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Sentarse

Sentarse. Encuentra docenas de sentarse con fotos para copiar y compartir.


Primero el hombre aprende en la vida a andar y a hablar. Más tarde, a sentarse tranquilo y mantener la boca cerrada.


Severo Ochoa


En las fiestas no te sientes jamás. Puede sentarse a tu lado alguien que no te guste.


Groucho Marx




El sabio puede sentarse en un hormiguero, pero solo el necio se queda sentado en él.


Proverbio Chino


Valor es lo que se necesita para levantarse y hablar; pero también es lo que se requiere para sentarse y escuchar.


Winston Churchill


En apariencia, fácil es hacer desaparecer al vivo. La cuestión es hacer desaparecer al muerto. Un cadáver se entierra, un fantasma, no. ¡Matar! Y ¿Después? ¿Para qué cerrar la puerta al vivo durante el día, si ha de venir el muerto cada noche a sentarse en el borde de la cama?


Rafael Barrett


Si él piensa que esto está muy bien, muy bien, pero el pensar en la tragedia de un hombre que ha sacrificado su libertad en aras de la seguridad, y que desearía poder volver atrás las agujas del tiempo. Un hombre así es digno de lástima si no tuvo el valor de aceptar el desafío de la libertad, salir desde el cojín de seguridad y ver la vida como es, en lugar de vivirla de segunda mano. La vida ha pasado por alto a este hombre y él la ha mirado desde un lugar seguro, con miedo de buscar algo mejor. ¿Qué ha hecho, excepto sentarse y esperar a la mañana que nunca llega?


Hunter S. Thompson




Se ve que no conoces a las mujeres, son capaces de todo, de lo mejor y de lo peor si les da por ahí, son muy señoras de despreciar una corona a cambio de ir al río a lavarle la túnica al amante o de arrasarlo todo y a todos para sentarse en un trono.


José Saramago


El blues es una silla, no un diseño para una silla o una silla mejor... es la primera silla. Se trata de una silla para sentarse, no para mirar. Te sientas en esa música.


John Lennon


Como diría Antonio Tejero: ¡A sentarse todo el mundo, un poquito de por favor!.


Andreu Buenafuente




En estos tiempos, un diplomático no es más que un jefe de camareros a quien, de cuando en vez, se le invita a sentarse.


Peter Ustinov


Es una pesadilla el sentarse y observar una película en la que estoy. Hay una inevitabilidad horrible para ello.


Alan Rickman


Leer un libro, tener un lápiz en las manos, estudiar, sentarse en un aula? es algo muy especial para nosotros, pues hemos sido privados de ello.


Malala Yousafzai


Con las bayonetas, todo es posible. Menos sentarse encima.


Charles Maurice de Talleyrand




Es más fácil escuchar a alguien un rato e improvisar que sentarse día tras día y penetrar las capas de lo mundano y lo trivial en búsqueda de lo profundo.


John Katzenbach


Solo las ilusiones nos ayudan a vivir. Un hombre que supiese toda la verdad, debería sentarse al borde de un camino y llorar hasta la muerte.


Edmond Jaloux


Cuán vano es sentarse a escribir cuando aún no te has levantado para vivir.


Henry David Thoreau


Uno puede apoyarse sobre su puesto, pero no sentarse en él.


Erich Kästner


En Un Banco...

En un banco,
meneando aburrida mis zapatos de bruja,
yo veía al invierno entrar y salir,
flirtear con el aire y sentarse finalmente a mi lado.
(Otro -pensé- que tampoco tiene nada que hacer
esta tarde.)

Ya me iba a levantar cuando descubrí su espalda
en la ventana de enfrente.
Usted hablaba con alguien.

Y en ese mismo momento
-Ios libros, cómo no, resbalaron patosos desde la falda
hasta el suelo-
se volvió a mirarme.


Almudena Guzmán


La vida es un juego fabuloso para los que desean jugar, mas sin embargo puede ser un juego aburridisimo para quienes solo quieren sentarse a ver a los demas jugar


Francisco Vzz


El vivir con miedos de pasados fracasos amorosos es como sentarse a besar a un fantasma en lugar de la persona que nos besa. Es como otorgarle mucho poder sobre tu presente a personas que son solo parte del pasado


Angela gonzalez saavedra


Para q amar para q querer
Si no eres querido
Si no eres amado
Entonces q queda
Sentarse y sufrir
o tan solo sonreir.....


blasito


PARA ARISTÓTELES la amistad era "lo más necesario para la vida", y nosotros, cuando oímos decir que "un amigo es un tesoro" o que "donde está tu amigo está tu tesoro", nos damos cuenta de que esas palabras resuenan como un aldabonazo en nuestro interior. No nos dejan indiferentes, porque todos sabemos o intuimos qué clase de tesoro puede llegar a ser una amistad.

A las personas nos gusta tener amigos: gente con la que compartir vida, experiencias, tiempo, conversación... Nos gustan los amigos y nos parecen muy importantes, incluso imprescindibles. La amistad es una relación humana con un valor muy especial. Junto con la família y el trabajo, es algo que nos parece que merece la pena y a lo cual dedicamos tiempo y esfuerzo. Queremos tener amigos en la vida: para no estar solos -a veces se siente la soledad incluso estando rodeados de gente-, para vivir la vida más a fondo y para disfrutarla de verdad. Como escribió Aristóteles, "sin amigos nadie querría vivir, aun cuando poseyera todos los demás bienes".

Quizá por eso escribo esto. Escribir sobre la amistad me ayuda a saber qué espero yo de ella, qué doy yo a mis amigos, si mi amistad con ellos es plena o solo algo "satisfactorio". Reflexionar sobre las cosas ayuda a vivirlas mejor. Reflexionar es un modo de vivir.

LA AMISTAD COMO REGALO
Decía más arriba que dedicamos esfuerzo a hacer amigos. Y el esfuerzo es necesario porque las cosas no salen solas. Sin embargo, la amistad no se puede forzar. Por eso también puede decirse que la amistad surge siempre como un regalo, como un don que se recibe. En un momento dado, aparece entre dos personas un deseo de compartir, de comunicarse, de contar lo que se lleva dentro y de contrastarlo, de ser conocido muy a fondo. De hecho, cuando uno vislumbra en el horizonte la posibilidad de hacer una nueva amistad, de esas profundas y verdaderas, que aportan y llenan tanto por dentro, parece que su espíritu se hincha y crece. Es como ver nacer un día radiante. La vida se ve de otro color porque los amigos hacen cobrar sentido a nuestras vivencias: estas no van a ser solo para nosotros. Las cosas son distintas porque las vivimos pensando en compartirlas, en transmitirlas, en discutirlas, en compararlas. De nuestros amigos nos interesa todo: lo que piensan, lo que hacen, cómo viven las cosas. Lo importante no es solo lo que cuentan ni lo que les pasa; lo importante es que eso "es tuyo", "eres tú".

Desde mi adolescencia he experimentado disgusto ante los momentos meramente descriptivos de los acontecimientos, o las que eran como una reseña informativa de lo que había ocurrido en el verano. Los momentos verdaderos son aquellos en las que los acontecimientos del lunes o del viernes se describen como cosas que me pasan y no solo como cosas que van pasando a mi lado. Lo interesante y lo que me hace disfrutar era ver cómo esas cosas se viven desde dentro de mis amigos.
El grado de amistad con los amigos puede distinguirse precisamente por eso. Por si los momentos estaban llenos de preguntas convencionales y frases que se repetían del mismo modo en todas los demás momentos o si e ellos te dejas llevar, trayendo a colación esto o aquello, y acabando en lugares desconocidos para ti mismo, pero bonitos y en los que habías disfrutado. Escribir para los amigos es descubrir el mundo con unos ojos nuevos para dárselo a ellos.

La amistad es un regalo porque es vivir otra vida además de la propia. Es poder vivir dos veces. Y es también reafirmar tu propia existencia porque hay alguien que la quiere así: incondicionalmente. En el amigo encontramos aceptación plena.

La amistad es un don porque, en cierto modo, llega cuando y como quiere; no es programable; simplemente, surge y es como un regalo, un don que uno recibe.

Esa comunión del espíritu que hay entre los amigos, ese compartir denso e intenso, ese vivir y ser sin dar explicaciones porque estas no son necesarias para nuestro mutuo entendimiento, ese encontrar las puertas del alma siempre abiertas y acogedoras para ti porque eres tú, es el tesoro incalculable. No es extraño que los griegos la calificaran como regalo de los dioses.

Regalo es también en el sentido de que nunca es verdaderamente merecida. Si se puede hablar así, algunos podrían merecer más que otros el tener amigos. Pero, en el fondo, la amistad de una persona difícilmente es algo que uno llegue a "merecer". Se pueden tener de modo habitual disposiciones personales adecuadas para la amistad, para tener amigos (no todo el mundo las tiene).

Pero no se puede decidir en qué momento aparecerá el amigo o de quién seré amigo. Por ejemplo, todos contamos con momentos imborrables de la vida en los que comprendes repentinamente que tienes delante a alguien que puede leer dentro de ti como si fueras tú quien lo hiciera; que puede pasearse por tu alma sin explicaciones de tu parte; sin necesidad de mapas, brújulas o palabras clave que le hagan entender lo que se va a encontrar. Es la empatía, una sintonía especialísima que se establece con muy pocas personas a lo largo de la existencia, y que es un descenso y un ascenso vertiginoso por las entrañas de la verdadera vida.

MIRAR A LAS PERSONAS
Cuando nos sentimos así, vistos con unos ojos ajenos que al mismo tiempo son como los nuestros propios, es como si todo nuestro ser despertara. Querríamos saberlo todo acerca de aquella persona y que ella conociera nuestro yo hasta el final. Las conversaciones se convierten en un continuo maravillarse y aportarse mutuo. Sentimos el mundo como un pequeño globo terráqueo que gira entre nuestras manos y el motor de ese movimiento es la corriente que entre nosotros se ha creado.

Es un encuentro con otro yo, sin que ese yo se refiera a un yo idéntico, a un "alma gemela"; pues puede serlo o no. Es otro yo porque se pone en nuestra piel como si fuéramos nosotros mismos; pero al tiempo que mantiene su mismidad y su alteridad. Y por eso hay mucha riqueza en el trato con el amigo, porque lo distinto siempre nos enriquece.

Mirarnos en un amigo es mirarnos en un espejo. En un espejo que devuelve algo más que una simple reproducción de la propia imagen. Mirarnos en un amigo es encontrarnos a nosotros mismos vistos desde fuera y con mayor perspectiva, pero con el cuidado con que nosotros mismos pondríamos al mirarnos: "A través de él, los amigos se enriquecen y perfeccionan, se descubren e interpretan.

Se podría decir que, al ver al otro, cada uno de ellos aprende a conocerse" (Marias). La acción de mirar que tanto aparece entre los amigos, es algo que me parece esencial para que pueda surgir amistad entre dos personas para tener amigos hay que saber mirar.

En una carta que recibí hace unos meses me decía una amiga que "había encontrado el camino para trascender lo inmediato. El despertador para mirar (...) era el del pensamiento filosófico y la contemplación de las cosas bellas". En mi respuesta, le reafirmé en su descubrimiento porque me parecía realmente valioso: la filosofía y la contemplación estética son dos medios muy buenos para acceder a lo más hondo de la realidad.

La belleza es un camino hacia la verdad especialmente bueno. Porque la belleza no produce únicamente la mera delectación estética; posee una cualidad inestimable, y es que exige por nuestra parte contemplación. Ante las cosas bellas no basta pasear la vista. Para disfrutarlas verdaderamente hay que mirarlas con detenimiento, con miramiento. Con ellas hay que andarse con contemplaciones. Y contemplar es importante porque hace que nos detengamos y miremos las cosas tal como son, "dejando" que sean así.

La contemplación es un camino abierto hacia la verdad. Hacia la verdad personal, la de los demás y la del universo entero. Eso lo expresa muy bien de otro modo Lorenzo Silva en una de sus novelas. Escribía que "el mundo está lleno de tesoros sin descubrir porque no hay quien se pare a mirarlos. Pero en cuanto hay alguien que se detiene ante ellos, se abren ante esa persona como una maravillosa realidad llena de riqueza y significado ofreciéndole nuevos horizontes". Yo he pensado muchas veces que eso exactamente pasa con las personas.
Por eso, para tener amigos hay que saber mirar. Mirar es ver con atención, es contemplar, es concentrar nuestro ser entero en los ojos deseando captar lo que hay frente a ellos. Mirar presupone una vista limpia, sin prejuicios ni cargas anteriores, para captar lo que hay y no lo que yo he puesto o quiero poner. Mirar no es ver lo que yo quiero ver sino percibir cómo son las cosas o las personas en sí. Y además de limpieza interior, la mirada requiere también aceptación, renuncia a dominar. Cuando miramos de verdad, estamos dispuestos a dejar ser a las cosas y a las personas tal y como son. Esto es especialmente importante con las personas.

A las personas hay que dejarlas ser, hay que aceptarlas como son. Sin esa condición nunca sabremos lo que es una verdadera amistad; nunca llegaremos a saborear el gozo inmenso que produce esa identificación con el otro, ese compartir la vida, los sueños, los deseos, los fracasos. Habrá siempre en el amigo una zona de acceso prohibido o de "reservado".

Para mirar de verdad hay que aprender a hacerlo. Los hay que conocen ese arte de modo natural o han sido educados en él. Pero también puede aprenderse. Para mirar hay que pararse, parar la rueda de la actividad exterior y parar también nuestro ruido interior (qué tengo que hacer luego, cómo resolveré la cena en casa de mi hermano, qué ropa necesito, a ver cómo queda el Madrid, a ver si consigo cerrar un buen trato con este cliente...). Para mirar hay que perder el miedo a "pasar tiempo" sin haber sido ""eficaces"".

Todos hemos conocido a personas que provocan que los que están a su lado den lo mejor de sí mismos. Son personas que logran que los demás quieran -parafraseando a Salinas- "sacar de sí su mejor yo". Es así porque son personas que saben mirar, y que por eso han sabido encontrar la llave interior de las personas. Esa llave de la confianza que uno entrega solo cuando va a saberse visto, aceptado y querido por sí mismo.

LA MORADA DEL YO
Llegar a la intimidad del alma, al centro de la persona o solo rozar su periferia, exige rodeos: rodeos que son esencialmente contemplación, escucha atenta y activa, mirada abierta y receptiva. Solo cuando una persona percibe ese clima de confianza a su alrededor es capaz de empezar a abrir las rendijas de su yo. Y a través de esas rendijas pueden empezar a filtrarse los rayos de la luz que toda persona esconde. La intimidad, la interioridad, es siempre luminosa en el sentido de iluminadora. Porque muestra siempre algo desconocido para quien no está allí dentro. No siempre será lo original y nuevo el qué diga esa persona pero sí el cómo ella lo vive. Esta es la llave que entregamos a nuestros amigos y que hace que quedemos totalmente al descubierto: vulnerables, también.

Algunas veces, tras haber desnudado la intimidad del alma en conversación con la persona que nos ha inspirado esa confianza, uno siente el vértigo del miedo a romperse, a que le rompan, a que se burlen, a que no comprendan, al silencio indiferente o superficial.

Hasta ahora, esos pensamientos, deseos, aspiraciones, miedos y preguntas más íntimas habían quedado dentro de nuestra alma. A veces nos angustiaban, otras nos elevaban, otras nos desbordaban por dentro de tal forma, que había que expresarlos de algún modo (quién no ha cantado, llenado de piruetas su salón, compuesto una melodía o garabateado un poema, historia o carta, por puro desbordamiento. Tanto no cabía dentro; fuera crecía, pero tenía más apoyos para ser sostenido, para ser vivido).

Sin embargo, no dejaban de ser nuestros: los demás solo poseían de ellos su cara externa, lo que era fruto de la superabundancia. Por lo demás, no habían sido escuchados por nadie hasta el final y solo de vez en cuando abríamos a alguien una pequeña ventanita de nuestro interior, observando con atención la reacción del interlocutor ante aquello. Pero, de repente, hemos encontrado a alguien que ha provocado que primero quisiéramos abrir una ventanita y después otra, y otra... Luego le hemos pasado al interior de la casa y -poco a poco- le hemos encendido todas las luces que había en ella, iluminando incluso rincones sucios, destartalados, rincones sin ordenar o habitaciones llenas de trastos que no sabemos en dónde colocar. Le hemos enseñado el sillón de los sueños, frente a la ventana, y le hemos invitado a sentarse allí porque desde él puede conocerlos mejor. Le hemos presentado el rincón de los miedos, ese sí, está a oscuras porque nos parece que la luz acabará por hacerlos crecer. Es un rincón siempre difícil de enseñar; se supone que de esos no tenemos, y nos cuidamos mucho de dejarlos salir. También le hemos pasado al cuarto de las preguntas; esa habitación está llena de frases sueltas, de pensamientos, de párrafos incluso, y hasta de alguna página escrita. Pero sobre todo está lleno de interrogantes; es una habitación poblada de signos de interrogación que hemos ido recogiendo a lo largo de nuestra vida: por qué las relaciones humanas son tan complicadas, por qué hay personas que no miran hacia adentro, por qué las focas son más importantes que los países del Sur... Hay también un cuarto sin techo que mira directamente al sol, o al firmamento, si es de noche. Ese es el cuarto de las aspiraciones grandes, el cuarto en el que respiro hondo, el cuarto al que hay que acudir siempre que hemos pasado un día entre mucho polvo, o mucho tiempo en el sillón. También ha conocido la buhardilla; allí no vamos demasiadas veces porque es donde están los pedazos rotos de nuestra vida y todavía nos cuesta mirarlos sin sentir dolor o pena.

Hay personas a las que paseamos por nuestra morada interior sin miedo alguno; es más: deseamos desde lo más íntimo de nuestro ser hacerlo. Sentimos desde muy hondo que apreciará, entenderá y comprenderá cada objeto que encuentre en ella. No le importarán los cacharros rotos, aunque tengamos la estantería llena de ellos; no querrá reírse de nuestras inquietudes: se le iluminará la mirada al conocerlas porque . también ella las había sentido latir más de una vez. Le encantará que tengamos un sillón de sueños y un cuarto sin techo, y querrá saber qué nos dicen los astros por la noche y cómo es el vuelo de los pájaros que vemos pasar. Son personas que hacen que sintamos la necesidad de hacer crecer todo eso, de mostrárselo, de hacerlo vivir para ellas.

Esas personas son los amigos, el amigo aquel con quien me atrevo a ser yo misma; sin restricciones y sin temores. Esa persona con la que puedo decir todo porque todo lo va a entender en su contexto; esa persona con la que puedo hablar en borrador: sin orden, sin hilazón, sin sentido algunas veces. Con rabia o ira, con desesperación, con alegría exultante, desvariando. Descubriendo todas las raíces de mi alma y sabiendo que en ningún momento se aprovechará de ello para arrancarme de mi lugar. Y sabiendo que -como escribió alguien- "comprende esas contradicciones en mi naturaleza que llevarían a otros a juzgarme mal". Eso es un amigo.


Diego Torrente


Yo no estaba tanto en mi primer matrimonio. Me encantan los momentos en que me comprometo con mi hija más joven ahora. No es lo mío para sentarse en el suelo y el Tea Party juego, pero lo haré porque es un momento que se quede conmigo para siempre.


Tim Allen


Me encanta que mis amigos son a veces hasta 20, 30 años mayor que yo - que solo puede sentarse y disfrutar de su compañía y de sus experiencias.


Kim Kardashian


No tengo tiempo para su juicio y su estupidez y sé que ellos establecen con sus mujeres feas en frente de sus hijos feos y mirar sus vidas perdedor y me miran y me dicen: 'Yo no puedo procesar es bueno, no, nunca dejará de intentar, simplemente sentarse y disfrutar del espectáculo. ¿Sabes?


Charlie Sheen


El enemigo luchó con furia salvaje, y se encontró con la muerte con todos sus horrores, sin que se deterioren o queja: no se les pide que se salvó, pero luchó siempre que podían estar de pie o sentarse.


Davy Crockett




A menudo digo televisión no es un trabajo para hombres adultos. Usted va a un conjunto, que escojan la ropa para ti, te dicen dónde pararse, qué decir, y la silla tiene su nombre en él en caso de que usted no puede encontrar un lugar para sentarse.


Danny Bonaduce


Usted puede sentarse con Reason o Ableton y, literalmente, en un par de horas hacer un disco muy buen sonido. Pero un montón de gente se vuelve contento con eso, en lugar de empujar a sí mismos a hacer algo que suena muy bien.


Moby


El Señor nos dio dos extremos - uno para sentarse y la otra para pensar. El éxito depende de cuál usamos la mayoría.


Ann Landers


Es una buena comunidad, la música country, porque tenemos la oportunidad de sentarse y... yo y Tim McGraw paso mucho tiempo. Yo y Kenny Chesney tuve la oportunidad de pasar mucho tiempo juntos. Ha sido un montón de buenos consejos a través de los años.


Luke Bryan


No sé por qué los hombres son tan fascinados con la televisión y creo que tiene algo que ver con - si se me permite juzgar de mi propio padre, que solía sentarse y mirar la televisión mientras mi madre estaba hablando con él - Creo ese es el camino de un hombre de sintonía a cabo.


Garry Shandling


Es fácil sentarse en relativo lujo, paz y pontificar sobre el tema de la deuda del Tercer Mundo.


Roger Moore


Si no trae el ánimo de las mentes codiciosas de la verdad, y la verdad única, dispuesto a escuchar todas las cosas, y decidir sobre todas las cosas, según las pruebas, debemos hacer más inteligente a sentarse contentos en la ignorancia, que a nosotros solo BESTIR para cosechar decepción.


Frances Wright


La FIFA no puede sentarse y ver la codicia dominan el mundo del fútbol. Tampoco les parece.


Joseph Blatter


Obviamente, he estado en sets antes, pero no tan grande como 'Crepúsculo'. Se olvida a veces que ya estás en una de las más grandes películas de la historia, así que cuando usted acaba de sentarse y pensar en ello su justo tan increíble. Es una gran experiencia de aprendizaje.


Booboo Stewart


Era el inicio del año escolar,
dentro del salón de clases
se encontraba la maestra al frente
de sus alumnos de 5to Grado.

En la fila de adelante hundido
en su asiento estaba un niño de nombre Pedro
a quien la maestra conocía desde el año anterior.

Sabía que no jugaba bien con los otros niños,
que su ropa estaba desaliñada
y que frecuentemente necesitaba un baño.

Con el paso del tiempo
la relación entre ellos se volvió incómoda,
al grado que ella sentía gusto
al marcar sus tareas con grandes taches en color rojo.

Un día al revisar los expedientes de sus alumnos
se llevo una gran sorpresa
l descubrir los comentarios de los anteriores profesores de Pedro.

"Es un niño brillante con una sonrisa espontánea,
hace sus deberes limpiamente y tiene buenos modales;
es un deleite tenerlo cerca".

"Pedro es un excelente alumno,
apreciado por sus compañeros pero tiene problemas,
su madre tiene una enfermedad incurable
y su vida en casa debe ser una constante lucha".

Otro maestro escribió:
"La muerte de su madre ha sido dura para él,
trata de hacer su máximo esfuerzo,
pero su padre no muestra mucho interés".

Y por último: "Pedro es descuidado,
no tiene amigos y en ocasiones se duerme en clase".

La maestra se dio cuenta del problema y se sintió apenada,
más aún cuando al llegar Navidad,
todos los alumnos le llevaron regalos
envueltos en papeles brillantes y hermosos listones,
excepto el de Pedro que estaba torpemente envuelto
en papel de una bolsa del súper.

Algunos niños rieron;
la maestra encontró un viejo brazalete de piedras
y la cuarta parte de un frasco de perfume,
minimizando la risa de los niños al exclamar
¡Que brazalete tan bonito, Pedro!
poniéndoselo y rociando un poco de perfume en la muñeca.

Pedro se acercó y le dijo:
"Maestra, hoy usted huele como mi mamá".
Ella lo abrazó y lloró.

A medida que trabajaban juntos
la maestra percibió que a Pedro, mientras más lo motivaba,
mejor respondía,
al final del año era uno de los niños más listos de la clase,
volviéndose su consentido. Ambos se adoraban.

Un año después, encontró una nota de Pedro que decía
"Usted es la mejor maestra que he tenido en toda mi vida".

Cuatro años después, recibió otra carta,
diciéndole que pronto se graduaría
de la Universidad con los máximos honores.

Y le aseguro que era la mejor maestra que había tenido en su vida.

Pasaron otros cuatro años y llego otra carta,
esta vez le explicó
que después de haber recibido su titulo universitario,
él decidió estudiar más y que ella era la mejor.

Solo que ahora su nombre era mas largo
y la carta estaba firmada por el Cardiólogo Pedro Alonso.

El tiempo siguió su marcha y en una carta posterior,
Pedro le decía que
había conocido a una chica y que se iba a casar.
Explicó que su padre había muerto hacia dos años
y él preguntaba si ella accedería
a sentarse en el lugar que normalmente
esta reservado para la mamá del novio.

Por supuesto, la maestra aceptó.

El día de la boda lució aquel brazalete
con varias piedras faltantes
y se aseguró de usar el mismo perfume,
con el que Pedro recordaba el calor de su mamá.

Se abrazaron y él susurró al oído de su maestra preferida,
"Gracias, gracias por creer en mi.
¡Muchas gracias! por hacerme sentir importante
y por enseñarme que yo podía hacer la diferencia".
¡Gracias maestra!

Mariano Osorio


Jackselins Arteaga


Ahora, mi madre no leyó bien y leía revistas 'Amor a quemarropa', pero leyó conmigo. Y ella pasar 30 minutos al día, el dedo que va a lo largo de la página, y aprendí a leer. Finalmente, en el momento en que tenía cuatro años y medio, ella podría allanar y podía sentarse allí y leer el 'Amor a quemarropa'. Y eso fue maravilloso.


Walter Dean Myers


Mi objetivo ahora es bailar todos los bailes, siempre que pueda, y luego sentarse contento después de la última elegante tango una noche dulce y transmitir porque no había otro baile que queda en mí.


Robert Fulghum


Mi espacio para los libros y el estudio o para sentarse y pensar en nada en particular para ver qué pasaba estaba al final de un pasillo.


Carl Sandburg


Siempre llevo un montón de cosas conmigo dondequiera que deambulan, siempre lastrado con los libros, con los cassettes, con lápices y papel, por si acaso tengo la tentación de sentarse en algún lugar, y oh, no lo sé, leí algo o escribir mi obra maestra.


Elizabeth Wurtzel