Frases de Sara de Ibáñez


28 frases de Sara de Ibáñez


Voy a llorar sin prisa. voy a llorar hasta olvidar el llanto y lograr la sonrisa.


No Puedo

No puedo cerrar mis puertas
ni clausurar mis ventanas:
he de salir al camino
donde el mundo gira y clama,
he de salir al camino
a ver la muerte que pasa.

He de salir a mirar
cómo crece y se...


Yo sé el camino para poder hallarte. La muerte me ha mirado caminar por sus valles.


Ahora que oyes tu sangre me has oído.


Trino Y Uno

II
Después de tantos mares donde se deshojaron
en otoños de espuma los leves rostros muertos
y fueron como sombras de incendiados marfiles
a plegarse en el fondo de dormidos espejos,
aque...


Combate Imposible

Conastutacabezadezafiro,
bloquedepiedrafríaytransparente,
inmóvil,lamandíbulasellada,
lindaconlatinieblaelmonstruoleve.

Mientraselpolvoenquesedueleelmundo
curvasuflor,sulágrimatroq...


Quisiera abrir mis venas para buscar tus rastros.


La palabra me devora si me aviva el pensamiento, y en callada flor del viento mi antigua canción demora.


¿Te has inclinado a veces para tocar la tierra donde el musgo defiende las flores más pequeñas?.


No puedo cerrar mis puertas ni clausurar mis ventanas: he de salir al camino donde el mundo gira y clama, he de salir al camino a ver la muerte que pasa.


Voy con el agua entera llena de pechos vivos y rumores; la mansa, la viajera de los largos temblores, la de los infinitos ruiseñores.


Turbada transparencia me dejaste. Porque tu blanca miel labró mis huesos y en limo y hojarasca me encerraste.


Vuélvete rosa desnuda al carmen rosa del cielo. La forma de mi desvelo frente a tu sonrisa duda.


Porque hay uno, entre todos uno, glorioso pasto de la llaga. Rey sin ventura. El inocente: el que ha traído la palabra.


Aquí jadeo hasta acabar la sangre clavada en la canción mi lanza triste, hasta que el fruto de su viejo vientre lance al estrago la materna esfinge.


Aquella vez se perdieron tus ojos en los míos y yo sin detener el alma logré despedazar a tu tristeza.


Óyeme ahora: mira en tu soledad una abeja dormida, que elabora en el sueño su miel sin alegría.


Todos esperan, convocados por un silencio de campanas; todos esperan, sombra a sombra, que por sus ojos hable el alba.


Atrás la tierra, el agua, el fuego, el aire: dejad que diga el pensamiento solo la flor sin cuerpo de mi voz desnuda.


Sobre este muro frío me han dejado con la sombra ceñida a la garganta, donde oprime sus brotes de tormenta un canto vivo hasta quebrarse en ascuas.