Frases de Henry Frédéric Amiel


46 frases de Henry Frédéric Amiel


Sin pasión, el hombre solo es una fuerza latente que espera una posibilidad, como el pedernal el choque del hierro, para lanzar chispas de luz.


Saber envejecer es la obra maestra de la vida, y una de las cosas más difíciles en el dificilísimo arte de la vida.


Toda necesidad se calma y todo vicio crece con la satisfacción.


El que desprecia demasiado, se hace digno de su propio desprecio.


Antes de dar un consejo es preciso procurar que se lo acepte, o, más bien, que se lo desee.


El tiempo no es sino el espacio entre nuestros recuerdos.


Mira dos veces para ver lo exacto; mira una sola vez para ver lo hermoso.


Mira dos veces para ver lo justo. No mires más que una vez para ver lo bello.


La vida es un aprendizaje de renunciamiento progresivo, de continua limitación de nuestras pretensiones, de nuestras esperanzas, de nuestra fuerza, de nuestra libertad.


El destino tiene dos maneras de herirnos: negándose a nuestros deseos y cumpliéndolos.


No puedo contentarme con tener razón yo solo.


Vivimos mientras nos renovamos.


Dime lo que crees ser y te diré lo que no eres.


Nada muestra mejor el carácter de cada cual que su manera de portarse con los necios.


El ideal es la anticipación del orden por el espíritu.


El amor es el olvido del yo.


Cuando mi amigo está infeliz, voy a su encuentro; cuando está feliz , espero que me encuentre.


La bondad es el principio del tacto, y el respeto por los otros es la primera condición para saber vivir.


El deber es la necesidad voluntaria, la carta de nobleza del hombre.


El hombre que pretende verlo todo con claridad antes de decidir nunca decide.