Frases-cortas-de-amor-lejano ( 18 )
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¿Por qué buscais la felicidad, oh, mortales, fuera de vosotros mismos?

La concordia hace crecer las pequeñas cosas, la discordia arruina las grandes.

Para quien ama la lisonja, es enemigo quien no es adulador.

Sentir y pensar, considerándolo bien, son como el ciego que guía al cojo.

El cuarenta por ciento de la felicidad depende de los genes.

La felicidad está más con el pobre que considera que tiene bastante que con el rico, que nunca cree que tiene bastante.

Todo hombre no vive más que por lo que espera.

El sol no se ha puesto aún por última vez.

La gratitud, como ciertas flores, no se da en la altura y mejor reverdece en la tierra buena de los humildes.

Quien no tiene confianza en el hombre, no tiene ninguna en Dios.

Sin esperanza se encuentra lo inesperado.

La envidia, el más mezquino de los vicios, se arrastra por el suelo como una serpiente.

Más vale la pena en el rostro que la mancha en el corazón.

No hay nada que desespere tanto como ver mal interpretados nuestros sentimientos.

¡Siendo de dos una tristeza, ya no es tristeza, es alegría!

El secreto de aburrir a la gente consiste en decirlo todo.

Es mejor ser un ser humano insatisfecho que un cerdo satisfecho.

El Odio es un borracho al fondo de una taberna, que constantemente renueva su sed con la bebida.

El agradecimiento es la parte principal de un hombre de bien.

Cuando nuestro odio es demasiado profundo, nos coloca por debajo de aquellos a quienes odiamos.

La misma esperanza deja de ser felicidad cuando va acompañada de la impaciencia.

Pregúntate si eres feliz y dejarás de serlo.

Cuán feliz era yo cuando era una infeliz.

Lo único capaz de consolar a un hombre por las estupideces que hace, es el orgullo que le proporciona hacerlas.

Una fe que nosotros mismos podemos determinar, no es en absoluto una fe.

Confiar en todos es insensato; pero no confiar en nadie es neurótica torpeza.

El exceso de cólera engendra la locura.

Desconfía de la persona que lo ve todo bien, y de aquel que lo ve todo mal.

Nunca son tan peligrosos los hombres como cuando se vengan de los crímenes que ellos han cometido.

Lo que sorprende, sorprende una vez, pero lo que es admirable lo es más cuanto más se admira.

Si los sentidos no son veraces, toda nuestra razón es falsa.

Existe un solo procedimiento para ser feliz merced al corazón, y es no tenerlo.

¡Venturoso aquel a quien el cielo dio un pedazo de pan, sin que le quede obligación de agradecérselo a otro que al mismo cielo!

La felicidad está en la ignorancia de la verdad.

Hay que acostumbrarse a vivir con los enemigos, ya que no a todos podemos hacerles nuestros amigos.

Los sentimientos deben analizarse y nunca obedecerse.

La felicidad no consiste en adquirir y gozar, sino en no desear nada, pues consiste en ser libre.

El no esperar remedio, ni desesperar de él, suele ser el remedio de los casos desesperados.

Un hombre puede ser feliz con cualquier mujer mientras que no la ame.

Conviene siempre esforzarse más en ser interesante que exacto; porque el espectador lo perdona todo menos el sopor.