Frases-de-agradecimiento-a-dios ( 97 )
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Si queremos gozar la paz, debemos velar bien las armas; si deponemos las armas no tendremos jamás paz.

El primer castigo del culpable es que su conciencia lo juzga y no lo absuelve nunca.

La sabidurÃa es un tesoro que nunca causa entorpecimientos.

El patriotismo es la virtud de los depravados.

El que se pone de puntillas no puede sostenerse derecho.

El cerebro es mi segundo órgano en importancia.

La batalla más difÃcil la tengo todos los dÃas conmigo mismo.

No soy sincero, incluso cuando digo que no lo soy.

Si quieres ser viejo mucho tiempo, hazte viejo pronto.

Se cambia mas fácilmente de religión que de café.

La vergüenza de confesar el primer error, hace cometer muchos otros.

No desprecies a nadie; un átomo hace sombra.

La soledad es la suerte de todos los espÃritus excelentes.

Un hombre libre es aquel que, teniendo fuerza y talento para hacer una cosa, no encuentra trabas a su voluntad.

Lee los buenos libros primero; lo más seguro es que no alcances a leerlos todos.

Todo lo que se mueve es movido por otro.

Afortunado es el hombre que tiene tiempo para esperar.

Si dicen mal de ti con fundamento, corrÃgete; de lo contrario, échate a reÃr.

La humanidad progresa. Hoy solamente quema mis libros; siglos atrás me hubieran quemado a mi.

En la mujer, el orgullo es a menudo el móvil del amor.

No hay revolución sin contrarrevolución.

No podemos ver a la virtud sin amarla, ni amarla sin ser felices.

La enorme multiplicación de libros, de todas las ramas del conocimiento, es uno de los mayores males de nuestra época.

ConfÃa en el tiempo, que suele dar dulces salidas a muchas amargas dificultades.
Hasta que quienes ocupan puestos de responsabilidad no acepten cuestionarse con valentÃa su modo de administrar el poder y de procurar el bienestar de sus pueblos, será difÃcil imaginar que se pued...

Gobernar siempre quiere decir hacer descontentos.

La simpatÃa es muy frecuentemente un prejuicio sentimental basado en la idea de que la cara es el espejo del alma. Por desgracia, la cara es casi siempre una careta.

La confianza sirve en las conversaciones más que el ingenio.

No existe la casualidad, y lo que se nos presenta como azar surge de las fuentes más profundas.

Cuanto más felices son los tiempos más pronto pasan.

La mayorÃa de las personas prefieren confesar los pecados de los demás.

Nada posible es bello, solo lo real es bello.

La meditación fortifica a los fuertes y debilita a los débiles.

Creedlo, para hacernos amar no debemos preguntar nunca a quien nos ama: ¿Eres feliz?, sino decirle siempre: ¡Qué feliz soy!.

Ser tirano no es ser, sino dejar de ser, y hacer que dejen de ser todos.

Yo no procuro conocer las preguntas; procuro conocer las respuestas.

La conciencia vale por mil testigos.

El ardimiento juvenil en sus comienzos es fogoso, pero languidece fácilmente y no dura; es el humo de una fogata liviana.

El ser capaz de llenar el ocio de una manera inteligente es el último resultado de la civilización.

Vivimos en una sociedad profundamente dependiente de la ciencia y la tecnologÃa y en la que nadie sabe nada de estos temas. Ello constituye una fórmula segura para el desastre.