Frases de Arthur Rimbaud


67 frases de Arthur Rimbaud


Ahora puedo decir que el arte es una tontería.


La moral es la debilidad del cerebro.


Espero a dios como golosina.


De mis ancestros conservo los ojos celestes, el cerebro estrecho y la imprudencia de la lucha.


Cambia nuestra suerte, acribilla las plagas comenzando por el tiempo.


Soy un inventor de muy distinto mérito que todos los que me han precedido; incluso un músico, que ha encontrado algo así como la clave del amor.


¡Hay que ver! ¡Cuántos amores espléndidos he soñado!


Yo observo la historia de los tesoros que ustedes encontraron. ¡Veo la continuación! Mi sabiduría es tan despreciada como el caos. ¿Qué es mi nada, frente al estupor que les espera a ustedes?


Besé sus finos tobillos. Y estalló en risa, tan suave, risa hermosa de cristal.


La tempestad bendijo mis desvelos marítimos, más liviano que un corcho dancé sobre las olas llamadas eternas arrolladoras de víctimas, ¡diez noches, sin extrañar el ojo idiota de los faros!


Vi que todos los seres están destinados a la felicidad: la acción no es la vida, sino una forma de perder un poco de fuerza, la enervación. La moral es la debilidad del cerebro.


Solo el amor divino otorga las llaves del conocimiento.


Soy esclavo de mi bautismo. Los padres, que han causado la desgracia, y que ha causado su cuenta.


La juventud ociosa, esclavizado a todo, por ser demasiado sensible que he desperdiciado mi vida.


El Mundo está sediento de Amor: aplácalo


¡Si volviera el tiempo, el tiempo que fue! Porque el hombre ha terminado, el hombre representó ya todos sus papeles.


Je suis le saint, en prière sur la terrase, comme les bêtes pacifiques paissent jusqu'à la mer de Palestine. Je suis le savant au fauteuil sombre. Les branches et la pluie se jettent à la croisée de l...


Pronto, como un lebrel, acecho botas, medias. Reconstruyo los cuerpos y ardo en fiebres hermosas. Ellas me encuentran raro y van cuchicheando. Mis deseos brutales se enganchan a sus labios...


Golpeó una puerta, y, en la plaza de la aldea, el niño hizo girar sus brazos, comprendido por las veletas y los gallos de los campanarios de todas partes, bajo el deslumbrante chubasco.


Hay que ser absolutamente moderno.