Poemas de amor para un hombre ( 50 )
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Cuando el amor desenfrenado entra en el corazón, va royendo todos los demás sentimientos; vive a expensas del honor, de la fe y de la palabra dada.

Cuando los hombres se ven reunidos para algún fin, descubren que pueden alcanzar también otros fines cuya consecución depende de su mutua unión.

Lo único que es un fin en sí mismo es el hombre, nunca puede ser utilizado como medio.

Cuando el amor es la normas, no hay voluntad de poder, y donde el poder se impone, el amor falta.

El amor crea en la mujer, una mujer nueva; la de la víspera ya no existe al día siguiente.

Aun pido enseñanza; pero ya no al hombre, sino a quien no recibe enseñanza del hombre.

No te apartes de mí, ven cada día a hacerme triste, a hacerme hombre, hijo tuyo... Visítame.

El hecho que un creyente pueda ser más feliz que un escéptico es tan cierto como decir que el borracho es más feliz que el hombre sobrio.

Adondequiera que vayas y con quienquiera que te encuentres, allí hallarás a tu propio amor esperándote.
Si el hombre no debe ahogar sus sentimientos, tendrá entonces que practicar la amabilidad hacia los animales, ya que aquel que es cruel con los animales se vuelve tosco en su trato con los hombres. S...
Es sorprendente que el hombre, el instigador, inventor y vehículo de todos estos acontecimientos, el autor de todas las sentencias y decisiones y la planificación del futuro, sea tan negligente.

Los sentimientos son los instrumentos de que dispone el sujeto para estar interesado en los objetos que le rodean. Sin los sentimientos seríamos prácticamente muebles.

El hombre superior es impasible por naturaleza: le da igual que le elogien o censuren.
En las relaciones amorosas hay dos fases que se suceden casi sin solución de continuidad: una, en la que después de las discusiones es mejor reconciliarse de inmediato, ya que al fin y al cabo el re...

Hay gentes que piensan que el amor no es sino una especie de perfume; cierto que la flor que lo exhala es la más bella de la creación.

Mientras el tigre no puede dejar de ser tigre, no puede destigrarse, el hombre vive en riesgo permanente de deshumanizarse.

Ser celoso es el colmo del egoísmo, es el amor propio en defecto, es la irritación de una falsa vanidad.

Los modales corteses hacen que el hombre aparezca exteriormente tal como debería ser en su interior.

Enciéndele a un hombre un fuego y él tendrá calor durante un día. Ponlo en el fuego y estará caliente durante toda su vida.

No se sabe quien goza más; si la mujer cuando se casa o el hombre cuando enviuda.

Lo que inquieta al hombre no son las cosas, sino las opiniones acerca de las cosas.

A ningún hombre debe obligársele a hacer el trabajo que puede hacer una máquina.

Que un hombre muera por una causa no significa nada en cuanto al valor de la causa.

Desventurado el hombre que no tiene quien le amoneste cuando tiene necesidad de ello.

En cuanto se concede a la mujer la igualdad con el hombre, se vuelve superior a él.

Todo el que intenta salvar a otra persona con la mentira de un amor sin límite arroja una sombra al rostro de Dios.

Cuando veáis a un hombre sabio, pensad en igualar sus virtudes. Cuando veáis un hombre desprovisto de virtud, examinaos vosotros mismos.

Por grandes y profundos que sean los conocimientos de un hombre, el día menos pensado encuentra en el libro que menos valga a sus ojos, alguna frase que le enseña algo que ignora.

En la sociedad, el hombre sensato es el primero que cede siempre. Por eso, los más sabios son dirigidos por los más necios y extravagantes.

La mujer es un vulgar animal del que el hombre se ha formado un ideal demasiado bello.

Así es el hombre, ese gran y verdadero anfibio cuya naturaleza puede vivir en mundos heterogéneos y separados.

A la proporción, semejanza, unión e identidad del infinito no te acercas más siendo hombre que siendo hormiga.

El gusto de la concentranción productora debe reemplazar, en un hombre ya maduro, al gusto de la desperdigación.

No buscamos la sociedad por amor a ella misma, sino por los honores o los beneficios que puede reportarnos.

El más elevado tipo de hombre es el que obra antes de hablar, y practica lo que profesa.

El gran clásico es un hombre del que se puede hacer el elogio sin haberlo leído.

Es peligroso escuchar. Se corre el riesgo de que le convenzan; y un hombre que permite que le convenzan con una razón, es un ser absolutamente irracional.

El hombre no se da cuenta de cuánto puede hacer, más que cuando realiza intentos, medita y desea.

El primer deber del hombre es desarrollar todo lo que posee, todo aquello en que él mismo pueda convertirse.

El instinto social de los hombres no se basa en el amor a la sociedad, sino en el miedo a la soledad.