Frases-de-agradecimiento-a-dios ( 74 )
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Con ciertas personas vale más ser traicionado que desconfiar.

Al cumplir los setenta años me he impuesto la siguiente regla de vida: No fumar mientras duermo, no dejar de fumar mientras estoy despierto, y no fumar más de un solo tabaco a la vez.

El miedo siempre está dispuesto a ver las cosas peor de lo que son.

Es más necesario estudiar a los hombres que a los libros.

Escribir es recordar, pero leer también es recordar.

Uno debe ser tan humilde como el polvo para poder descubrir la verdad.

La belleza es un reino muy corto.-

Las actitudes son más importantes que las aptitudes.
No voy a dejar de hablarle solo porque no me esté escuchando. Me gusta escucharme a mí mismo. Es uno de mis mayores placeres. A menudo mantengo largas conversaciones conmigo mismo, y soy tan intelig...

Quien no tiene toda la inteligencia de su edad, tiene toda su desgracia.

El pasado ya no es y el futuro no es todavía.

Claro que el café es un veneno lento; hace cuarenta años que lo bebo.

El cobarde solo amenaza cuando está a salvo.

En todo matrimonio que ha durado más de una semana existen motivos para el divorcio. La clave consiste en encontrar siempre motivos para el matrimonio.

Quien ha perdido la esperanza ha perdido también el miedo: tal significa la palabra "desesperado".

La esperanza es un estimulante vital muy superior a la suerte.

La juventud es una enfermedad que se cura con los años.

Nada nos hace envejecer con más rapidez que el pensar incesantemente en que nos hacemos viejos.

A veces en la vida hay que saber luchar no solo sin miedo, sino también sin esperanza.

No existe el hombre que haya podido descubrir el medio de dar un consejo de amigo a una mujer, ni siquiera a la suya.

Nada es mejor ni peor, lo importante es que salga del corazon

He tenido éxito en la vida. Ahora, intento hacer de mi vida un éxito.

Aquellos que cederían la libertad esencial para adquirir una pequeña seguridad temporal, no merecen ni libertad ni seguridad.

Obró mucho el que nada dejó para mañana.

Nunca es definitivo el éxito, ni perenne el fracaso.

Después de la propia sangre, lo mejor que el hombre puede dar de si mismo es una lágrima.

El arte de un príncipe consiste en hacer el bien personalmente y el mal por segunda mano.

El odio es una tendencia a aprovechar todas las ocasiones para perjudicar a los demás.

Me interesa el futuro porque es el sitio donde voy a pasar el resto de mi vida.

Los hombres de estado son como los cirujanos: sus errores son mortales.

En verdad, si no fuera por la música, habría más razones para volverse loco.

Dicen que el hombre no es hombre mientras no oye su nombre de labios de una mujer.

En las cosas necesarias, la unidad; en las dudosas, la libertad; y en todas, la caridad.

Aquél que tiene fe no está nunca solo.

La tarea del educador moderno no es podar las selvas, sino regar los desiertos.

Uno está tan expuesto a la crítica como a la gripe.

La desesperación infunde valor al cobarde.

La fuerza más fuerte de todas es un corazón inocente.

Vengándose, uno se iguala a su enemigo; perdonándolo, se muestra superior a él.

Una pantalla grande solo hace el doble de mala a una mala película.