Pensamientos de Aristóteles ( 6 )
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Las cosas se llaman equívocas cuando tan solo tienen de común el nombre.

La única verdad es la realidad.

Es preciso que la filosofía sea un saber especial, de los primeros principios y de las primeras causas.

En parte, el arte completa lo que la naturaleza no puede elaborar y, en parte, imita a la naturaleza.
¿Cómo no será absurdo que cuando uno es feliz no se reconozca con verdad la felicidad que posee por no querer declarar felices a los que viven, a causa de las mudanzas de las cosas y por entender l...

El instante es la continuidad del tiempo, pues une el tiempo pasado con el tiempo futuro.

Que nadie elogia a la felicidad... por eso dicen que en la mitad de la vida en nada se diferencian los felices de los desgraciados.

Nada hay en la mente que no haya estado antes en los sentidos.

El hombre solitario es una bestia o un dios.

Todo hombre tiene derecho a ser feliz.

Lo que con mucho trabajo se adquiere, más se ama.

La necesidad ha hecho aparearse a quienes no pueden existir el uno sin el otro, como son el varón y la mujer.

Solo hay felicidad donde hay virtud y esfuerzo serio, pues la vida no es un juego.
Si las acciones humanas pueden ser nobles, vergonzosas o indiferentes, lo mismo ocurre con los placeres correspondientes. Hay placeres que derivan de actividades nobles, y otros de vergonzoso origen.

Quien discute sobre si se puede matar a la propia madre no merece argumentos sino azotes.

Porque en toda acción en la que se da lo más y lo menos se da también lo igual.

El sabio no dice todo lo que piensa, pero siempre piensa todo lo que dice.

No se puede ser y no ser algo al mismo tiempo y bajo el mismo aspecto.

Los tiranos se rodean de hombres malos porque les gusta ser adulados y ningún hombre de espíritu elevado les adulará.

Pues la felicidad requiere, una virtud perfecta y una vida entera.

Parece, en efecto, que el principio es más de la mitad del todo, y que por él se aclaran muchas de las cosas que se buscan.

Más se estima lo que con más trabajo se gana.

No todo término merece el nombre de fin, sino tan solo el que es óptimo.

No admitir como verdad nada que no fuera evidente.

El comienzo de todos los saberes es la admiración ante el hecho de que las cosas sean como son.

Por aquello que llamamos justo queremos decir lo que es legal, lo que es limpio y equitativo.

Cada uno juzga bien aquello que conoce, y de eso es buen juez.

Si tanto me alaban, será por alabarse a sí mismos, pues al alabarme dan a entender que me comprenden.

La virtud está en el término medio.

El hombre es un animal político.

Las revoluciones no se hacen por menudencias, pero nacen por menudencias.

La esperanza es el sueño del hombre despierto.

El imitar es connatural al hombre.

Es preciso preferir la soberanía de la ley a la de uno de los ciudadanos.

Todo hombre, por naturaleza, desea saber.

No se puede desatar un nudo sin saber cómo está hecho.

Si sobrevienen males, oprimen y corrompen la felicidad, porque traen aflicciones; Sin embargo, también en estos resplandece la nobleza.

Todos los gobiernos mueren por la exageración de su principio.

También elogiamos al sabio por su habito, y a los hábitos dignos de elogio los llamamos virtudes.

Se quiere más aquello que se ha conseguido con muchas fatigas.