Frases de Isabel Allende


170 frases de Isabel Allende


Escribir es como hacer el amor. No te preocupes por el orgasmo, preocúpate del proceso.


Para las mujeres el mejor afrodisiaco son las palabras, el punto g está en los oídos, el que busque más abajo está perdiendo el tiempo.


He sido forastera durante casi toda mi vida, condición que acepto porque no me queda alternativa.


Aprendí pronto que al emigrar se pierden las muletas que han servido de sostén hasta entonces, hay que comenzar desde cero, porque el pasado se borra de un plumazo y a nadie le importa de dónde uno vi...


Mi vida ha consistido en desafiar la autoridad, lo que me enseñaron de pequeña. La vida es puro ruido entre dos silencios abismales. Silencio antes de nacer, silencio después de la muerte.


Si escribo algo, temo que suceda, si amo demasiado a alguien temo perderlo; sin embargo no puedo dejar de escribir ni de amar


Es mejor ser hombre que mujer, porque hasta el hombre más miserable tiene una mujer a la cual mandar.


Mi pasado tiene poco sentido, no veo orden, claridad, propósitos ni caminos, solo un viaje a ciegas, guiada por el instinto y por acontecimientos incontrolables que desviaron el curso de mi suerte.


La infancia feliz es un mito.


El feminismo no me alcanzó para repartir las tareas domésticas, en verdad esa idea no me pasó por la cabeza, creía que la liberación consistía en salir al mundo y echarme encima los deberes masculinos...


A los niños nadie les enseña algunas cosas indispensables, como arreglar una llave que gotea, sobornar a un funcionario o cortarle el pelo al perro.


Vengo del llamado tercer mundo (¿cuál es el segundo?).


El que busca la verdad corre el riesgo de encontrarla.


Los chilenos seguimos conectados a la tierra, como los campesinos que antes fuimos.


La guerra es la obra de arte de los militares, la coronación de su formación, el broche dorado de su profesión. No han sido creados para brillar en la paz.


A cada rato uno naufraga en lagunas educacionales. Cuando hay que detener un taxi uno piensa por qué diablos no enseñan a silbar desde el primer grado. O a desengrasar ollas, salir de un ascensor atas...


Largamente, sin apuro, en la paz de la noche habitó en ella deteniéndose en el umbral de cada sensación, saludando al placer, tomando posesión al tiempo que se entregaba.


Su oficio era vender palabras. Recorría el país, desde las regiones más altas y frías hasta las costas calientes, instalándose en las ferias y en los mercados, donde montaba cuatro palos con un toldo ...


En los momentos más duros de mi existencia, cuando me ha parecido que se cierran todas las puertas, el sabor de esos damascos me viene a la boca para consolarme con la idea de que la abundancia está a...


Nací en los tiempos antiguos, en el fin del mundo, en una família católica y conservadora patriarcal. No es de extrañar que a los cinco años yo era una feminista furiosa - aunque el término no había l...