Frases de Fiodor Dostoievski


47 frases de Fiodor Dostoievski


En dos segundos me ha hecho usted feliz para siempre. Si, feliz. Quien sabe, quizá me ha reconciliado conmigo mismo, quizá ha resuelto mis dudas... quizá hay también para mi minutos así...


Dígame...¿ por qué en tales momentos se corta el aliento?.


El secreto de la existencia no consiste solamente en vivir, sino en saber para que se vive.


Los celosos son los primeros que perdonan, todas las mujeres lo saben.


La mujer, solo el diablo sabe lo que es; yo no lo sé en absoluto.


Bajó los ojos y luego quiso mirarme pero no pudo. Durante algunos minutos probó a dominar su emoción, pero de pronto me volvió la espalda, puso los codos en la barandilla del muelle y se deshizo en lá...


En ese instante sentí una horrible tristeza y, sin embargo, algo así como un brote de risa empezó a cosquillearme el alma.


Decirle que me muero solo, que no me rechace, pero usted se ríe...por lo demás, hablo solo para hacerla reír...


¿Quién sabe si quizá todo el amor mío no fue más que un engaño de los sentidos, de la fantasía?.


Pero ya sabe usted que quien ama no recuerda largo tiempo el agravio.


Con su propio rincón, junto a un ser querido que le escucha como usted me escucha ahora, ángel mío, con la boca y los ojos abiertos en una noche de invierno.


Y le apena a uno que esa instantánea belleza se haya marchitado de manera tan rápida e irrevocable, que haya brillado tan engañosa e ineficazmente ante uno; le apena el que ni siquiera hubiese tiempo ...


En vano escarba el soñador en sus viejos sueños, como si fueran ceniza en la que busca algún rescoldo para reavivar la fantasía, para recalentar con nuevo fuego su enfriado corazón y resucitar en él u...


A quien al cabo le resultó imposible vivir en este mundo...


Pero hasta tanto que llegue ese momento amenazador nuestro héroe no desea nada, porque está por encima del deseo, porque está saciado, porque es artista de su propia vida y se forja cada hora según su...


Perdone que se lo diga otra vez, pero no puedo dejar de venir aquí mañana. Soy un soñador. Hay en mí tan poca vida real, los momentos como éste, como el de ahora, son para mí tan raros que me es impos...


El verdadero dolor, el que nos hace sufrir profundamente, hace a veces serio y constante hasta al hombre irreflexivo; incluso los pobres de espíritu se vuelven más inteligentes después de un gran dolo...


Yo le quiero a él, pero esto pasará, esto tiene que pasar. Es imposible que no pase, está pasando ya, lo siento... ¿ Quién sabe? Quizá termine hoy mismo, porque le odio, porque se ha reído de mi, mien...


Cuando digo que mira, miento. No mira, sino que contempla distraídamente. De modo que quizá solo fugazmente, casi sin querer, puede ocuparse de lo que le rodea.


En esa otra vida hay una mezcla de algo puramente fantástico, ardientemente ideal, y de algo terriblemente ordinario.