Frases-cortas-de-amor-de-literatura ( 19 )
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Cuán feliz era yo cuando era una infeliz.

Lo único capaz de consolar a un hombre por las estupideces que hace, es el orgullo que le proporciona hacerlas.

Una fe que nosotros mismos podemos determinar, no es en absoluto una fe.

Confiar en todos es insensato; pero no confiar en nadie es neurótica torpeza.

El exceso de cólera engendra la locura.

Desconfía de la persona que lo ve todo bien, y de aquel que lo ve todo mal.

Nunca son tan peligrosos los hombres como cuando se vengan de los crímenes que ellos han cometido.

Lo que sorprende, sorprende una vez, pero lo que es admirable lo es más cuanto más se admira.

Si los sentidos no son veraces, toda nuestra razón es falsa.

Existe un solo procedimiento para ser feliz merced al corazón, y es no tenerlo.

¡Venturoso aquel a quien el cielo dio un pedazo de pan, sin que le quede obligación de agradecérselo a otro que al mismo cielo!

La felicidad está en la ignorancia de la verdad.

Hay que acostumbrarse a vivir con los enemigos, ya que no a todos podemos hacerles nuestros amigos.

Los sentimientos deben analizarse y nunca obedecerse.

La felicidad no consiste en adquirir y gozar, sino en no desear nada, pues consiste en ser libre.

El no esperar remedio, ni desesperar de él, suele ser el remedio de los casos desesperados.

Un hombre puede ser feliz con cualquier mujer mientras que no la ame.

Conviene siempre esforzarse más en ser interesante que exacto; porque el espectador lo perdona todo menos el sopor.

Ningún hombre es feliz a menos que crea serlo.

Nunca será tarde para buscar un mundo mejor y más nuevo, si en el empeño ponemos coraje y esperanza.

El dolor tiene un gran poder educativo; nos hace mejores, más misericordiosos, nos vuelve hacia nosotros mismos y nos persuade de que esta vida no es un juego, sino un deber.

La alegría es pena que se disimula; sobre la tierra no hay más que dolores.

Pasión más viva que la amistad es el odio.

La envidia va tan flaca y amarilla porque muerde y no come.

Aburrirse es besar a la muerte.

Llamamos sentimentalismo a los sentimientos que no compartimos.

Vive mejor el pobre dotado de esperanza que el rico sin ella.

La felicidad es una estación de parada en el camino entre lo demasiado y lo muy poco.

No es con una idea como se levanta a un hombre, sino con un sentimiento.

Es una especie de enfermedad natural de los poderosos no poder fiarse de los amigos.

El envidioso puede morir, pero la envidia nunca.

El miedo puede llevar a los hombres a cualquier extremo.

La gratitud de muchos no es más que la secreta esperanza de recibir beneficios nuevos y mayores.

La muerte abre la puerta de la fama y cierra tras de sí la de la envidia.

Nuestros pensamientos más importantes son los que contradicen nuestros sentimientos.

Tener fe significa no querer saber la verdad.

En la adversidad una persona es salvada por la esperanza.

Entre los que son igualmente malos no hay paz si no es la impuesta por el miedo de alguno, que es peor.

La mujer celosa cree todo lo que la pasión le sugiere.

Cada uno es tan infeliz como cree.