Frases de François Mauriac


21 frases de François Mauriac


No nos hemos de dejar engañar por las malas acciones de la gente buena. Se puede ser bueno, misericordioso, desinteresado, y ser también capaz de una mala acción.


No siento el menor deseo de jugar en un mundo en el que todos hacen trampa.


Dime lo que lees y te diré quien eres, eso es verdad, pero te conoceré mejor si me dices lo que relees.


El día que tú no ardas de amor, muchos morirán de frío.


Cada uno somos un desierto.


Los hombres de estado son como los cirujanos: sus errores son mortales.


Un mal escritor puede llegar a ser un buen crítico, por la misma razón que un pésimo vino también puede llegar a ser un buen vinagre.


El amor de las mujeres por los hombres no es un muro a cuyo amparo ellos se puedan refugiar; es un obstáculo que se ha de franquear para vivir.


Los jóvenes solo pueden entenderse entre ellos. Es muy difícil que una persona mayor escuche y comprenda a un joven.


Los seres destinados a ser amados son, a pesar de todo, odiados por aquellos otros seres a quienes nadie nunca puede amar.


La calumnia siempre es sencilla y verosímil. Y en esto se diferencia muchas veces de la verdad.


La muerte no nos roba los seres amados. Al contrario, nos los guarda y nos los inmortaliza en el recuerdo. La vida sí que nos los roba muchas veces y definitivamente.


Un viejo solo existe por lo que posee. Desde el momento que no posee nada, se le arrumba con la basura. A esta edad avanzada solo se puede escoger entre el asilo y la fortuna.


¡qué poco cuesta construir castillos en el aire y qué cara es su destrucción!.


La gentileza siempre es un signo de traición.


El tiempo siempre está maduro, la pregunta es para qué.


No confundáis a Jesús, el maestro,
con los pobres hombres que le siguen de lejos.
No esperéis que su inconsecuencia
pueda serviros eternamente de excusa.


Escribir es recordar, pero leer también es recordar.


El arte de vivir es sacrificar una pasión baja a otra más alta.


El amor busca en los seres, más allá de la carne, un secreto de ardor, de ciencia y de astucia que solo tienen los que han vivido mucho.