Pensamientos de Aristóteles ( 7 )
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Porque el hombre bueno es propenso a ceder.

El fin de la ciencia especulativa es la verdad, y el fin de la ciencia práctica es la acción.

La ciencia es respecto del alma lo que es la luz respecto de los ojos, y si las raíces son amargas, los frutos son muy dulces.

La historia cuenta lo que sucedió; la poesía lo que debía suceder.

No hace falta un gobierno perfecto; se necesita uno que sea práctico.
El que posee las nociones más exactas sobre las causas de las cosas y es capaz de dar perfecta cuenta de ellas en su enseñanza, es más sabio que todos los demás en cualquier otra ciencia.

Los grandes conocimientos engendran las grandes dudas.

Así como los ojos de los murciélagos se ofuscan a la luz del día, de la misma manera a la inteligencia de nuestra alma la ofuscan las cosas evidentes.

Los dialécticos y los sofistas, en sus disquisiciones, se revisten de la apariencia de filósofos.

Nunca se alcanza la verdad total, ni nunca se está totalmente alejado de ella.

Es un principio indiscutible que para saber mandar bien, es preciso saber obedecer.

Todos los aduladores son mercenarios, y todos los hombres de bajo espíritu son aduladores.

Si el espíritu es un atributo divino, una existencia conforme al espíritu será verdaderamente divina.

La verdadera felicidad consiste en hacer el bien.

El género humano tiene, para saber conducirse, el arte y el razonamiento.

Porque deleitarse es algo anímico, y para cada uno es placentero aquello de lo que se dice aficionado.

Todos o casi todos distinguen el alma por tres de sus atributos: el movimiento, la sensación y la incorporeidad.

El verdadero discípulo es el que supera al maestro.

El amigo es otro yo. Sin amistad el hombre no puede ser feliz.

Adquirir desde jóvenes tales o cuales hábitos no tiene poca importancia: tiene una importancia absoluta.

Se ha dicho con razón que el bien es aquello a que todas las cosas, tienden.

Por esto se discute también si la felicidad es algo que puede aprenderse o adquirirse por costumbre o si sobreviene por algún destino.

Un amigo fiel es un alma en dos cuerpos.

Pues el defecto no está en el tiempo, sino en vivir y procurar todas las cosas de acuerdo con la pasión.

Como la vista es al cuerpo, la razón es al espíritu.

Los que obran bien son los únicos que pueden aspirar en la vida a la felicidad.

Es propio del filósofo poder especular sobre todas las cosas.

Los discursos inspiran menos confianza que las acciones.

A fuerza de construir bien, se llega a buen arquitecto.

La excelencia moral es resultado del hábito. Nos volvemos justos realizando actos de justicia; templados, realizando actos de templanza; valientes, realizando actos de valentía.

Saber es acordarse.

La naturaleza no hace nada en vano.

El hombre que se mantiene en el justo medio lleva el nombre de sobrio y moderado.
En realidad vivir como hombre significa elegir un blanco -honor, gloria, riqueza, cultura- y apuntar hacia él con toda la conducta, pues no ordenar la vida a un fin es señal de gran necedad.

El único estado estable es aquel en que todos los ciudadanos son iguales ante la ley.

Enseñar no es una función vital, porque no tienen el fin en sí misma; la función vital es aprender.

Puesto que lo porvenir no está oculto, concluimos que la felicidad es fin y completamente perfecta en todos sentidos.

La riqueza consiste mucho más en el disfrute que en la posesión.

Pues es imposible o no es fácil hacer el bien cuando se está desprovisto de recursos.

Lo que está en nuestro poder hacer, también está en nuestro no poder hacerlo.