Frases-cortas-de-amor-de-literatura ( 151 )
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La indignación moral no es más que envidia con aureola.

El gobierno tuvo su origen en el propósito de encontrar una forma de asociación que defienda y proteja la persona y la propiedad de cada cual con la fuerza común de todos.

Dos talentos en un solo matrimonio son mucho talento para una sola casa.

En la tragedia solo conmueve lo verosímil.

No frecuentes las malas compañías, no sea que aumente su número.

No hay mayor peso para un ser humano que un gran potencial.

Las maldiciones no van nunca más allá de los labios que las profieren.

La ley suprema es el bien del pueblo.

La civilización es una terrible planta que no vegeta y no florece si no es regada de lágrimas y de sangre.

Toda dificultad eludida se convertirá más tarde en un fantasma que perturbará nuestro reposo.

Los hombres viven celosos de la inmortalidad.

La experiencia del mundo no consiste en el número de cosas que se han visto, sino en el número de cosas sobre las que se ha reflexionado con fruto.

Dichoso es aquel que mantiene una profesión que coincide con su afición.

Los viejos lo creen todo; los adultos todo lo sospechan; mientras que los jóvenes todo lo saben.

No está mal ser bella; lo que está mal es la obligación de serlo.

Ser honrado tal como anda el mundo, equivale a ser un hombre escogido entre diez mil.

Para todo problema humano hay siempre una solución fácil, clara, plausible y equivocada.

El que busca el cielo en la tierra se ha dormido en clase de geografía.

La música puede dar nombre a lo innombrable y comunicar lo desconocido.

El pueblo es una fiera de múltiples cabezas.

Viejo es Pedro para cabrero.

Las mujeres no advierten lo que hacemos por ellas; no notan sino lo que dejamos de hacer.

Ninguna situación es tan grave que no sea susceptible de empeorar.

El anciano es un hombre que ya ha comido y observa cómo comen los demás.

La educación es el desarrollo en el hombre de toda la perfección de que su naturaleza es capaz.

En dos ocasiones no debería jugar el hombre; cuando no tiene dinero y cuando lo tiene.

Lo que no comprendemos no lo poseemos.

Lo vulgar es el ronquido, lo inverosímil, el sueño. La humanidad ronca, pero el artista está en la obligación de hacerla soñar o no es artista.

Somos esclavos de las leyes para poder ser libres.

Más que las ideas, a los hombres los separan los intereses.

En una bandada de blancas palomas, un cuervo negro añade más belleza incluso que el candor de un cisne.

Todo tiene sus límites.

No hay verdadera felicidad en el egoismo.

Lo sabe todo, absolutamente todo. Figúrense lo tonto que será.

Del pecado, lo peor es la perseverancia.

Morimos solo una vez, pero durante mucho tiempo.

Los defectos de un hombre se adecuan siempre a su tipo de mente. Observa sus defectos y conocerás sus virtudes.

Solamente la libertad que se somete a la Verdad conduce a la persona humana a su verdadero bien. El bien de la persona consiste en estar en la Verdad y en realizar la Verdad.

Si queremos gozar la paz, debemos velar bien las armas; si deponemos las armas no tendremos jamás paz.

El primer castigo del culpable es que su conciencia lo juzga y no lo absuelve nunca.