Frases de Santiago Ramón y Cajal


59 frases de Santiago Ramón y Cajal


Nada me inspira más veneración y asombro que un anciano que sabe cambiar de opinión.


A nadie cuesta más que a aquel que mucho desea.


¿no tienes enemigos? ¿es que jamás dijiste la verdad o jamás amaste la justicia?.


Razonar y convencer, ¡qué difícil, largo y trabajoso! ¿Sugestionar? ¡Qué fácil, rápido y barato!


En cuanto el alma pierde la aureola juvenil, los generosos torneos por el aplauso son sustituidos por las egoístas competencias por el dinero.


El hombre es un ser social cuya inteligencia exige para excitarse el rumor de la colmena.


Se tienen muchas ideas y pocos amigos o muchos amigos y pocas ideas.


Al carro de la cultura española le falta la rueda de la ciencia.


Hay pocos lazos de amistad tan fuertes que no puedan ser cortados por un pelo de mujer.


Nos desdeñamos u odiamos porque no nos comprendemos porque no nos tomamos el trabajo de estudiarnos.


De todas las reacciones posibles ante una injuria, la más hábil y económica es el silencio.


Lo peor no es cometer un error, sino tratar de justificarlo, en vez de aprovecharlo como aviso providencial de nuestra ligereza o ignorancia.


Se conocen infinitas clases de necios; la más deplorable es la de los parlanchines empeñados en demostrar que tienen talento.


El juego cumple una alta misión moral, sirve para arruinar a los idiotas.


La gloria, en verdad, no es otra cosa que un olvido aplazado.


Las ideas no duran mucho. Hay que hacer algo con ellas.


La simpatía es muy frecuentemente un prejuicio sentimental basado en la idea de que la cara es el espejo del alma. Por desgracia, la cara es casi siempre una careta.


El arte de vivir mucho es resignarse a vivir poco a poco.


Evita la conversación de aquellas personas cuya palabra, en vez de ser trabajo, es placer. Los grandes parlanchines suelen ser espíritus refinadamente egoístas, que buscan nuestro trato, no para estre...


Defecto por defecto, preferible es la arrogancia al apocamiento, la osadía mide sus fuerzas y vence o es vencida, pero la modestia excesiva huye de la batalla y se condena a vergonzosa inacción.