Frases de Mariano José de Larra


48 frases de Mariano José de Larra


Muchas personas creen que cuando han superado un error ya no necesitan volver a enmendarlo.


Bienaventurados los que no hablan porque ellos se entienden.


Por grandes y profundos que sean los conocimientos de un hombre, el día menos pensado encuentra en el libro que menos valga a sus ojos, alguna frase que le enseña algo que ignora.


Escribir en Madrid es llorar, es buscar voz sin encontrarla, como en una pesadilla abrumadora y violenta.


No sé en qué consiste que soy naturalmente curioso; es un deseo de saberlo todo que nació conmigo, que siento bullir en todas mis venas, y que me obliga más de cuatro veces al día a meterme en rincone...


El pueblo no es verdaderamente libre mientras que la libertad no esté arraigada en sus costumbres e identificada con ellas.


Mi corazón no es más que otro sepulcro. ¿Quién ha muerto en el? Leamos. ¡Espantoso letrero! ¡Aquí yace la esperanza!.


¿No se lee en este país porque no se escribe, o no se escribe porque no se lee? Esa breve dudilla se me ofrece por hoy, y nada más. Terrible y triste cosa me parece escribir lo que no ha de ser leído.


Hay algunos hombres que no dicen lo que piensan y otros que piensan demasiado lo que dicen.


En este triste país, si a un zapatero se le antoja hacer una botella y le sale mal, después ya no le dejan hacer zapatos.


El sentimiento es una flor delicada,manosearla es marchitarla.


Es más fácil negar las cosas que enterarse de ellas.


La verdad es como el agua filtrada, que no llega a los labios sino a través del cieno.


Hay cosas que no tienen solución, y son las que más.


Los madrileños se acercan al circo a ver un animal tan bueno como hostigado, que lidia con dos docenas de fieras disfrazadas de hombres.


Ley implacable de la naturaleza: o devorar, o ser devorado. Pueblos e individuos, o víctimas o verdugos.


Hay cosas que no tienen remedio, y son las más.-


No sé quién ha dicho que el gran talento no consiste precisamente en saber lo que se ha de decir, sino en saber lo que se ha de callar


¡Bienaventurado todo aquel a quien la mujer dice no quiero, porque ése, a lo menos, oye la verdad!


La diferencia que existe entre los necios y los hombres de talento suele ser solo que los primeros dicen necedades y los segundos las hacen.