Y Uno

II
Después de tantos mares donde se deshojaron
en otoños de espuma los leves rostros muertos
y fueron como sombras de incendiados marfiles
a plegarse en el fondo de dormidos espejos,
aquel sol de violetas y oro decapitado
que invadió sordamente la raíz de tu pecho
y trepó hasta tus ojos con moradas espinas,
y hasta tu voz con ácidos aguijones de hielo.

Y aquel canto bruñido por las lluvias del polen
se llenó de nocturnas mariposas sin sueño,
y el viento que jugaba por los altos vitrales
y entre los mirtos tuvo su casa de gorjeos,
resquebrajó el crestado recinto de tu audacia
y fue huracán golpeando tus árboles desiertos.

Mientras se despeñaban los altivos jardines
en un rescoldo amargo de melodiosos ecos,
en las duras florestas las tórtolas morían
ahogadas por un aire de serafines negros,
y cerraban sus párpados los olorosos claves
sellados para siempre por ruiseñores ciegos,
a orillas de la fiesta en que el centauro abría
como un rosario vivo su galope en tu verso,
entre escorias de cisnes y escrituras del frío,
sobre las tenebrosas arenas del desvelo
tú solo, tú en la isla, con las manos desnudas,
sitiada por la noche tu garganta de fuego.


Sara de Ibáñez




La palabra me devora si me aviva el pensamiento, y en callada flor del viento mi antigua canción demora.


Sara De Ibáñez


Porque hay uno, entre todos uno, glorioso pasto de la llaga. Rey sin ventura. El inocente: el que ha traído la palabra.


Sara De Ibáñez


Aquí jadeo hasta acabar la sangre clavada en la canción mi lanza triste, hasta que el fruto de su viejo vientre lance al estrago la materna esfinge.


Sara De Ibáñez




Óyeme ahora: mira en tu soledad una abeja dormida, que elabora en el sueño su miel sin alegría.


Sara De Ibáñez


Pasión Y Muerte de La Luz

VIII
Mi entraña mereció, panal mestizo,
la incorruptible ley de tu voluta.
En cada nervio de clavel o fruta
un embozado arroyo de granizo.

La abeja por mi sangre se deshizo.
Vi las raíces de tu isla enjuta,
y el atisbo tenaz de la cicuta
mezcló a tu piel su aroma fronterizo.

Tiendo la mano para recogerla
y el lento cáliz de una llaga fría
estanca el iris de tu simple perla.

Me ciño a su enlutada melodía
quemándome sin fin por retenerla
en el doble rumor de mi agonía.

X
El verano se agota en el racimo.
Ni avena, ni cigarra, ni amapola.
Ni el alga haciendo venas en la ola,
ni las tímidas ranas en el limo.

Ni la corteza que hasta el llanto oprimo
entre la tierna muchedumbre, sola,
hecha de sangre y labios la aureola
donde me corroboro y me lastimo.

Ni la centella que la liebre rubia
mueve entre los primores del rocío,
ni la humilde fragancia de la alubia.

Ni el caballo de sal que adiestra el río;
ni la múltiple espada de la lluvia,
dirán tu arisca huella, idioma frío.


Sara de Ibáñez


Isla En La Tierra

Al norte el frío y su jazmín quebrado.
Al este un ruiseñor lleno de espinas.
Al sur la rosa en sus aéreas minas,
y al oeste un camino ensimismado.

Al norte un ángel yace amordazado.
Al este el llanto ordena sus neblinas.
Al sur mi tierno haz de palmas finas,
y al oeste mi puerta y mi cuidado.

Pudo un vuelo de nube o de suspiro
trazar esta finísima frontera
que defiende sin mengua mi retiro.

Un lejano castigo de ola estalla
y muerde tus olvidos de extranjera,
mi isla seca en mitad de la batalla.


Sara de Ibáñez


Tú, Esperando Mi Sombra

Ahora que oyes tu sangre
me has oído.
Ahora que te has quedado dueño del universo,
la más desamparada criatura del tiempo.

Ahora que te has quedado
solo y solo.
En este instante puro para mirar la muerte
puede mi sombra amiga reconquistar tu frente.

¿Has buscado en el agua
mi sonrisa?
¿Te has inclinado a veces para tocar la tierra
donde el musgo defiende las flores más pequeñas?

¿Has mirado la nube
sin descanso ?
¿Has tomado del viento las semillas secretas?
¿Has tocado las locas manos de la tormenta?

¿No me has reconocido?
Óyeme ahora:
mira en tu soledad una abeja dormida,
que elabora en el sueño su miel sin alegría.


Sara de Ibáñez




Jaime, mi padre, antes de calmarse y abrir su tienda Casa Ukrania, había trabajado como artista de circo. (...) Podría pensarse que en mi infancia fui más influido por Jaime que por Sara, mi madre. Sin embargo, no es así. Si la severidad era la base de la educación que yo debía recibir, por ser hombre y no mujer, mi madre se esmeró en aplicarla.


Alejandro Jodorowsky


Sara, Sara, donde quiera que viajemos nunca estamos separados. Sara, oh Sara, hermosa dama, tan querida por mi corazón.


Bob Dylan


Ahora que oyes tu sangre me has oído.


Sara De Ibáñez


Combate Imposible

Conastutacabezadezafiro,
bloquedepiedrafríaytransparente,
inmóvil,lamandíbulasellada,
lindaconlatinieblaelmonstruoleve.

Mientraselpolvoenquesedueleelmundo
curvasuflor,sulágrimatroquela,
y entrelostersoscánticosdeldía
sordasespadasconsuvuelotempla.

Ah,nunca,nunca,laterribleescama
sufuegoamargotorceráenlalucha,
niseabriráparatragarmicuerpo
labocaacrisoladaporlaespuma.

Aquíjadeohastaacabarlasangre
clavadaenlacanciónmilanzatriste,
hastaqueelfrutodesuviejovientre
lancealestragolamaternaesfinge.


Sara de Ibáñez


Quisiera abrir mis venas para buscar tus rastros.


Sara De Ibáñez


¿Te has inclinado a veces para tocar la tierra donde el musgo defiende las flores más pequeñas?.


Sara De Ibáñez


No puedo cerrar mis puertas ni clausurar mis ventanas: he de salir al camino donde el mundo gira y clama, he de salir al camino a ver la muerte que pasa.


Sara De Ibáñez


Voy con el agua entera llena de pechos vivos y rumores; la mansa, la viajera de los largos temblores, la de los infinitos ruiseñores.


Sara De Ibáñez


Turbada transparencia me dejaste. Porque tu blanca miel labró mis huesos y en limo y hojarasca me encerraste.


Sara De Ibáñez


Vuélvete rosa desnuda al carmen rosa del cielo. La forma de mi desvelo frente a tu sonrisa duda.


Sara De Ibáñez


Aquella vez se perdieron tus ojos en los míos y yo sin detener el alma logré despedazar a tu tristeza.


Sara De Ibáñez


Atrás la tierra, el agua, el fuego, el aire: dejad que diga el pensamiento solo la flor sin cuerpo de mi voz desnuda.


Sara De Ibáñez


Sobre este muro frío me han dejado con la sombra ceñida a la garganta, donde oprime sus brotes de tormenta un canto vivo hasta quebrarse en ascuas.


Sara De Ibáñez




Te supe a media voz con un deseo mágico rozándonos tobillos los secretos más profundos del pecado.


Sara De Ibáñez


Déjame ver sin ti, falaz amigo, el perfecto color de las tinieblas.


Sara De Ibáñez


Al norte un ángel yace amordazado. Al este el llanto ordena sus neblinas. Al sur mi tierno haz de palmas finas, y al oeste mi puerta y mi cuidado.


Sara De Ibáñez


Liras

V
Voy a llorar sin prisa.
voy a llorar hasta olvidar el llanto
y lograr la sonrisa
sin cerrazón de espanto
que traspase mis huesos y mi canto.

Por el árbol inerme
que un corazón de pájaro calienta
y sin gemido duerme,
yal gran silencio enfrenta
sin esta altiva lengua cenicienta.
Por el cordero leve
de la pezuña tierna y belfo rosa;
por su vibrante nieve
que la tiniebla acosa
y al final de un relámpago reposa.
Por la hormiga azorada
que un bosque de cien hojas aprisiona;
por su pequeña nada
que al misterio no encona
y que la enorme muerte no perdona.
Por la nube que alcanza
los umbrales de un lirio sin semilla.
Lengua de la mudanza
sin éxtasis ni orilla,
que no sabe morirse de rodillas.
Por la hierba y el astro.
¿C6mo miden tus ojos, Dios oscuro?
Por el más leve rastro
de sombra contra el muro,
mi llanto ha abierto su cristal maduro.


Sara de Ibáñez


Hora Ciega

Quisiera abrir mis venas bajos los durazneros,
en aquel distraído verano de mi boca.
Quisiera abrir mis venas para buscar tus rastros,
lenta rueda comida por agrias amapolas.

Yo te ignoraba fina colmena vigilante.
Río de mariposas naciendo en mi cintura.
Y apartaba las yemas, el temblor de los álamos,
y el viento que venía con máscara de uvas.

Yo no quise borrarme cuando no te miraba
pero me sostenías, fresca mano de olivo.
Estrella navegante no pude ver tu borda
pero me atravesaste como a un mar distraído.

Ahora te descubro, tan herido extranjero,
paraíso cortado, esfera de mi sangre.
Una hierba de hierro me atraviesa la cara...
sólo ahora mis ojos desheredados se abren.

Ahora que no puedo derruir tu frontera
debajo de mi frente, detrás de mis palabras.
Tocar mi vieja sombra poblada de azahares,
mi ciego corazón perdido en la manzana.

Ahora estoy despierto. Nacen al fin mis ojos
pisados por el humo, agujereando arañas,
duros estratos de algas con muertos veladores
que sin cesar devoran sus raicillas heladas.

Y te cruzo despierto, fiero túnel de ortigas,
remolino de espadas, vómito de la muerte.
Voy asido a las crines de un caballo espinoso
que vuela con ciudades quemadas en el vientre.

Voy despierto, despierto y obediente a mis manos,
con un río de pólvora cuajado en el aliento,
ahora que estoy solo y enemigo del aire,
seco, desarraigado, desnudo, combatiendo.


Sara de Ibáñez


el dolor es el resultado de un pensamiento equibocado


sara rodigues del toro


Nunca estare en un lugar por error siempre estare por un propósito


sara Sánchez


si verte fuera muerte y no verte la vida prefiero morir y verte antes k no verte y vivir la vida.

si la sangre de mis enas cayera gota a gota no me doleria tanto como ber k estas kon otra.

no se xk mientes dime la verdad esto no es un juego y pronto se acabara si te vas con otro olvidate de mi y yo intentare no sufrir soy como un niño k yora en silencio sin saber k ase y k estas asinedo soy tonta y no aguanto esto es como una pesadiya ne la k no despierto.


si me bes con otro nod udes k me olvide de ti piensa k te kieor y k pretendo olvidarte


sara la loka


La amistad verdadera es incondicional


SARA


madre de un hijo militar. Desde que te fuiste abrigo una espera incondicional , dejaste todo por irte a servir a la patria, fue tu vocación y te deje partir solo me queda aceptarla , apoyarte, y bendecirte . cuando tengas que afrentarte ante cualquier adversidad que se te cruce en tu camino que duro para una madre saber que su hijo tiene que enfrentarse contra la muerte es tu batalla hijo mío que solo me queda ahogar mi sufrimiento y rezar para que salgas de ese tragos amargo, con bien perdóname si mes ves llorar así lloró maría viendo a su hijo en la cruz y pudo soporta ese trago amargo cuando vio a su hijo partir Dios me de las fuerzas y la fe para volverte haber hijo mío te lo dice tu madre.


sara zapata


dios es un buen pastor y un vuen dios


sara


el amores un sentimiento
desde mi corazón
el amor es un rió y
siempre me baño en el
por que estoy
llena de le


sara valentina galeano


Es difícil decir cuándo comenzó mi interés por escrito, o cómo. Mi madre leyó a mi hermana ya mí todas las noches, y siempre le encantaba jugar hacer creer juegos. Tenía una imaginación bien preparado. No empecé a pensar en la escritura como una búsqueda seria, una carrera que podría tener, hasta después de la universidad.


Sara Zarr


Creo que solo hay una vena de la humanidad que realmente ama a los animales y realmente le gusta leer acerca de ellos.


Sara Gruen