Frases-cortas-de-amor-de-literatura ( 16 )
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La alegría es la piedra filosofal que todo lo convierte en oro.

Nos hemos de liberar de la falsa idea de que la fe ya no tiene nada que decir a los hombres de hoy.

En el corazón de todos los inviernos vive una primavera palpitante, y detrás de cada noche, viene una aurora sonriente.

Si eres feliz, escóndete. No se puede andar cargado de joyas por un barrio de mendigos. No se puede pasear una felicidad como la tuya por un mundo de desgraciados.

Hemos de proceder de tal manera que no nos sonrojemos ante nosotros mismos.

La mayoría de las personas tienen miedo a la muerte porque no han hecho nada de su vida.

Tanto más fatiga el bien deseado cuanto más cerca está la esperanza de poseerlo.

Quien se venga después de la victoria es indigno de vencer.

La idea de ser presidente me da miedo, y no pienso que quiera el trabajo.

La felicidad no está en la ciencia, sino en la adquisición de la ciencia.

El hombre que ha perdido la aptitud de borrar sus odios está viejo, irreparablemente.

¡La felicidad! No existe palabra con más acepciones; cada uno la entiende a su manera.

Pedir celos es despertar a alguien que está durmiendo.

La envidia es el gusano roedor del mérito y de la gloria.

Cuando se es feliz, queda mucho por hacer: consolar a los demás.

Hay que juzgar los sentimientos por los actos, más que por las palabras.

Quien no es envidiado, no es digno de serlo.

Es una necedad arrancarse los cabellos en los momentos de aflicción, como si ésta pudiera ser aliviada por la calvicie.

No hay mejor alegría que la que mejor alegría difunde entre los demás.

La esperanza hace que agite el naufrago sus brazos en medio de las aguas, aún cuando no vea tierra por ningún lado.

La desesperanza está fundada en lo que sabemos, que es nada. Y la esperanza sobre lo que ignoramos, que es todo.

No se debe intentar contentar a los que no se van a contentar.

Toda la felicidad que la humanidad puede alcanzar, está, no en el placer, sino en el descanso del dolor.

La fe engaña a los hombres, pero da brillo a la mirada.

La diferencia engendra odio.

El hombre se complace en enumerar sus pesares, pero no enumera sus alegrías.

¡Oh envidia, raíz de infinitos males y carcoma de las virtudes!.

Hay cuerdas en el corazón humano que sería mejor no hacerlas vibrar.

La envidia en los hombres muestra cuán desdichados se sienten, y su constante atención a lo que hacen o dejan de hacer los demás, muestra cuánto se aburren.

Todo el que cree, piensa. Porque la fe, si lo que cree no se piensa, es nula.

¿Cuál es la felicidad que no tiene algo de pena?

El hombre que tiene miedo sin peligro, inventa el peligro para justificar su miedo.

La ciencia heredada de cien generaciones y el orgullo fruto de cuatro mil años de historia huyen como esclavos cogidos en falta ante la amenaza tempestuosa de un sentimiento.

Hay que atender no solo a lo que cada cual dice, sino a lo que siente y al motivo porque lo siente.

La felicidad no es algo que se experimenta sino algo que se recuerda.

Contra los valores afectivos no valen razones, porque las razones no son nada más que razones, es decir, ni siquiera verdad.

La esperanza del bien es ya un gran bien.

La vida nos enseña que no podemos ser felices sino al precio de cierta ignorancia.

Faltan palabras a la lengua para los sentimientos del alma.

La envidia es causada por ver a otro gozar de lo que deseamos; los celos, por ver a otro poseer lo que quisiéramos poseer nosotros.