Frases-cortas-de-amor-de-literatura ( 155 )
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Solo en la fortuna adversa se hallan las grandes lecciones del heroísmo.

Los más desgraciados son los que lloran menos.

Cuando el Cielo se vacía de Dios, la tierra se llena de ídolos.

Nunca se tendrá un mundo tranquilo hasta que se extirpe el patriotismo en la raza humana.

El día precedente enseña el día que sigue.

El hombre no es hijo de las circunstancias. Las circunstancias son hijas del hombre.

Los muertos son los únicos que ven el final de la guerra.

Dando libertad a los esclavos la aseguramos a los libres.

La desgracia, al ligarse a mí, me enseñó poco a poco otra religión, distinta a la religión enseñada por los hombres.

Hombres ilustres tienen por tumba la tierra entera.

Cada pueblo tiene el gobierno que se merece.

La existencia dividida por la razón deja siempre un resto.

Estar preparados para la guerra es uno de los medios más eficaces para conservar la paz.

¿La civilización Occidental? Bueno, sería una excelente idea.

No es nada fácil abandonar la virtud; ella atormenta durante mucho tiempo a los que la abandonan.

La única técnica que merece la pena dominar es la que uno mismo inventa.

Dejemos a los envidiosos la tarea de proferir injurias y a los necios la de contestarlas.

Nada se sabe bien sino por medio de la experiencia.

En circunstancias especiales, el hecho debe ser más rápido que el pensamiento.

La libertad no es fruto que crezca en todos los climas, y por ello no está al alcance de todos los pueblos.

El afán de perfección hace a algunas personas totalmente insoportables.

Si se quisieran estudiar todas las leyes, no habría tiempo material de infringirlas.

Saber para prever, a fin de poder.

Claro que hay que romper las barreras, pero ¿con qué ariete?

El que se ocupa demasiado en hacer el bien no tiene tiempo de ser bueno.

La gente termina siempre por condenar a los que acusa.

En la mayoría de los hombres, las dificultades son hijas de la pereza.

La inhumanidad es perenne.

Pocas o ninguna vez se cumple con la ambición que no sea con daño de tercero.

Toda obra es deleznable, solo su ejecución no lo es.

Hay un remedio para las culpas, reconocerlas.

Jamás es excusable ser malvado, pero hay cierto mérito en saber que uno lo es.

Nos escondemos en la fría indiferencia al sufrimiento innecesario de otros, incluso cuando lo causamos.

La guerra vuelve estúpido al vencedor y rencoroso al vencido.

En la mayoría de los casos la ignorancia es algo superable. No sabemos por qué no queremos saber.

El corazón es centro, porque es lo único que de nuestro ser da sonido.

Calumniad, calumniad que algo quedará.

Cuando se tiene cierta moral de combate, de poder, hace falta muy poco para dejarse llevar, para pasar a la embriaguez, al exceso.

Todo lo que es hermoso tiene su instante y pasa.

Cuanto más siniestros son los deseos de un político, más pomposa, en general, se vuelve la nobleza de su lenguaje.