Frases-de-agradecimiento-a-dios ( 92 )
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Para trabajar basta estar convencido de una cosa: que trabajar es menos aburrido que divertirse.

Después de aquellos que ocupan los primeros puestos, no conozco a nadie tan desgraciado como quien los envidia.

Debemos amar a nuestro país aunque nos trate injustamente.

Un hombre de carácter podrá ser derrotado, pero jamás destruido.

En las amarguras desearéis la dulzura, y en la guerra, la paz.

Un buen remedio contra la enfermedad del yuppie: invierte más tiempo en tu trabajo que trabajo en tu tiempo.

La angustia es la disposición fundamental que nos coloca ante la nada.

La libertad del nuevo mundo, es la esperanza del universo.

El tiempo no es sino la corriente en la que estoy pescando.

El mismo sol funde la cera y seca la arcilla.

Los defectos, como las pajas, sobrenadan en la superficie; el que quiere encontrar perlas, debe sumergirse.

Todo el estudio de los políticos se emplea en cubrirle el rostro a la mentira para que parezca verdad, disimulando el engaño y disfrazando los designios.

El instinto social de los hombres no se basa en el amor a la sociedad, sino en el miedo a la soledad.

La pereza viaja tan despacio que la pobreza no tarda en alcanzarla.

La inteligencia conoce todas las cosas y ordenó todas las cosas que van a ser y las que fueron y las que son ahora y las que no son.

Nadie puede sospechar cuántas idioteces políticas se han evitado gracias a la falta de dinero.

El mejor límite para el dinero es el que no permite caer en la pobreza ni alejarse mucho de ella.

El sentimiento llena las lagunas de la ignorancia.

Es bueno acostumbrarse a la fatiga y a la carrera, pero no hay que forzar la marcha.

En un espíritu corrompido no cabe el honor.

Cada persona forja su propia grandeza. Los enanos permanecerán enanos aunque se suban a los Alpes.

Nada resiste tanto como lo provisional.

De virtud hay una especie, de maldad, muchas.

Nunca vayas por el camino trazado, porque conduce hacia donde otros han ido ya.

Si te dan un papel pautado, escribe por detrás.

Solo el conocimiento que llega desde dentro es el verdadero conocimiento.

Todos los hombres que no tienen nada importante que decir hablan a gritos.

Si yo te debo una libra, tengo un problema; pero si te debo un millón, el problema es tuyo.

El arte no tiene nada que ver con el gusto. No existe para que se le pruebe.

Dejad pensar al pueblo que gobierna y se dejará gobernar.

Nada prende tan pronto de unas almas en otras como esta simpatía de la risa.

Un pequeño gusano roe el corazón a un cedro y lo derriba.

La fuerza del carácter con frecuencia no es más que debilidad de sentimientos.

Se puede aplastar una nación religiosa, pero no dividirla.

Para amasar una fortuna no se requiere ingenio, lo preciso es carecer de delicadeza.

El hombre descontento no encuentra silla cómoda.

La práctica es un maestro excepcional.

Al ser humano le parece tan extraño existir que las preguntas filosóficas surgen por sí solas.

El glotón es el sujeto menos estimable de la gastronomía, porque ignora su principio elemental: ¡El arte sublime de masticar!

El amor y el odio no son ciegos, sino que están cegados por el fuego que llevan dentro.