Sombras ( 3 )
Sombras. Encuentra docenas de sombras con fotos para copiar y compartir.
Cabello Al Aire
Cabello al aire, del que surge un ala
de flor; sierpe rampante,
cabeza de culebra ante el espejo;
maternales ramas de la vida
que despierta, entre ruinas, el momento
de la restauración: coro de espinas
y crisol para el oro de la danza.
Entre espinas aéreas,
flor capilar; embrión de las raíces
volátiles del árbol incendiado.
Conjuro de la medianoche:
Arde, hueso de pájaro, médula
de aceite consagrado; dinastía:
ven a coser la piel sobre profundo
viento en las sombras; amanece,
mortal bautismo de la carne.
De aquí, la danza; torso, brazos, piernas,
vientre pariendo, lanzadera
en el telar en flor de la batalla;
de este cabello en vueltas, el pecado
redentor aparezca, el paraíso
recobrado del fuego.
Flor capilar, ala de flor en vuelo,
alimento del águila que acecha
en la punta del pie. Cerco de espinas.
Libre ya, por cercada;
por conducida, llevadora;
por desnuda, enjoyada;
por ya muerta, resucitable para siempre.
Collar del movimiento, sangre
nacida, sierpe de plumajes, órbitas,
calavera de azúcar del ombligo.
Y las contrarias lumbres de las manos,
y el grito alegre, y las divinas
tunas afluentes de la primavera.
Ay ay, y los relámpagos;
ay ay, y los fantasmas de la hoguera;
ay ay, y las sonajas como pechos
sobre los pasos a compás.
Aquí la danza, la ceñida
por el coro de espinas; aquí, el círculo
doloroso del alma, restaurado
sobre la fosa del sepulturero.
Cabello al aire, del que surge un ala
de flor; sierpe rampante,
cabeza de culebra ante el espejo;
maternales ramas de la vida
que despierta, entre ruinas, el momento
de la restauración: coro de espinas
y crisol para el oro de la danza.
Entre espinas aéreas,
flor capilar; embrión de las raíces
volátiles del árbol incendiado.
Conjuro de la medianoche:
Arde, hueso de pájaro, médula
de aceite consagrado; dinastía:
ven a coser la piel sobre profundo
viento en las sombras; amanece,
mortal bautismo de la carne.
De aquí, la danza; torso, brazos, piernas,
vientre pariendo, lanzadera
en el telar en flor de la batalla;
de este cabello en vueltas, el pecado
redentor aparezca, el paraíso
recobrado del fuego.
Flor capilar, ala de flor en vuelo,
alimento del águila que acecha
en la punta del pie. Cerco de espinas.
Libre ya, por cercada;
por conducida, llevadora;
por desnuda, enjoyada;
por ya muerta, resucitable para siempre.
Collar del movimiento, sangre
nacida, sierpe de plumajes, órbitas,
calavera de azúcar del ombligo.
Y las contrarias lumbres de las manos,
y el grito alegre, y las divinas
tunas afluentes de la primavera.
Ay ay, y los relámpagos;
ay ay, y los fantasmas de la hoguera;
ay ay, y las sonajas como pechos
sobre los pasos a compás.
Aquí la danza, la ceñida
por el coro de espinas; aquí, el círculo
doloroso del alma, restaurado
sobre la fosa del sepulturero.
Rubén Bonifaz Nuño
Gato Ecuestre
¿Cuál de los dos, mi tigre, a quién celebran
las aristas de polvo, las lanzas habitadas
que destellan ventanas insurgentes
en la noche solemne de la proclamación?
¿A quién miran los ojos en la hierba peinada?
¿Para quién la sonrisa aduladora
en las sombras secretas del square
o la memoria hambrienta de los niños?
¿Cuál de los dos exhibe, cuál somete?
¿O acaso lo admirable es ser el bicho
extraordinario que muestra a quien lo doma
y esclaviza la zarpa civil que lo sujeta?
Pues por si acaso fuera en tu homenaje
baila.
Yérguete sobre los cuartos poderosos
la dorada testera propón a las estrellas,
enarca la ancha mano
y queda inmóvil.
¿Cuál de los dos, mi tigre, a quién celebran
las aristas de polvo, las lanzas habitadas
que destellan ventanas insurgentes
en la noche solemne de la proclamación?
¿A quién miran los ojos en la hierba peinada?
¿Para quién la sonrisa aduladora
en las sombras secretas del square
o la memoria hambrienta de los niños?
¿Cuál de los dos exhibe, cuál somete?
¿O acaso lo admirable es ser el bicho
extraordinario que muestra a quien lo doma
y esclaviza la zarpa civil que lo sujeta?
Pues por si acaso fuera en tu homenaje
baila.
Yérguete sobre los cuartos poderosos
la dorada testera propón a las estrellas,
enarca la ancha mano
y queda inmóvil.
Carlos Barral
La Visita Del Arcángel
Verte, como tras niebla, vuelto el rostro,
oculta la cabeza entre las sombras,
y vislumbrar el suelo ajedrezado,
los hondos muros blancos, la ventana
y tras ella el paisaje, una alta torre
guardando la ciudad que ciñe un muro,
los azules, los verdes, los dorados,
tan exactos que niegan la distancia.
Pisar el mármol frío y acercarme
al sitial donde aguardas silenciosa.
Querer cerrar los ojos y estar lejos,
y sentir que mi pulso se acelera
y que fallan mis piernas, y mirarte,
mirarte sin embargo cuando giras
tu rostro envuelto en luz que no es del mundo
hacia mí que te hablo. Y comprender
con estupor y asombro quiénes somos,
pues reconozco al fin cuál es mi sueño,
y sabiendo cumplido mi destino,
y, extendidas mis alas, regresar a lo alto.
De "Espejos" 1986 - 1991
Pre-Textos, 1991 Valencia-España
Verte, como tras niebla, vuelto el rostro,
oculta la cabeza entre las sombras,
y vislumbrar el suelo ajedrezado,
los hondos muros blancos, la ventana
y tras ella el paisaje, una alta torre
guardando la ciudad que ciñe un muro,
los azules, los verdes, los dorados,
tan exactos que niegan la distancia.
Pisar el mármol frío y acercarme
al sitial donde aguardas silenciosa.
Querer cerrar los ojos y estar lejos,
y sentir que mi pulso se acelera
y que fallan mis piernas, y mirarte,
mirarte sin embargo cuando giras
tu rostro envuelto en luz que no es del mundo
hacia mí que te hablo. Y comprender
con estupor y asombro quiénes somos,
pues reconozco al fin cuál es mi sueño,
y sabiendo cumplido mi destino,
y, extendidas mis alas, regresar a lo alto.
De "Espejos" 1986 - 1991
Pre-Textos, 1991 Valencia-España
Abelardo Linares
El Curso de La Luz
Trajo el aire la luz,
y nadie vigilaba, pues la robó en el sueño,
se originó en las sombras,
la luz que rodó negra debajo de los astros.
Casa desnuda, seno de la muerte,
rincón y vastedad, árida herencia,
vertedero sombrío, fértil hueco.
Tú estás donde las cosas lo parecen,
donde el hombre se finge,
ese que, a tus engaños, da en nombrarte
respiración, fidelidad.
Llegas hasta sus ojos,
y en ellos reconoces el nido en que nacieras,
piedra negra que está ignorando el mundo,
y ahondas tu furor, con belleza de rosas
o valle de palomos
o dormidos naranjos en la siesta del mar,
y agujeros callados se los tornas.
Débil es el sepulcro que así eliges,
no dura allí tu noche,
y vuelves a tu oficio, criatura inocente,
y esos que te aman lloran,
pues dejas de ser luz para llamarte tiempo.
nos tejiste con esa luz sombría
de tu origen, y en la carne que alienta
dejas el sordo soplo del olvido;
no es tu reino la humana oscuridad,
y en desventura existes.
Llega a ti el desconsuelo, la desdicha,
resignación del fuerte, y aun rencor,
y así nos acabamos:
extraño es el deseo de esa luz.
Extingue tu suplicio, ciega pronto;
si recobras la paz, no nos perturbes.
Trajo el aire la luz,
y nadie vigilaba, pues la robó en el sueño,
se originó en las sombras,
la luz que rodó negra debajo de los astros.
Casa desnuda, seno de la muerte,
rincón y vastedad, árida herencia,
vertedero sombrío, fértil hueco.
Tú estás donde las cosas lo parecen,
donde el hombre se finge,
ese que, a tus engaños, da en nombrarte
respiración, fidelidad.
Llegas hasta sus ojos,
y en ellos reconoces el nido en que nacieras,
piedra negra que está ignorando el mundo,
y ahondas tu furor, con belleza de rosas
o valle de palomos
o dormidos naranjos en la siesta del mar,
y agujeros callados se los tornas.
Débil es el sepulcro que así eliges,
no dura allí tu noche,
y vuelves a tu oficio, criatura inocente,
y esos que te aman lloran,
pues dejas de ser luz para llamarte tiempo.
nos tejiste con esa luz sombría
de tu origen, y en la carne que alienta
dejas el sordo soplo del olvido;
no es tu reino la humana oscuridad,
y en desventura existes.
Llega a ti el desconsuelo, la desdicha,
resignación del fuerte, y aun rencor,
y así nos acabamos:
extraño es el deseo de esa luz.
Extingue tu suplicio, ciega pronto;
si recobras la paz, no nos perturbes.
Francisco Brines
Las Lenguas de Diamante
Bajo la luna llena, que es una oblea de cobre,
vagamos taciturnos en un éxtasis vago,
como sombras delgadas que se deslizan sobre
las arenas de bronce de la orilla del lago.
Silencio en nuestros labios una rosa ha florido.
¡Oh, si a mi amante vencen tentaciones de hablar!,
la corola, deshecha, como un pájaro herido,
caerá, rompiendo el suave misterio sublunar.
¡Oh dioses, que no hable! ¡Con la venda más fuerte
que tengáis en las manos, su acento sofocad!
¡Y si es preciso, el manto de piedra de la muerte
para formar la venda de su boca, rasgad!
Yo no quiero que hable. Yo no quiero que hable.
Sobre el silencio éste, ¡qué ofensa la palabra!
¡Oh lengua de ceniza! ¡Oh lengua miserable,
no intentes que ahora el sello de mis labios te abra!
¡Bajo la luna-cobre, taciturnos amantes,
con los ojos gimamos, con los ojos hablemos.
Serán nuestras pupilas dos lenguas de diamantes
movidas por la magia de diálogos supremos.
Bajo la luna llena, que es una oblea de cobre,
vagamos taciturnos en un éxtasis vago,
como sombras delgadas que se deslizan sobre
las arenas de bronce de la orilla del lago.
Silencio en nuestros labios una rosa ha florido.
¡Oh, si a mi amante vencen tentaciones de hablar!,
la corola, deshecha, como un pájaro herido,
caerá, rompiendo el suave misterio sublunar.
¡Oh dioses, que no hable! ¡Con la venda más fuerte
que tengáis en las manos, su acento sofocad!
¡Y si es preciso, el manto de piedra de la muerte
para formar la venda de su boca, rasgad!
Yo no quiero que hable. Yo no quiero que hable.
Sobre el silencio éste, ¡qué ofensa la palabra!
¡Oh lengua de ceniza! ¡Oh lengua miserable,
no intentes que ahora el sello de mis labios te abra!
¡Bajo la luna-cobre, taciturnos amantes,
con los ojos gimamos, con los ojos hablemos.
Serán nuestras pupilas dos lenguas de diamantes
movidas por la magia de diálogos supremos.
Juana de Ibarbourou
Penélope
Kabul
Pajarillo enjaulado, me han quitado los ojos
y tengo una cuadrícula
calcada sobre el mundo.
Ni mi propio sudor me pertenece.
Espera en la antesala, me dicen, y entrelazo
mis manos mientras cubro de envidia
las cabras que en el monte ramonean.
Ciega de historia y lino
me pierdo entre las sombras
y a tientas voy contando
la luz del mediodía.
Noche mía del fardo
que sin luces me arroja
la esperanza del tiempo
engastado en la letra. Noche mía, mi luz
cuadriculada en negro, cómo pesa
mi manto y su bordado, cuánto tarda
la paz negra del cielo, cuánto tarda.
De El extranjero, Rialp, Madrid 2000
Kabul
Pajarillo enjaulado, me han quitado los ojos
y tengo una cuadrícula
calcada sobre el mundo.
Ni mi propio sudor me pertenece.
Espera en la antesala, me dicen, y entrelazo
mis manos mientras cubro de envidia
las cabras que en el monte ramonean.
Ciega de historia y lino
me pierdo entre las sombras
y a tientas voy contando
la luz del mediodía.
Noche mía del fardo
que sin luces me arroja
la esperanza del tiempo
engastado en la letra. Noche mía, mi luz
cuadriculada en negro, cómo pesa
mi manto y su bordado, cuánto tarda
la paz negra del cielo, cuánto tarda.
De El extranjero, Rialp, Madrid 2000
Juana Castro
Itinerario Del Deseo
Anoche tuve audiencia con mi cuerpo,
tu fantasma, mis señas personales:
indagué en el desánimo, en el cerco
de mis fiebres. Obsesos arenales
me circundan y crecen hacia adentro.
Me someten sus dunas, a las cuales
rehúyo, añoro, niego, miento, encuentro,
ofrendando el temblor de mis portales.
Sin que medie la luna te poseo
siguiendo de la sangre los puntales.
Dichoso itinerario del deseo
cuando abrevo mi sed en tus panales.
Cuando el alba se apresta a desvestirse
se despiden tus sombras, antes de irse.
Noviembre de 1993
Anoche tuve audiencia con mi cuerpo,
tu fantasma, mis señas personales:
indagué en el desánimo, en el cerco
de mis fiebres. Obsesos arenales
me circundan y crecen hacia adentro.
Me someten sus dunas, a las cuales
rehúyo, añoro, niego, miento, encuentro,
ofrendando el temblor de mis portales.
Sin que medie la luna te poseo
siguiendo de la sangre los puntales.
Dichoso itinerario del deseo
cuando abrevo mi sed en tus panales.
Cuando el alba se apresta a desvestirse
se despiden tus sombras, antes de irse.
Noviembre de 1993
Renée Ferrer
Esta Ternura
Esta ternura y estas manos libres,
¿a quién darlas bajo el viento ? Tanto arroz
para la zorra, y en medio del llamado
la ansiedad de esa puerta abierta para nadie.
Hicimos pan tan blanco
para bocas ya muertas que aceptaban
solamente una luna de colmillo, el té
frío de la vela la alba.
Tocamos instrumentos para la ciega cólera
de sombras y sombreros olvidados. Nos quedamos
con los presentes ordenados en una mesa inútil,
y fue preciso beber la sidra caliente
en la vergüenza de la medianoche.
Entonces, ¿nadie quiere esto,
nadie?
Esta ternura y estas manos libres,
¿a quién darlas bajo el viento ? Tanto arroz
para la zorra, y en medio del llamado
la ansiedad de esa puerta abierta para nadie.
Hicimos pan tan blanco
para bocas ya muertas que aceptaban
solamente una luna de colmillo, el té
frío de la vela la alba.
Tocamos instrumentos para la ciega cólera
de sombras y sombreros olvidados. Nos quedamos
con los presentes ordenados en una mesa inútil,
y fue preciso beber la sidra caliente
en la vergüenza de la medianoche.
Entonces, ¿nadie quiere esto,
nadie?
Julio Cortázar
Amiga A La Que Amo...
Amiga a la que amo: no envejezcas.
Que se detenga el tiempo sin tocarte;
que no te quite el manto
de la perfecta juventud. Inmóvil
junto a tu cuerpo de muchacha dulce
quede, al hallarte, el tiempo.
Si tu hermosura ha sido
la llave del amor, si tu hermosura
con el amor me ha dado
la certidumbre de la dicha,
la compañía sin dolor, el vuelo,
guárdate hermosa, joven siempre.
No quiero ni pensar lo que tendría
de soledad mi corazón necesitado,
si la vejez dañina, prejuiciosa
cargara en ti la mano,
y mordiera tu piel, desvencijara
tus dientes, y la música
que mueves, al moverte, deshiciera.
Guárdame siempre en la delicia
de tus dientes parejos, de tus ojos,
de tus olores buenos,
de tus brazos que me enseñas
cuando a solas conmigo te has quedado
desnuda toda, en sombras,
sin más luz que la tuya,
porque tu cuerpo alumbra cuando amas,
más tierna tú que las pequeñas flores
con que te adorno a veces.
Guárdame en la alegría de mirarte
ir y venir en ritmo, caminando
y, al caminar, meciéndote
como si regresaras de la llave del agua
llevando un cántaro en el hombro.
Y cuando me haga viejo,
y engorde y quede calvo, no te apiades
de mis ojos hinchados, de mis dientes
postizos, de las canas que me salgan
por la nariz. Aléjame,
no te apiades, destiérrame, te pido;
hermosa entonces, joven como ahora,
no me ames: recuérdame
tal como fui al cantarte, cuando era
yo tu voz y tu escudo,
y estabas sola, y te sirvió mi mano.
Amiga a la que amo: no envejezcas.
Que se detenga el tiempo sin tocarte;
que no te quite el manto
de la perfecta juventud. Inmóvil
junto a tu cuerpo de muchacha dulce
quede, al hallarte, el tiempo.
Si tu hermosura ha sido
la llave del amor, si tu hermosura
con el amor me ha dado
la certidumbre de la dicha,
la compañía sin dolor, el vuelo,
guárdate hermosa, joven siempre.
No quiero ni pensar lo que tendría
de soledad mi corazón necesitado,
si la vejez dañina, prejuiciosa
cargara en ti la mano,
y mordiera tu piel, desvencijara
tus dientes, y la música
que mueves, al moverte, deshiciera.
Guárdame siempre en la delicia
de tus dientes parejos, de tus ojos,
de tus olores buenos,
de tus brazos que me enseñas
cuando a solas conmigo te has quedado
desnuda toda, en sombras,
sin más luz que la tuya,
porque tu cuerpo alumbra cuando amas,
más tierna tú que las pequeñas flores
con que te adorno a veces.
Guárdame en la alegría de mirarte
ir y venir en ritmo, caminando
y, al caminar, meciéndote
como si regresaras de la llave del agua
llevando un cántaro en el hombro.
Y cuando me haga viejo,
y engorde y quede calvo, no te apiades
de mis ojos hinchados, de mis dientes
postizos, de las canas que me salgan
por la nariz. Aléjame,
no te apiades, destiérrame, te pido;
hermosa entonces, joven como ahora,
no me ames: recuérdame
tal como fui al cantarte, cuando era
yo tu voz y tu escudo,
y estabas sola, y te sirvió mi mano.
Rubén Bonifaz Nuño
11. Vendrá, Vendrá El Amor, -seguro Laberinto-...
Vendrá, vendrá el amor, -seguro laberinto-.
Descorriendo sombras, jarcias escarlatas,
como julio mil espejos entreabiertos,
-dulces añicos de luz atrapados por la brisa-.
Huele a sol. La calle, cómplice y ensimismada,
nos conduce por los recodos verdes de la dicha.
Azul, demasiado azul en el lento horizonte,
impulso de mar hacia los estambres de la noche.
La calle, sabia; el paso confiado, sutilísimo,
hacia la ribera irresistible del sueño
-celeste llave de luna y de cometa -.
Con vértigo restaurado, pude leer su voz,
cerrado abanico, cercando al insomnio
en la palidez oculta de unos brazos.
De "La lealtad del espejo" 1993
Vendrá, vendrá el amor, -seguro laberinto-.
Descorriendo sombras, jarcias escarlatas,
como julio mil espejos entreabiertos,
-dulces añicos de luz atrapados por la brisa-.
Huele a sol. La calle, cómplice y ensimismada,
nos conduce por los recodos verdes de la dicha.
Azul, demasiado azul en el lento horizonte,
impulso de mar hacia los estambres de la noche.
La calle, sabia; el paso confiado, sutilísimo,
hacia la ribera irresistible del sueño
-celeste llave de luna y de cometa -.
Con vértigo restaurado, pude leer su voz,
cerrado abanico, cercando al insomnio
en la palidez oculta de unos brazos.
De "La lealtad del espejo" 1993
Beatriz Hernanz
¿en Qué Piensas?
Dime: cuando en la noche taciturna,
la frente escondes en tu mano blanca,
y oyes la triste voz de la nocturna
brisa que el polen de la flor arranca;
cuando se fijan tus brillantes ojos
en la plomiza clámide del cielo...
y mustia asoma entre tus labios rojos
una sonrisa fría como el hielo;
cuando en el marco gris de tu ventana
lánguida apoyas tu cabeza rubia...
y miras con tristeza en la cercana
calle, rodar las gotas de la lluvia;
dime: cuando en la noche te despiertas
y hundes el codo en la almohada y lloras...
y abres entre las sombras las inciertas
pupilas como el sol abrasadoras;
¿en qué piensas? ¿en qué? ¡pobre ángel mío!
Piensas en nuestro amor despedazado
ya, como el junco al ímpetu bravío
del torrente que salta desbordado?
¿Piensas tal vez en las azules tardes
en que a la luz de tu mirada ardiente,
mis ojos indecisos y cobardes
posáronse en el mármol de tu frente?
¿O piensas en la hojosa enredadera
bajo la cual un tiempo te veía
peinar tu ensortijada cabellera,
al abrirse los párpados del día?
¡Quién sabe!... no lo sé, pero imagino
que en esas horas de aparente calma,
percibes mucha sombra en tu camino,
¡sientes muchas tristezas en el alma!
Mas... otro amante extinguirá tu frío,
yo sé que tu pesar no será eterno;
mañana vivirás en pleno estío...
y yo, con mi dolor... ¡en pleno invierno!
Dime: cuando en la noche taciturna,
la frente escondes en tu mano blanca,
y oyes la triste voz de la nocturna
brisa que el polen de la flor arranca;
cuando se fijan tus brillantes ojos
en la plomiza clámide del cielo...
y mustia asoma entre tus labios rojos
una sonrisa fría como el hielo;
cuando en el marco gris de tu ventana
lánguida apoyas tu cabeza rubia...
y miras con tristeza en la cercana
calle, rodar las gotas de la lluvia;
dime: cuando en la noche te despiertas
y hundes el codo en la almohada y lloras...
y abres entre las sombras las inciertas
pupilas como el sol abrasadoras;
¿en qué piensas? ¿en qué? ¡pobre ángel mío!
Piensas en nuestro amor despedazado
ya, como el junco al ímpetu bravío
del torrente que salta desbordado?
¿Piensas tal vez en las azules tardes
en que a la luz de tu mirada ardiente,
mis ojos indecisos y cobardes
posáronse en el mármol de tu frente?
¿O piensas en la hojosa enredadera
bajo la cual un tiempo te veía
peinar tu ensortijada cabellera,
al abrirse los párpados del día?
¡Quién sabe!... no lo sé, pero imagino
que en esas horas de aparente calma,
percibes mucha sombra en tu camino,
¡sientes muchas tristezas en el alma!
Mas... otro amante extinguirá tu frío,
yo sé que tu pesar no será eterno;
mañana vivirás en pleno estío...
y yo, con mi dolor... ¡en pleno invierno!
Julio Florez
Quizá
Percibo tu presencia sin estar a mi lado,
y oigo tu breve paso hallándote tan lejos;
siento tu escalofrío sin haberte tocado,
y aún cerrando los ojos me ciegan tus reflejos.
Veo pasar las sombras y en ellas te adivino;
cuando me roza el aire sé que son tus cabellos;
si me azota la lluvia, tus besos imagino,
y por ti son mis sueños inmensamente bellos.
Pero no reconozco tu risa entre las risas,
porque amarga tristeza te cubre con su manto;
y en el tropel de gentes ruidosas y con prisas
no estás, porque te encuentras en soledad y llanto.
Un aura te rodea solemne y misteriosa
que fascina mis ojos aunque nunca te han visto;
es quizá la nostalgia gentil y silenciosa
que permea tu vida y en que yo mismo existo.
No obstante, ambos sabemos que ha de llegar el día
en que la luz disipe la sombra en que vivimos;
y al resurgir pujante nuestra innata alegría,
hemos de ser de nuevo como otro tiempo fuimos.
Tú encontrarás un hombre que te bese y te cante,
y no habrá en vuestra entrega ni exigencia ni ruego;
yo volveré a mis sueños, inventando una amante
y escribiéndola versos, sentado junto al fuego.
Y al mirar al pasado desde el nuevo presente
de ilusiones azules y de esperanzas verdes,
una estrella en el cielo y una luz en tu mente
musitarás mi nombre y quizá me recuerdes.
Percibo tu presencia sin estar a mi lado,
y oigo tu breve paso hallándote tan lejos;
siento tu escalofrío sin haberte tocado,
y aún cerrando los ojos me ciegan tus reflejos.
Veo pasar las sombras y en ellas te adivino;
cuando me roza el aire sé que son tus cabellos;
si me azota la lluvia, tus besos imagino,
y por ti son mis sueños inmensamente bellos.
Pero no reconozco tu risa entre las risas,
porque amarga tristeza te cubre con su manto;
y en el tropel de gentes ruidosas y con prisas
no estás, porque te encuentras en soledad y llanto.
Un aura te rodea solemne y misteriosa
que fascina mis ojos aunque nunca te han visto;
es quizá la nostalgia gentil y silenciosa
que permea tu vida y en que yo mismo existo.
No obstante, ambos sabemos que ha de llegar el día
en que la luz disipe la sombra en que vivimos;
y al resurgir pujante nuestra innata alegría,
hemos de ser de nuevo como otro tiempo fuimos.
Tú encontrarás un hombre que te bese y te cante,
y no habrá en vuestra entrega ni exigencia ni ruego;
yo volveré a mis sueños, inventando una amante
y escribiéndola versos, sentado junto al fuego.
Y al mirar al pasado desde el nuevo presente
de ilusiones azules y de esperanzas verdes,
una estrella en el cielo y una luz en tu mente
musitarás mi nombre y quizá me recuerdes.
Francisco Alvarez
A Dos Adolescentes Mojadas Por Las Lluvias de Primavera
Salud a esos cuerpos que llevan la frescura
de estas sombras lluviosas en el cielo de mayo.
La primavera llueve en dulces aguas claras.
Nubes de corazón brillante.
En la blancura de las frentes de silencioso viento
tenéis vuestra luz y estrellas húmedas
arden en vuestros ojos con íntima alegría.
Y sonreís al tiempo con rosadas mejillas
ofreciendo al mundo un inocente gesto
de primeros amores.
Salud a esos cuerpos de cabellos mojados
por esta lenta lluvia entre vuestro perfume
de poros deseados para beberlos todos.
Bajo los suaves vestidos sois ninfas alegres
que sueña este silencio de laguna desnuda.
En vuestra piel lleváis licor de flores resplandecientes,
azúcar enamorado en vuestros finos labios.
Qué sabrosos frutos se inflamarán un día
en vuestros cuerpos jóvenes de ciervas exquisitas.
La redondez suave de blandos pechos
tiene maravilla y gozo de cáliz ansiado
y que tierno terciopelo se adivina brillante
en vuestras caderas suaves de delicada blancura.
Salud profunda y larga a esos húmedos cuerpos
de lluvia y primavera,
cuerpos jóvenes y alegres,
hermosuras tan vivas,
adolescentes cuerpos para diosas futuras...
De "Seivas de amor e transito", 1984
Salud a esos cuerpos que llevan la frescura
de estas sombras lluviosas en el cielo de mayo.
La primavera llueve en dulces aguas claras.
Nubes de corazón brillante.
En la blancura de las frentes de silencioso viento
tenéis vuestra luz y estrellas húmedas
arden en vuestros ojos con íntima alegría.
Y sonreís al tiempo con rosadas mejillas
ofreciendo al mundo un inocente gesto
de primeros amores.
Salud a esos cuerpos de cabellos mojados
por esta lenta lluvia entre vuestro perfume
de poros deseados para beberlos todos.
Bajo los suaves vestidos sois ninfas alegres
que sueña este silencio de laguna desnuda.
En vuestra piel lleváis licor de flores resplandecientes,
azúcar enamorado en vuestros finos labios.
Qué sabrosos frutos se inflamarán un día
en vuestros cuerpos jóvenes de ciervas exquisitas.
La redondez suave de blandos pechos
tiene maravilla y gozo de cáliz ansiado
y que tierno terciopelo se adivina brillante
en vuestras caderas suaves de delicada blancura.
Salud profunda y larga a esos húmedos cuerpos
de lluvia y primavera,
cuerpos jóvenes y alegres,
hermosuras tan vivas,
adolescentes cuerpos para diosas futuras...
De "Seivas de amor e transito", 1984
Miguel Anxo Fernán_Vello
EN DONDE ESTAS.
¿En donde estas? te haz perdido en las sombras
Te haz fugado en el viento, te esfumaste en la luna
Y quizás no vuelvas nunca.
¡No! Yo quiero que vuelvas, necesitas volver a mi
A darme el calor que me falta en tus brazos
Y encender con un beso, en un fuego inextinguible
Mi desgarrado y yerto corazón.
Milagros Villegas Orozco.
11 de Mayo de 1950.
¿En donde estas? te haz perdido en las sombras
Te haz fugado en el viento, te esfumaste en la luna
Y quizás no vuelvas nunca.
¡No! Yo quiero que vuelvas, necesitas volver a mi
A darme el calor que me falta en tus brazos
Y encender con un beso, en un fuego inextinguible
Mi desgarrado y yerto corazón.
Milagros Villegas Orozco.
11 de Mayo de 1950.
Ignacio Rivas Castro
Conjuro
Los guerreros más augustos ya son sombras
bajo la sombra del viejo encinar.
Cárdena crepita la noche.
Latigazos, ladridos, remotos rayos.
Chirrían las cornejas en el pozo ciego.
Guiarán al manso corcel de hielo.
La tormenta. El sol verde de aguas negras.
No me conozco. Es un lago el pecho muerto.
Bajel de oro, cadalso prieto del día.
Mi cuerpo, como la cuerda de un arco.
Ya labora el invierno, cuando rasga
las cortinas, teatro del mar.
Se enmascara tras las nieblas densas.
Arquero negro, detén tu paso.
Petrifícase el arquero de azabache.
La saeta conoce el derrotero.
Palmo a palmo mensuramos la fosa.
Fango y hojas nos daban la yacija.
Arde y arde el guante de oro del barquero.
La laguna, de nieve y azafrán.
No pensabas que fuera así de blanca.
Ahora vienen las huestes. Cielo allá,
las huestes vienen. Verdor de la encina
en los ojos vacíos, de cal llenos.
Los guerreros más augustos ya son sombras
bajo la sombra del viejo encinar.
Cárdena crepita la noche.
Latigazos, ladridos, remotos rayos.
Chirrían las cornejas en el pozo ciego.
Guiarán al manso corcel de hielo.
La tormenta. El sol verde de aguas negras.
No me conozco. Es un lago el pecho muerto.
Bajel de oro, cadalso prieto del día.
Mi cuerpo, como la cuerda de un arco.
Ya labora el invierno, cuando rasga
las cortinas, teatro del mar.
Se enmascara tras las nieblas densas.
Arquero negro, detén tu paso.
Petrifícase el arquero de azabache.
La saeta conoce el derrotero.
Palmo a palmo mensuramos la fosa.
Fango y hojas nos daban la yacija.
Arde y arde el guante de oro del barquero.
La laguna, de nieve y azafrán.
No pensabas que fuera así de blanca.
Ahora vienen las huestes. Cielo allá,
las huestes vienen. Verdor de la encina
en los ojos vacíos, de cal llenos.
Pere Gimferrer
Misterio
Si tu alma pura es un broche
que para abrirse a la vida
quiere la calma adormecida
de las sombras de la noche;
Si buscas como un abrigo
lo más tranquilo y espeso,
para que tu alma y tu beso
se encuentren solo conmigo;
Y si temiendo en tus huellas
testigos de tus amores,
no quieres ver más que flores,
más que montañas y estrellas;
Yo sé muchas grutas, y una
donde podrás en tu anhelo,
ver un pedazo de cielo
cuando aparezca la luna.
Donde a tu tímido oído
no llegarán otros sones
que las tranquilas canciones
de algún ruiseñor perdido.
Donde a tu mágico acento
y estremecido y de hinojos,
veré abrirse ante mis ojos
los mundos del sentimiento.
Y donde tu alma y la mía,
como una sola estrechadas,
se adormirán embriagadas
de amor y melancolía.
Ven a esta gruta y en ella
yo te daré mis desvelos,
hasta que se hunda en los cielos
la luz de la última estrella.
Y antes que el ave temprana
su alegre vuelo levante
y entre los álamos cante
la vuelta de la mañana.
Yo te volveré al abrigo
de tu estancia encantadora,
donde el recuerdo de esa hora
vendrás a soñar conmigo...
Mientras que yo en el exceso
de la pasión que me inspiras
iré a soñar que me miras,
e iré a soñar que te beso.
Si tu alma pura es un broche
que para abrirse a la vida
quiere la calma adormecida
de las sombras de la noche;
Si buscas como un abrigo
lo más tranquilo y espeso,
para que tu alma y tu beso
se encuentren solo conmigo;
Y si temiendo en tus huellas
testigos de tus amores,
no quieres ver más que flores,
más que montañas y estrellas;
Yo sé muchas grutas, y una
donde podrás en tu anhelo,
ver un pedazo de cielo
cuando aparezca la luna.
Donde a tu tímido oído
no llegarán otros sones
que las tranquilas canciones
de algún ruiseñor perdido.
Donde a tu mágico acento
y estremecido y de hinojos,
veré abrirse ante mis ojos
los mundos del sentimiento.
Y donde tu alma y la mía,
como una sola estrechadas,
se adormirán embriagadas
de amor y melancolía.
Ven a esta gruta y en ella
yo te daré mis desvelos,
hasta que se hunda en los cielos
la luz de la última estrella.
Y antes que el ave temprana
su alegre vuelo levante
y entre los álamos cante
la vuelta de la mañana.
Yo te volveré al abrigo
de tu estancia encantadora,
donde el recuerdo de esa hora
vendrás a soñar conmigo...
Mientras que yo en el exceso
de la pasión que me inspiras
iré a soñar que me miras,
e iré a soñar que te beso.
Manuel Acuña
Elegía Del Marino
Los cuerpos se recuerdan en el tuyo:
su delicia, su amor o sufrimiento.
Si noche fuera amar, ya tu mirada
en incesante oscuridad me anega.
Pasan las sombras, voces que a mi oído
dijeron lo que ahora resucitas,
y en tus labios los nombres nuevamente
vuelven a ser memoria de otros nombres.
El otoño, la rosa y las violetas
nacen de ti, movidos por un viento
cuyo origen viniera de otros labios
aún entre los míos.
Un aire triste arrastra las imágenes
que de tu cuerpo surgen
como hálito de una sepultura:
mármol y resplandor casi desiertos,
olvidada su danza entre la noche.
Mas el tiempo disipa nuestras sombras,
y habré de ser el hombre sin retorno,
amante de un cadáver en la memoria vivo.
Entonces te hallaré de nuevo en otros cuerpos.
De "Amor entre ruinas"
Los cuerpos se recuerdan en el tuyo:
su delicia, su amor o sufrimiento.
Si noche fuera amar, ya tu mirada
en incesante oscuridad me anega.
Pasan las sombras, voces que a mi oído
dijeron lo que ahora resucitas,
y en tus labios los nombres nuevamente
vuelven a ser memoria de otros nombres.
El otoño, la rosa y las violetas
nacen de ti, movidos por un viento
cuyo origen viniera de otros labios
aún entre los míos.
Un aire triste arrastra las imágenes
que de tu cuerpo surgen
como hálito de una sepultura:
mármol y resplandor casi desiertos,
olvidada su danza entre la noche.
Mas el tiempo disipa nuestras sombras,
y habré de ser el hombre sin retorno,
amante de un cadáver en la memoria vivo.
Entonces te hallaré de nuevo en otros cuerpos.
De "Amor entre ruinas"
Alà Chumacero
Bosque de Música
Mi ser fluye en tu música,
bosque dormido en el tiempo,
rendido a la nostalgia de los lagos del cielo.
¿cómo olvidar que soy oculta melodía
y tu adusta penumbra voz de los misterios?
He interrogado los aires que besan la sombra,
he oído en el silencio tristes fuentes perdidas,
y todo eleva mis sueños a músicas celestes.
Voy con las primaveras que te visitan de noche,
que dan vida a las flores en tus sombras azules
y me revelan el vago sufrir de tus secretos.
Tu sopor de luciérnagas es lenta astronomía
que gira en mi susurro de follaje en el viento
y alas da a los suspiros de las almas que escondes.
¿Murió aquí el cazador, al pie de las orquídeas,
el cazador nostálgico por tu magia embriagado?
Oh, bosque: tú que sabes vivir de soledades
¿adonde va en la noche el hondo suspirar?
Mi ser fluye en tu música,
bosque dormido en el tiempo,
rendido a la nostalgia de los lagos del cielo.
¿cómo olvidar que soy oculta melodía
y tu adusta penumbra voz de los misterios?
He interrogado los aires que besan la sombra,
he oído en el silencio tristes fuentes perdidas,
y todo eleva mis sueños a músicas celestes.
Voy con las primaveras que te visitan de noche,
que dan vida a las flores en tus sombras azules
y me revelan el vago sufrir de tus secretos.
Tu sopor de luciérnagas es lenta astronomía
que gira en mi susurro de follaje en el viento
y alas da a los suspiros de las almas que escondes.
¿Murió aquí el cazador, al pie de las orquídeas,
el cazador nostálgico por tu magia embriagado?
Oh, bosque: tú que sabes vivir de soledades
¿adonde va en la noche el hondo suspirar?
Vicente Gerbasi
En La Ebriedad Le Rodeaban Mujeres, Sombra, Policía, Viento.
Ponía venas en las urces cárdenas, vértigo en la pureza; la flor
furiosa de la escarcha era azul en su oído.
Rosas, serpientes y cucharas eran bellas mientras permanecían
en sus manos.
* * *
Era incesante en la pasión vacía. Los perros olfateaban su pureza
y sus manos heridas por los ácidos. En el amanecer, oculto
entre las sebes blancas, agonizaba ante las carreteras, veía
entrar las sombras en la nieve, hervir la niebla en la ciudad profunda.
* * *
Vigilaba la serenidad adherida a las sombras, los círculos donde se
depositan flores abrasadas, la inclinación de los sarmientos.
Algunas tardes, su mano incomprensible nos conducía al lugar sin
nombre, a la melancolía de las herramientas abandonadas.
Cada mañana ponía en los arroyos acero y lágrimas y adiestraba a los
pájaros en la canción de la ira: el arroyo claro para la hija
dulcemente imbécil; el agua azul para la mujer sin esperanza, la que
olía a vértigo y a luz, sola en el albañal entre banderas blancas,
fría bajo la sarga y los párpados ya amarillos de amor.
Era incesante en la pasión vacía. Los perros olfateaban su pureza y
sus manos heridas por los ácidos. En el amanecer, oculto entre las
sebes blancas, agonizaba ante las carreteras, veía entrar las sombras
en la nieve, hervir la niebla en la ciudad profunda
Ponía venas en las urces cárdenas, vértigo en la pureza; la flor
furiosa de la escarcha era azul en su oído.
Rosas, serpientes y cucharas eran bellas mientras permanecían
en sus manos.
* * *
Era incesante en la pasión vacía. Los perros olfateaban su pureza
y sus manos heridas por los ácidos. En el amanecer, oculto
entre las sebes blancas, agonizaba ante las carreteras, veía
entrar las sombras en la nieve, hervir la niebla en la ciudad profunda.
* * *
Vigilaba la serenidad adherida a las sombras, los círculos donde se
depositan flores abrasadas, la inclinación de los sarmientos.
Algunas tardes, su mano incomprensible nos conducía al lugar sin
nombre, a la melancolía de las herramientas abandonadas.
Cada mañana ponía en los arroyos acero y lágrimas y adiestraba a los
pájaros en la canción de la ira: el arroyo claro para la hija
dulcemente imbécil; el agua azul para la mujer sin esperanza, la que
olía a vértigo y a luz, sola en el albañal entre banderas blancas,
fría bajo la sarga y los párpados ya amarillos de amor.
Era incesante en la pasión vacía. Los perros olfateaban su pureza y
sus manos heridas por los ácidos. En el amanecer, oculto entre las
sebes blancas, agonizaba ante las carreteras, veía entrar las sombras
en la nieve, hervir la niebla en la ciudad profunda
Antonio Gamoneda
Como la sonrisa de un atardecer
dormido.
Ocultas tras la mirada inocente
del sueño
un rosario de besos inacabados.
Después,
la siesta sobre una almohada
de luces,
sujeta entre sus brazos de un vago
recuerdo el calor.
Mientras que las sombras
alargadas y oscuras
sostienen sobre sus rodillas,
las leves caricias
de una luz que apenas si mirar puede.
dormido.
Ocultas tras la mirada inocente
del sueño
un rosario de besos inacabados.
Después,
la siesta sobre una almohada
de luces,
sujeta entre sus brazos de un vago
recuerdo el calor.
Mientras que las sombras
alargadas y oscuras
sostienen sobre sus rodillas,
las leves caricias
de una luz que apenas si mirar puede.
Jesús Pérez Romero
¿remordimiento?
La tarde será un sueño de colores...
Tu fantástica risa de oro y plata
derramará en la gracia de las flores
su leve y cristalina catarata.
Tu cuerpo, ya sin mis amantes huellas,
errará por los grises olivares,
cuando la brisa mueva las estrellas
allá sobre la calma de los mares...
¡Sí, tú, tú misma...! irás por los caminos
y el naciente rosado de la luna
te evocará, subiendo entre los pinos,
mis tardes de pasión y de fortuna.
Y mirarás, en pálido embeleso,
sombras en pena, ronda de martirios,
allí donde el amor, beso tras beso,
fue como un agua plácida entre lirios...
¡Agua, beso que no dejó una gota
para el retorno de la primavera;
música sin sentido, seca y rota;
pájaro muerto en lírica pradera!
¡Te sentirás, tal vez, dulce, transida,
y verás, al pasar, en un abismo
al que pobló las frondas de tu vida
de flores de ilusión y de lirismo!
La tarde será un sueño de colores...
Tu fantástica risa de oro y plata
derramará en la gracia de las flores
su leve y cristalina catarata.
Tu cuerpo, ya sin mis amantes huellas,
errará por los grises olivares,
cuando la brisa mueva las estrellas
allá sobre la calma de los mares...
¡Sí, tú, tú misma...! irás por los caminos
y el naciente rosado de la luna
te evocará, subiendo entre los pinos,
mis tardes de pasión y de fortuna.
Y mirarás, en pálido embeleso,
sombras en pena, ronda de martirios,
allí donde el amor, beso tras beso,
fue como un agua plácida entre lirios...
¡Agua, beso que no dejó una gota
para el retorno de la primavera;
música sin sentido, seca y rota;
pájaro muerto en lírica pradera!
¡Te sentirás, tal vez, dulce, transida,
y verás, al pasar, en un abismo
al que pobló las frondas de tu vida
de flores de ilusión y de lirismo!
Juan Ramón Jiménez
En Este Mundo Fugaz
Pozo de realidad, nauseabunda
afirmación, nocturno
cerco de sombras. Todo
hasta la muerte. Somos
aciago resplandor insumiso, noche
florecida. Oh miseria
inmortal. Tú, mi alondra
súbita, mi pequeño colibrí delicado,
flor mecida en la brisa,
tú, dichosa, tú, visitada por la luz,
lavada en su jardín que desciende
despacio,
pequeñez tan querida.
Aquí estás resistiendo,
viva, lúcida,
sostenida
en el sacro relámpago,
alumbrada y dichosa
en el trueno.
tú, mi pequeña
rosa encendida siempre,
pétalo delicado,
húmeda nota,
tú, resistiendo aquí.
Tú, resistiendo,
como si fueses basa
columna, catedral,
como si fueses arco,
romana gradería, circo, templo,
como si fueses número,
incorruptible idea,
tú mi pequeña Yutca,
mi pasajera soledad, mi fugaz entusiasmo,
tú, brevedad, caricia.
Tú, con brazos
débiles como flores,
con cintura,
con quebradizo cuerpo,
con delgadez, con ojos,
con espanto, con risa,
con noche a tu mirada,
tú, mi pequeña Yutca,
tú, resistiendo aquí.
Pozo de realidad, nauseabunda
afirmación, nocturno
cerco de sombras. Todo
hasta la muerte. Somos
aciago resplandor insumiso, noche
florecida. Oh miseria
inmortal. Tú, mi alondra
súbita, mi pequeño colibrí delicado,
flor mecida en la brisa,
tú, dichosa, tú, visitada por la luz,
lavada en su jardín que desciende
despacio,
pequeñez tan querida.
Aquí estás resistiendo,
viva, lúcida,
sostenida
en el sacro relámpago,
alumbrada y dichosa
en el trueno.
tú, mi pequeña
rosa encendida siempre,
pétalo delicado,
húmeda nota,
tú, resistiendo aquí.
Tú, resistiendo,
como si fueses basa
columna, catedral,
como si fueses arco,
romana gradería, circo, templo,
como si fueses número,
incorruptible idea,
tú mi pequeña Yutca,
mi pasajera soledad, mi fugaz entusiasmo,
tú, brevedad, caricia.
Tú, con brazos
débiles como flores,
con cintura,
con quebradizo cuerpo,
con delgadez, con ojos,
con espanto, con risa,
con noche a tu mirada,
tú, mi pequeña Yutca,
tú, resistiendo aquí.
Carlos Bousoño
Lamento En Elca
Estos momentos breves de la tarde,
con un vuelo de pájaros rodando en el ciprés,
o el súbito posarse en el laurel dichoso
para ver, desde allí, su mundo cotidiano,
en el que están los muros blancos de la casa,
un grupo espeso de naranjos,
el hombre extraño que ahora escribe.
Hay un canto acordado de pájaros
en esta hora que cae, clara y fría,
sobre el tejado alzado de la casa.
Yo reposo en la luz, la recojo en mis manos,
la llevo a mis cabellos,
porque es ella la vida,
más suave que la muerte, es indecisa,
y me roza en los ojos,
como si acaso yo tuviera su existencia.
El mar es un misterio recogido,
lejos y azul,
y diminuto y mudo,
un bello compañero que te dio su alegría,
y no te dice adiós, pues no ha de recordarte.
Solo los hombres aman, y aman siempre,
aun con dificultad.
¿Dónde mirar, en esta breve tarde,
y encontrar quien me mire
y reconozca?
Llega la noche a pasos, muy cansada,
arrastrando las sombras
desde el origen de la luz,
y así se apaga el mundo momentáneo,
se enciende mi conciencia.
Y miro el mundo, desde esta soledad,
le ofrezco fuego, amor,
y nada me refleja.
Nutridos de ese ardor nazcan los hombres,
y ante la indiferencia extraña
de cuanto les acoge,
mientan felicidad
y afirmen inocencia,
pues que en su amor
no hay culpa y no hay destino.
Estos momentos breves de la tarde,
con un vuelo de pájaros rodando en el ciprés,
o el súbito posarse en el laurel dichoso
para ver, desde allí, su mundo cotidiano,
en el que están los muros blancos de la casa,
un grupo espeso de naranjos,
el hombre extraño que ahora escribe.
Hay un canto acordado de pájaros
en esta hora que cae, clara y fría,
sobre el tejado alzado de la casa.
Yo reposo en la luz, la recojo en mis manos,
la llevo a mis cabellos,
porque es ella la vida,
más suave que la muerte, es indecisa,
y me roza en los ojos,
como si acaso yo tuviera su existencia.
El mar es un misterio recogido,
lejos y azul,
y diminuto y mudo,
un bello compañero que te dio su alegría,
y no te dice adiós, pues no ha de recordarte.
Solo los hombres aman, y aman siempre,
aun con dificultad.
¿Dónde mirar, en esta breve tarde,
y encontrar quien me mire
y reconozca?
Llega la noche a pasos, muy cansada,
arrastrando las sombras
desde el origen de la luz,
y así se apaga el mundo momentáneo,
se enciende mi conciencia.
Y miro el mundo, desde esta soledad,
le ofrezco fuego, amor,
y nada me refleja.
Nutridos de ese ardor nazcan los hombres,
y ante la indiferencia extraña
de cuanto les acoge,
mientan felicidad
y afirmen inocencia,
pues que en su amor
no hay culpa y no hay destino.
Francisco Brines
AUMENTO DE GRADO
En el recinto ganado…
Rafael Michel Jr
Sombras sigilosas mueven,
estaciones,
va escalando poco a poco
luces radiantes reflejan soles,
peldaños en su sabiduría escolar
al grado de ser admirado
que con preparación y talento
por extraños, amigos y familiares
universos enteros se contraen,
le reconocen hasta sus habilidad deportivas
conciencias ascienden por sus laderas
Optimista y alegre recibe la vida
llevando y trayendo imágenes.
Graduado hoy de la primaria
No olvida los berrinches y corajes
Solo en las regiones elevadas,
En el seno del hogar destaca
albas transparencias se dibujan,
pues su futuro no es incierto
murallas de mármol se esconden,
siguiendo los consejos de los viejos
juegos magníficos se escriben,
para lograr llegar a las metas
transformaciones gigantes se diseñan.
Con amor y sabiduría añora los consejos
Ojos viendo hacia adentro
Para llegar hasta aquel mañana
recorriendo los umbrales del recinto,
de la secundaria, la prepa y universidad
asiendo el futuro por sus alas
en base a los valores humanos
atando el pasado por sus pies
para no darse de topes con sus tropiezos
encumbrando porvenires
pues, llegará hasta donde quiera
elevando comprensiones.
¡Ah! Pero sin olvidar a sus abuelos
El tiempo se detiene
Ya que sus padres le recuerda:
al ver pasar la luz
lo que se hizo, se logró con amor divino
iluminándolo todo
para ser de él, un ejemplo a seguir
con dulzura,
sin elevarse, ni perder el suelo
con amabilidad
deberá llegar a sentir la fama
con infinita perfección
por el simple hecho de existir.
emanando del centro de mi corazón.
En el recinto ganado…
Rafael Michel Jr
Sombras sigilosas mueven,
estaciones,
va escalando poco a poco
luces radiantes reflejan soles,
peldaños en su sabiduría escolar
al grado de ser admirado
que con preparación y talento
por extraños, amigos y familiares
universos enteros se contraen,
le reconocen hasta sus habilidad deportivas
conciencias ascienden por sus laderas
Optimista y alegre recibe la vida
llevando y trayendo imágenes.
Graduado hoy de la primaria
No olvida los berrinches y corajes
Solo en las regiones elevadas,
En el seno del hogar destaca
albas transparencias se dibujan,
pues su futuro no es incierto
murallas de mármol se esconden,
siguiendo los consejos de los viejos
juegos magníficos se escriben,
para lograr llegar a las metas
transformaciones gigantes se diseñan.
Con amor y sabiduría añora los consejos
Ojos viendo hacia adentro
Para llegar hasta aquel mañana
recorriendo los umbrales del recinto,
de la secundaria, la prepa y universidad
asiendo el futuro por sus alas
en base a los valores humanos
atando el pasado por sus pies
para no darse de topes con sus tropiezos
encumbrando porvenires
pues, llegará hasta donde quiera
elevando comprensiones.
¡Ah! Pero sin olvidar a sus abuelos
El tiempo se detiene
Ya que sus padres le recuerda:
al ver pasar la luz
lo que se hizo, se logró con amor divino
iluminándolo todo
para ser de él, un ejemplo a seguir
con dulzura,
sin elevarse, ni perder el suelo
con amabilidad
deberá llegar a sentir la fama
con infinita perfección
por el simple hecho de existir.
emanando del centro de mi corazón.
RAFAEL A. MICHEL
EntraRa el destino DispuesTo a engañar Mi ALma
y la oscura noche tratará de ahogarme en honda tristeza,
mas vendra el DIa COn el Alba CrecIEnte
tanTO como LA iluSIon de POder volveR a verte tAn sErena.
LLegará entonces el tiemPo q la ESPera Habra valido el MomentO
de SOñarTe tan PerfEcta en CIelo INmenSO
cOn tUs ojos de aTARdeCEr y sOmbras De tu Piel Morena
PAra quE al llEgar la NOche tenga Esperanza, en vez de triste Pena.
y la oscura noche tratará de ahogarme en honda tristeza,
mas vendra el DIa COn el Alba CrecIEnte
tanTO como LA iluSIon de POder volveR a verte tAn sErena.
LLegará entonces el tiemPo q la ESPera Habra valido el MomentO
de SOñarTe tan PerfEcta en CIelo INmenSO
cOn tUs ojos de aTARdeCEr y sOmbras De tu Piel Morena
PAra quE al llEgar la NOche tenga Esperanza, en vez de triste Pena.
ALI LLONTOP SERNAQUE
Entre un hombre y una mujer
Entre un hombre y una mujer la vida crece y crecen las lunas los techos la intemperie mientras se entrecruzan palabras halcones arañas zigzagueos del amor del odio de la sombra y el cielo.
Entre un hombre y una mujer la pasión crece el fugor de una lucidez relampagueante que traza entre las sombras sus arabescos y cada uno teme al otro y cada uno confia entrega una almendra al otro y cada uno confía espera y dice:Dios mío amor mío
Y cada uno quisiera un reino azul para el otro en cualquier parte del cielo o de la tierra y cada uno quisiera todo aquello que se oculta tras cercado:
una magnolia,una arcilla, el telón de un teatro de títeres
Una noche de navidad unos balcones que dan a un bosque espeso mientras oscurece.
Cada uno quisiera todo eso para dárselo al otro pero el otro no sabe nada y calla los dos callan.
Estos suele pasar entre un hombre y una mujer que se aman
Y apenas se conocen hasta que las caricias estallan y se dicen todo sin decírselo con las manos sus cuerpos con la respiracion entrecortada la misma de la tierra toda del granito la memoria los prostigos del sueño.
Entre un hombre y una mujer la vida crece y crecen las lunas los techos la intemperie mientras se entrecruzan palabras halcones arañas zigzagueos del amor del odio de la sombra y el cielo.
Entre un hombre y una mujer la pasión crece el fugor de una lucidez relampagueante que traza entre las sombras sus arabescos y cada uno teme al otro y cada uno confia entrega una almendra al otro y cada uno confía espera y dice:Dios mío amor mío
Y cada uno quisiera un reino azul para el otro en cualquier parte del cielo o de la tierra y cada uno quisiera todo aquello que se oculta tras cercado:
una magnolia,una arcilla, el telón de un teatro de títeres
Una noche de navidad unos balcones que dan a un bosque espeso mientras oscurece.
Cada uno quisiera todo eso para dárselo al otro pero el otro no sabe nada y calla los dos callan.
Estos suele pasar entre un hombre y una mujer que se aman
Y apenas se conocen hasta que las caricias estallan y se dicen todo sin decírselo con las manos sus cuerpos con la respiracion entrecortada la misma de la tierra toda del granito la memoria los prostigos del sueño.
Edgar Bayley
El amor de un hijo es dificil describir, ya q lo es todo mas cuando lo ves perdido en las sombras de la muerte, cuando tu hijo mio naciste fuiste mi primera ilusion de mi primer amor fuiste creciendo y mi corazon se emocionaba por el día q crecieras y te realizaras como ser humano como un buen ciudadano q para eso te preparaba yo no sabia los planes de dios ya q solo te había prestado en mi vida ,yo no lo comprendia por que solo 23 años te presto yo queria mas tiempo los padres creemos q nosotros nos vamos a ir primero nunca q los vamos a enterrar a ellos lo q jamaz enterre fue tu recuerdo el mas dulce de los q tengo y saben el vive en mi corazon ,y solo necesito cerrar los ojos para decirte te amo hijo mio mi juanito,mis ojos de ternura q tenias y q hoy solo en mis sueños logro verte corazon solo se q estas ahí y q algún día vendras para encontrarnos y ya no separarnos nuca mas
unicornioazul
Habitaciones Separadas
Está solo. Para seguir camino
se muestra despegado de las cosas.
No lleva provisiones.
Cuando pasan los días
y al final de la tarde piensa en lo sucedido,
tan solo le conmueve
ese acierto imprevisto
del que pudo vivir la propia vida
en el seguro azar de su conciencia,
así, naturalmente, sin deudas ni banderas.
Una vez dijo amor.
Se poblaron sus labios de ceniza.
Dijo también mañana
con los ojos negados al presente
y solo tuvo sombras que apretar en la mano,
fantasmas como saldo,
un camino de nubes.
Soledad, libertad,
dos palabras que suelen apoyarse
en los hombros heridos del viajero.
De todo se hace cargo, de nada se convence.
Sus huellas tienen hoy la quemadura
de los sueños vacíos.
No quiere renunciar. Para seguir camino
acepta que la vida se refugie
en una habitación que no es la suya.
La luz se queda siempre detrás de una ventana.
Al otro lado de la puerta
suele escuchar los pasos de la noche.
Sabe que le resulta necesario
aprender a vivir en otra edad,
en otro amor,
en otro tiempo.
Tiempo de habitaciones separadas.
Está solo. Para seguir camino
se muestra despegado de las cosas.
No lleva provisiones.
Cuando pasan los días
y al final de la tarde piensa en lo sucedido,
tan solo le conmueve
ese acierto imprevisto
del que pudo vivir la propia vida
en el seguro azar de su conciencia,
así, naturalmente, sin deudas ni banderas.
Una vez dijo amor.
Se poblaron sus labios de ceniza.
Dijo también mañana
con los ojos negados al presente
y solo tuvo sombras que apretar en la mano,
fantasmas como saldo,
un camino de nubes.
Soledad, libertad,
dos palabras que suelen apoyarse
en los hombros heridos del viajero.
De todo se hace cargo, de nada se convence.
Sus huellas tienen hoy la quemadura
de los sueños vacíos.
No quiere renunciar. Para seguir camino
acepta que la vida se refugie
en una habitación que no es la suya.
La luz se queda siempre detrás de una ventana.
Al otro lado de la puerta
suele escuchar los pasos de la noche.
Sabe que le resulta necesario
aprender a vivir en otra edad,
en otro amor,
en otro tiempo.
Tiempo de habitaciones separadas.
Luis GarcÃa Montero
....FALSO AMOR...
Falso amor que la distancia aleja, un corazón llorando que ha dejado huellas y una simple ilusión que en mi mente se añeja, son motivos para olvidar y borrarte de mi mente son lunares de dolor que han dejado vacía la ilusión de quererte y sin aliento el aguarde de volver a verte.
Quizás no verte llorar o tal vez no sonreír, quizás encontrar en tus ojos el anhelo de seguir, aun mundo desconocido donde las sombras del destino me ayuden a salir de este largo infortunio de no tenerte junto a mi.
Hay Recuerdos en mi mente que aclaran lo vivido, hay recuerdo de lo lindo que fue estar contigo, recuerdos que sin ellos mi vida no seria lo mismo.
Vivo en la monotonía extrema de la soledad, en la infinita tristeza por que no estas, mi corazón grita y mente llora, mi alma te pide agritos y solo me queda ahora dar un paso atrás y volver a empezar y sin la protagonista inicial intentar que mi corazón sea flechado una vez mas.
Falso amor que la distancia aleja, un corazón llorando que ha dejado huellas y una simple ilusión que en mi mente se añeja, son motivos para olvidar y borrarte de mi mente son lunares de dolor que han dejado vacía la ilusión de quererte y sin aliento el aguarde de volver a verte.
Quizás no verte llorar o tal vez no sonreír, quizás encontrar en tus ojos el anhelo de seguir, aun mundo desconocido donde las sombras del destino me ayuden a salir de este largo infortunio de no tenerte junto a mi.
Hay Recuerdos en mi mente que aclaran lo vivido, hay recuerdo de lo lindo que fue estar contigo, recuerdos que sin ellos mi vida no seria lo mismo.
Vivo en la monotonía extrema de la soledad, en la infinita tristeza por que no estas, mi corazón grita y mente llora, mi alma te pide agritos y solo me queda ahora dar un paso atrás y volver a empezar y sin la protagonista inicial intentar que mi corazón sea flechado una vez mas.
ROBINSON DAVID LABARRERA QUINTERO
Siempre A Ti
(Fragmento)
¡Si pudiera olvidarte! ¡Si pudiera
borrar del pensamiento tu memoria,
ha largo tiempo que arrancado hubiera
la página más triste de mi historia!
¡Mas no!... Si yo jamás quiero olvidarte,
aunque me cause tu desdén dolores!
¡Yo siempre quiero con locura amarte,
y morir cuando mueran mis amores!
Yo no quiero las sombras del olvido
del alma que muere fúnebre sudario;
por más que el corazón solloce herido,
quiero tocar la cumbre del calvario.
Despréciame, aborrece, si lo quieres,
este amor que encendiste, vida mía,
el triste corazón que siempre hieres
morirá bendiciendo su agonía.
Por eso siempre a tí vuela mi acento,
por eso el alma con amor te nombra;
quiero regar tus huellas con mi llanto,
y quiero darte mi alma por alfombra.
(Fragmento)
¡Si pudiera olvidarte! ¡Si pudiera
borrar del pensamiento tu memoria,
ha largo tiempo que arrancado hubiera
la página más triste de mi historia!
¡Mas no!... Si yo jamás quiero olvidarte,
aunque me cause tu desdén dolores!
¡Yo siempre quiero con locura amarte,
y morir cuando mueran mis amores!
Yo no quiero las sombras del olvido
del alma que muere fúnebre sudario;
por más que el corazón solloce herido,
quiero tocar la cumbre del calvario.
Despréciame, aborrece, si lo quieres,
este amor que encendiste, vida mía,
el triste corazón que siempre hieres
morirá bendiciendo su agonía.
Por eso siempre a tí vuela mi acento,
por eso el alma con amor te nombra;
quiero regar tus huellas con mi llanto,
y quiero darte mi alma por alfombra.
Manuel Gutiérrez Nájera
Otros Poemas:
Del mar brota entonces lo desconocido
familiar, el abandono celeste,
la perseverancia del desorden.
Héctor, sediento de éxtasis,
busca
el apóstrofe de la luz,
el desamparo de la certeza,
la seguridad de los cobardes,
el fulgor en los escombros.
El veneno de un puñal,
amante y esperado,
cañamazo de desdichas.
En el principio Perséfone era un árbol
la mujer fue incluso un bosque,
el estupor y el silencio
*
Por ti todo lo he olvidado,
mi niñez y mi patria.
Bebí tu vino. A tu mesa
me senté.
Con pies de medianoche
recibí los abrazos del viento.
Intriga, astucia, tiempo.
Una marea infinita del mundo
hacía alto el terror de tu éxito.
*
Inventaré palabras nuevas
Para hablar con tus silencios.
Un enjambre de verbos incide en la dulce luz
Que robo ilesa de tus ojos.
Una infancia llena de oscuros secretos,
De palabras afrutadas,
De verbos ensimismados en el tiempo.
-El miedo también es un camino,
un corredor de sombras
que apura el opio perfumado del olvido-.
Tus uñas obscenas,
Ácidas de noches lentas,
Descienden por mi cuerpo,
Arañan
La transparencia súbita de enero,
Una carne de luna
Alegre en la derrota,
- nunca es para siempre -
Con la complicidad de las fronteras.
Al norte del futuro hay una palabra
Que espera ser escrita,
Tal vez pueda sobrevivir a tanto olvido hacia dentro.
Del mar brota entonces lo desconocido
familiar, el abandono celeste,
la perseverancia del desorden.
Héctor, sediento de éxtasis,
busca
el apóstrofe de la luz,
el desamparo de la certeza,
la seguridad de los cobardes,
el fulgor en los escombros.
El veneno de un puñal,
amante y esperado,
cañamazo de desdichas.
En el principio Perséfone era un árbol
la mujer fue incluso un bosque,
el estupor y el silencio
*
Por ti todo lo he olvidado,
mi niñez y mi patria.
Bebí tu vino. A tu mesa
me senté.
Con pies de medianoche
recibí los abrazos del viento.
Intriga, astucia, tiempo.
Una marea infinita del mundo
hacía alto el terror de tu éxito.
*
Inventaré palabras nuevas
Para hablar con tus silencios.
Un enjambre de verbos incide en la dulce luz
Que robo ilesa de tus ojos.
Una infancia llena de oscuros secretos,
De palabras afrutadas,
De verbos ensimismados en el tiempo.
-El miedo también es un camino,
un corredor de sombras
que apura el opio perfumado del olvido-.
Tus uñas obscenas,
Ácidas de noches lentas,
Descienden por mi cuerpo,
Arañan
La transparencia súbita de enero,
Una carne de luna
Alegre en la derrota,
- nunca es para siempre -
Con la complicidad de las fronteras.
Al norte del futuro hay una palabra
Que espera ser escrita,
Tal vez pueda sobrevivir a tanto olvido hacia dentro.
Beatriz Hernanz
A vida me ah dado tanto,
me ah quitado tanto también
que hoy eh aprendido
y por eso agradezco lo que soy.
es por esto que te pido tiempo que
sigas siendo mi maestro en esta ciencia,
filosofia, del eterno vivir.
eh aprendido que
unos vienen otros van,
muchos aman, otros lloran
pues cada uno a su manera
aprende a vivir...
aprendemos a reir
cuando las sombras nos rodean,
aprendemos a llorar
de alegria, incluso de amor,
aprendemos a gritar
cuando una emocion,
es incluso mas fuerte que el mismo corazon.
Y sin olvidar que aprendemos a soñar
para que todos esos sueños, se hagan realidad.
es por esto que pido tiempo que
sigas siendo mi maestro,
para aprender a reir, a llorar, a gritar
y también a soñar.
con esta mi filosofia que se llama vivir.
quiero encontrar en ti tiempo,
algo mas que un sol,
algo mas que una noche,
quiero encontrar en ti mi ciencia
la felicidad.
me ah quitado tanto también
que hoy eh aprendido
y por eso agradezco lo que soy.
es por esto que te pido tiempo que
sigas siendo mi maestro en esta ciencia,
filosofia, del eterno vivir.
eh aprendido que
unos vienen otros van,
muchos aman, otros lloran
pues cada uno a su manera
aprende a vivir...
aprendemos a reir
cuando las sombras nos rodean,
aprendemos a llorar
de alegria, incluso de amor,
aprendemos a gritar
cuando una emocion,
es incluso mas fuerte que el mismo corazon.
Y sin olvidar que aprendemos a soñar
para que todos esos sueños, se hagan realidad.
es por esto que pido tiempo que
sigas siendo mi maestro,
para aprender a reir, a llorar, a gritar
y también a soñar.
con esta mi filosofia que se llama vivir.
quiero encontrar en ti tiempo,
algo mas que un sol,
algo mas que una noche,
quiero encontrar en ti mi ciencia
la felicidad.
Enaiiad LebasÃ
“Carta a la Soledad…”
"Sombras negras en mi corazón, un millón de recuerdos, sensaciones que asfixian un alma abandonada, son algunas de las tantas cosas que me dejo tu desamor, tu rechazo. Hace ya tanto tiempo que mantengo la fe de una vida a tu lado, que lucho incesantemente por la dicha de tu ser, que dedico los segundos a encontrar la razón de mi locura de amor. Más todo esfuerzo es inútil, banal, sombrío. El fin de este martirio esta a punto de llegar...
Esta es mi carta a la soledad, carta que dedico a quien me ha hecho tan feliz y tan desdichado al mismo tiempo, (Patty). Miles de razones existen para amarte con desesperación, para maldecir o bendecir a la vida. Para creer que Dios me dio el más grande regalo que un hombre puede recibir, y también para pensar que este puede ser el mayor castigo que alguien indigno pueda merecer...
No se si por algún motivo merecía tu desprecio, tal vez solo fue el destino, pero aún así luche contra toda adversidad, siempre queriendo ser algo mas en tu vida. Quise ocupar un lugar que ya estaba reservado y al final, solo quedamos mi alma y yo al fondo de un abismo sin salida. Como imaginar que tú ya tenías otro amor, cuando siempre quise y creí ser el único. Tu soledad es mi soledad, a ella le cuento todas mis tristezas y añoranzas, es la ausencia de tu piel la ausencia de mi corazón, de mis ganas de vivir. A pesar de tanto dolor y sufrimiento en mi ser, te sigo amando como el primer día, y sabemos que este amor no morirá con el invierno...
Esta es mi carta al dolor, a la tristeza, a cualquier sentimiento que desnude un corazón destrozado. Pero también es mi carta a la esperanza de olvido, al consuelo, al tiempo que se desvanece como la neblina y con el, los recuerdos. No me queda mas que aceptar la verdad que me agobia, una verdad en donde una vida juntos no es opción, solo es un sueño…
Que mas puedo pedir que no sea tranquilidad en mi alma, cuando se que solo fuiste una ilusión en mi mente, algo que no va mas allá de mis sueños. Buscando tu amor solo penumbras encontré. Solo me queda resignarme a la vida que me espera, al camino que debo seguir, lleno de tristezas y soledad. Solo me queda despedirme del mundo en que sufrí y llore…Esta es mi carta a la soledad...”
"Sombras negras en mi corazón, un millón de recuerdos, sensaciones que asfixian un alma abandonada, son algunas de las tantas cosas que me dejo tu desamor, tu rechazo. Hace ya tanto tiempo que mantengo la fe de una vida a tu lado, que lucho incesantemente por la dicha de tu ser, que dedico los segundos a encontrar la razón de mi locura de amor. Más todo esfuerzo es inútil, banal, sombrío. El fin de este martirio esta a punto de llegar...
Esta es mi carta a la soledad, carta que dedico a quien me ha hecho tan feliz y tan desdichado al mismo tiempo, (Patty). Miles de razones existen para amarte con desesperación, para maldecir o bendecir a la vida. Para creer que Dios me dio el más grande regalo que un hombre puede recibir, y también para pensar que este puede ser el mayor castigo que alguien indigno pueda merecer...
No se si por algún motivo merecía tu desprecio, tal vez solo fue el destino, pero aún así luche contra toda adversidad, siempre queriendo ser algo mas en tu vida. Quise ocupar un lugar que ya estaba reservado y al final, solo quedamos mi alma y yo al fondo de un abismo sin salida. Como imaginar que tú ya tenías otro amor, cuando siempre quise y creí ser el único. Tu soledad es mi soledad, a ella le cuento todas mis tristezas y añoranzas, es la ausencia de tu piel la ausencia de mi corazón, de mis ganas de vivir. A pesar de tanto dolor y sufrimiento en mi ser, te sigo amando como el primer día, y sabemos que este amor no morirá con el invierno...
Esta es mi carta al dolor, a la tristeza, a cualquier sentimiento que desnude un corazón destrozado. Pero también es mi carta a la esperanza de olvido, al consuelo, al tiempo que se desvanece como la neblina y con el, los recuerdos. No me queda mas que aceptar la verdad que me agobia, una verdad en donde una vida juntos no es opción, solo es un sueño…
Que mas puedo pedir que no sea tranquilidad en mi alma, cuando se que solo fuiste una ilusión en mi mente, algo que no va mas allá de mis sueños. Buscando tu amor solo penumbras encontré. Solo me queda resignarme a la vida que me espera, al camino que debo seguir, lleno de tristezas y soledad. Solo me queda despedirme del mundo en que sufrí y llore…Esta es mi carta a la soledad...”
Rodolfo MartÃnez GarcÃa
La cigüeña canta en las sombras sus crías le siguen. Tengo una hermosa copa y la compartiré contigo. Así sucede con la respuesta del hombre de buena voluntad cuando escucha la clara expresión de la verdad.
I CHING
Tal vez hay un Dios que es como la luz del fuego, pero todo lo que podemos ver son las sombras que nosotros mismos proyectamos cuando caminamos frente al fuego. Entonces vemos grandes sombras moviéndose y creemos que son Dios, pero en realidad no son más que nuestras propias siluetas.
Philippa Gregory
Este amor te ayudará a remontar todo obstáculo. Será una luz en medio de las sombras, una brújula cuando vagues sin rumbo, un ancla que te sujete en la tormenta y un manto que te abrigue y te conforte cuando estés a solas y a la intemperie.
Nirvana
entre sombras estoi esperando a ver la luz entre sombras vivo y muero entre sombras perdia la esperansa y las ganas de vivivr;entre sombras conosi a mi angel de luz me dio las ganas, la fe y las fuerzas para seguir adelante pero las sombras lo están devorando al igual k lo están asiendo kon migo.
estrafalarius
"AL AMOR DESCONOCIDO"
Camina por lo desconocido
sin temores,camina por la senda
del amor desconocido
...mis sombras te guiarán
al eterno confín del espacio
para tenerte y amarte.
Camina por lo desconocido
sin temores,camina por la senda
del amor desconocido
...mis sombras te guiarán
al eterno confín del espacio
para tenerte y amarte.
Miguel Visurraga Sosa
Verano,invierno
Verano,desarticulado,desdibujado
encajas en sombras vagas
por un invierno envuelto en brumoso frío.
Verano,desarticulado,desdibujado
encajas en sombras vagas
por un invierno envuelto en brumoso frío.
Miguel Visurraga Sosa