Colección de jose
Moneda que está en la mano, / tal vez se deba guardar. / La monedita del alma / se pierde si no se da.
Antonio MachadoSi Dios no existiera, serÃa necesario inventarlo.
VoltaireDama
Esta dama sin cara ni camisa,
alta de cuello, suave de cintura,
tiene todo el temblor de la hermosura
que el tiempo oculta y el amor desliza.
Esta dama que viene de la brisa
y el rango lleva de su propia altura,
tiene ese no sé qué de la ternura
de una dama sin fin, bella y precisa.
Aunque esta dama nunca duerma en cama
parece dama sin que sea dama
y domina desnuda el mundo entero.
Esta dama perdona y no perdona.
Y para eso luce una corona
esta dama que reina en el tablero.
Un hombre con una idea nueva es un loco hasta que la idea triunfa.
Mark TwainNunca he podido concebir cómo un ser racional podrÃa perseguir la felicidad ejerciendo el poder sobre otros.
Thomas JeffersonCuanto más alto coloque el hombre su meta, tanto más crecerá.
Friedrich SchillerPensar es como vivir dos veces.
CicerónEstas páginas accesorias con las que suele ser costumbre presentar las nuevas salidas de los libros, se agostan sobre la marcha y con ellas no valen vitaminas, ni testovirones, ni paños calientes.
Camilo José CelaEl soltero desea una esposa pero se alegra de no tenerla.
Henry Louis MenckenCanis Familiaris
Llegará. Siempre llega. Siempre llega puntual
el sin cesar ladrido del perro funerario.
Entra por la ventana y repleta tu cuerpo
con puntiagudos ruidos.
Es una larga máquina de escribir, con cabezas
de perro como teclas. No te deja dormir
el tecleo canino de ese perro canalla.
El sin cesar ladrido del perro funerario
llegará. Siempre llega. Siempre llega puntual.
La ciencia heredada de cien generaciones y el orgullo fruto de cuatro mil años de historia huyen como esclavos cogidos en falta ante la amenaza tempestuosa de un sentimiento.
Ippolito NievoLa formulación de un problema, es más importante que su solución.
Albert EinsteinEl que dice una mentira no sabe qué tarea ha asumido, porque estará obligado a inventar veinte más para sostener la certeza de esta primera.
Alexander PopeA vosotros (polÃticos) os hemos formado en interés del Estado tanto como en el propio vuestro, para que seáis en nuestra República nuestros jefes y vuestros reyes.
PlatónCualquiera puede simpatizar con las penas de un amigo, simpatizar con sus éxitos requiere una naturaleza delicadÃsima.
Oscar WildeUn libro de cabecera no se escoge, se enamora uno de él.
Jose Luis de VillalongaNuestro destino ejerce su influencia sobre nosotros incluso cuanto todavÃa no hemos aprendido su naturaleza; nuestro futuro dicta las leyes de nuestra actualidad.
Friedrich NietzscheEn el cÃrculo se confunden el principio y el fin.
HeráclitoEn el amor no hay crÃmenes ni delitos, solo falta de buen gusto.
Paul GéraldyCabello Al Aire
Cabello al aire, del que surge un ala
de flor; sierpe rampante,
cabeza de culebra ante el espejo;
maternales ramas de la vida
que despierta, entre ruinas, el momento
de la restauración: coro de espinas
y crisol para el oro de la danza.
Entre espinas aéreas,
flor capilar; embrión de las raÃces
volátiles del árbol incendiado.
Conjuro de la medianoche:
Arde, hueso de pájaro, médula
de aceite consagrado; dinastÃa:
ven a coser la piel sobre profundo
viento en las sombras; amanece,
mortal bautismo de la carne.
De aquÃ, la danza; torso, brazos, piernas,
vientre pariendo, lanzadera
en el telar en flor de la batalla;
de este cabello en vueltas, el pecado
redentor aparezca, el paraÃso
recobrado del fuego.
Flor capilar, ala de flor en vuelo,
alimento del águila que acecha
en la punta del pie. Cerco de espinas.
Libre ya, por cercada;
por conducida, llevadora;
por desnuda, enjoyada;
por ya muerta, resucitable para siempre.
Collar del movimiento, sangre
nacida, sierpe de plumajes, órbitas,
calavera de azúcar del ombligo.
Y las contrarias lumbres de las manos,
y el grito alegre, y las divinas
tunas afluentes de la primavera.
Ay ay, y los relámpagos;
ay ay, y los fantasmas de la hoguera;
ay ay, y las sonajas como pechos
sobre los pasos a compás.
Aquà la danza, la ceñida
por el coro de espinas; aquÃ, el cÃrculo
doloroso del alma, restaurado
sobre la fosa del sepulturero.