Frases de Miguel Delibes


106 frases de Miguel Delibes


Para el que no tiene nada, la política es una tentación comprensible, porque es una manera de vivir con bastante facilidad.


Al palpar la cercanía de la muerte, vuelves los ojos a tu interior y no encuentras más que banalidad, porque los vivos, comparados con los muertos, resultamos insoportablemente banales.


A los mayores tiranos siempre les gustó tener fama de liberadores


Era hombre de una sola novia, pero si la novia me hubiera dejado hubiera sido de dos novias. O tres novias


Cuando a la gente le faltan músculos en los brazos, le sobran en la lengua


Permitamos que el tiempo venga a buscarnos en vez de luchar contra él


Yo escribía para ella. Y cuando faltó su juicio, me faltó la referencia. Dejé de hacerlo, dejé de escribir, y esta situación duró años. En ese tiempo pensé a veces que todo se había terminado


Se me ha saltado la cuerda como a los coches de los niños pequeños


El campo es una de las pocas oportunidades que aún restan para huir.


Para escribir un buen libro no considero imprescindible conocer París ni haber leído el Quijote. Cervantes cuando lo escribió, aún no lo había leído.


Los hombres necesitan siempre de un hazmerreír para eclipsarse a sí mismos la propia ruindad de sus barros.


No existe la felicidad. A lo largo de la vida hay briznas de dicha que se deshacen como pompas de jabón.


La máquina ha venido a calentar el estómago del hombre pero ha enfriado su corazón.


Escribir sobre asuntos de caza constituye, en cierto modo, una liberación de los condicionamientos que rigen el resto de mi actividad literaria. Si cazando me siento libre, escribiendo sobre caza repr...


La vida era el peor tirano conocido.


Hay cosas que la voluntad humana no es capaz de controlar


Cuando murió mi mujer, Dios me ayudó, sin duda. Tuve esta sensación durante varios años, hasta que logré salir del pozo


Si el cielo de Castilla es alto es porque lo habrán levantado los campesinos de tanto mirarlo


La medicina ha prolongado nuestra vida, pero no nos ha falicitado una buena razón para seguir viviendo.


Me dejó la amarga impresión de que lo que había visto a través de su pupila estancada era la sombra de la muerte.